Tuesday, May 26, 2026

TIMBRE: SI LA REVOLUCIÓN FUERA EL ÚNICO CAMINO

 TIMBRE 

SI LA REVOLUCIÓN FUERA EL ÚNICO CAMINO

 

[La Jornada, Mayo 19 2026]


Fue ya hace años que la crítica Christina Sharpe, autora de ese libro fundamental sobre las postvidas de la esclavitud y las violencias racistas en el mundo de hoy—In the Wake: On Blackness and Being, del cual todavía no existe una traducción al español—me invitó a participar en la Alchemy Lecture, una conferencia que organiza anualmente en la Universidad de York. El tema o la provocación—manifiestos para un futuro hermoso—se movía a contracorriente de un ánimo finimundista, atrapado por las más diversas narrativas apocalípticas, muchas de ellas patriarcales o simplemente masculinstas (Joanna Zylinska, Contra-apocalipsis feminista dixit) que insistían en presentar el futuro como un túnel sin luz, una destrucción inevitable, y un asunto, a final de cuentas, ya cerrado. La invitación me llevó a aceptar el malestar que me causaba ese futuro sin escapatoria que los grandes conglomerados de la tecnología nos atestaban con todo descaro. 

Por eso escribí sobre el subjuntivo.

Muchos años de vivir en Estados Unidos y transitar entre el inglés y el español me han enseñado que las conjugaciones verbales vienen, como todo, informadas por historias culturales y posicionamientos políticos diversos, y que no son una cosa menor. El subjuntivo, que en español se utiliza tanto y tiene sus propias formas verbales aparte del indicativo, en inglés debe conformarse con emplear, en el presente, la forma base del verbo (sin incluir el “to” y omitiendo la “s” en la tercera persona) para existir, y el “were” en el pasado simple para indicar situaciones hipotéticas. La explicación es mucho más compleja, pero solo anoto aquí la diferencia evidente para señalar que, con eso y todo, cierta poesía en inglés emplea el subjuntivo para complicar el pasado y el presente y, sobre todo, lo por venir.

En mi intervención para la Alchemy Lecture insistí en que el subjuntivo sienta las bases para la irrupción, cómo se convierte en un pasadizo hacia lo inimaginable, llegando a ser el punto de fuga del futuro[1]. Uno de los puntos de partida fue un poema de Ashley M. Jones, “Vacaciones de verano en el subjuntivo”, en el que la poeta laureada de Alabama empleaba este modo verbal para señalar una posibilidad y abrir espacio en el lenguaje para la instalación de otra realidad. Entre el “si fuera una mujer” con el que abre el poema y el “si una mujer estuviera hecha de sol./ Si yo fuera el sol./ Si lo quemara todo a mi alrededor hasta que brillara hermoso y marrón”, algo pasa, y es la posibilidad abierta.

Publicado en marzo del 2026, If, el poema de largo aliento de Ghazal Mosadeq, utiliza el subjuntivo para revisitar la historia moderna de Irán desde el ángulo de la interrogación y la emergencia[2]. Nacida en Teherán, pero deslizándose entre Inglaterra y Canadá, Ghazal es una poeta de múltiples lenguas y medios que también se ha dedicado a traducir y editar—a Pamenar, su editorial independiente, le debo algunos de los textos más fascinantes que he leído en los últimos tiempos. If se tiende entre 1906-1911, la época de la revolución constitucional, y 1953, el año del golpe de estado que derrocó a Mohammad Mosadeq, elegido democráticamente a su puesto. If acontece en el palacio de Golestán, bombardeado en fechas recientes por los ejércitos de Estados Unidos e Israel, y hace eco de las palabras de Mohammad-Taqi Bahar, el último poeta laureado de Teherán, quién, además de poseer un canario, tenía una calle en su nombre, también víctima de bombardeos implacables no hace mucho.

Pero en ese Si, sin acento, en ese si tentativo que señala potencias y abre puertas hacia lo desconocido, Ghazal Mosadeq escribe cosas de este tipo (la traducción al español es mía): “si el infame grupo de compinches / en el complejo de Golestán / en el este / fuera el último / en ver el pájaro volando desde Orsi / a través del humo /  y pensara “ahí está Bahar” / y / “ahí está el canario” / pero / la revolución constitucionalista no iba a vivir lo suficiente / como para darnos cabida a todos”.  

Y algo así: “Y si Bahar fuera /el nombre de una calle/ solo en primavera”.

Y algo así: “Si tu pico se rompiera / por el impacto / si tan solo un pájaro deseara / que hubiese un poste / un alambre / donde posarse / pero si esa no fuera la solución / si la revolución fuera el único camino / no todos los pájaros / sobre los cables de alta tensión / miran hacia el mismo lado / excepto un pájaro / que piensa que todos los pájaros son equilibristas silenciosos”. 



--crg

 



[1] “Subjunctive: A Manifesto on Language, Territory, and the Yet To Come,” Phoebe Boswell, Saidiya Hartman, Janaína Oliveira, Joseph N. Pierce, Cristina Rivera Garza, Five Manifestoes for the Beautiful World. The Alchemy Lecture (Duke University Press, 2025) 

[2] Ghazal Mosadeq, If (Tripwire Pamphlet #17, 2026). 

Thursday, May 07, 2026

TIMBRE: PRESIDENTA CLAUDIA SHEINBAUM. PRESENTE. PARTE II

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[La Jornada, Martes 5 de mayo 2026]


PRESIDENTA CLAUDIA SHEINBAUM. PRESENTE. PARTE II. 

 

Uno de los triunfos de los feminismos mexicanos de inicio de siglo XXI ha sido, sin lugar a duda, la tipificación del delito de feminicidio, que se incorporó poco a poco en los códigos penales a lo largo de una década, expandiendo su regulación en unos estados antes que otros desde 2011 hasta 2018, cuando dicha regulación alcanzó a todo el país. La actual iniciativa de la Ley General para Prevenir, Investigar, Sancionar y Reparar el Daño por el Delito de Feminicidio es fundamental porque establece que toda muerte violenta de una mujer debe investigarse primero y ante todo con perspectiva de género, designando sanciones por este delito con penas de 40 a 70 años de prisión. La ley se propone tratar a todos los feminicidios cometidos en el país de acuerdo con las mismas reglas, superando disparidades entre legislaciones estatales y evitando, al menos formalmente, las corrupciones facilitadas por normativas distintas. 

El 14 de abril de 2026, el senado aprobó la reforma del artículo 73 constitucional, que hasta ese día solo admitía leyes con validez a nivel nacional en casos de secuestro, desaparición forzada de personas, tortura, trata de personas y delitos electorales. Ahora, el artículo reformado, incluye la extorsión y el feminicidio como delitos federales. Hace apenas una semana, el martes pasado, la Cámara de Diputados emitió por mayoría la declaratoria necesaria para que el Congreso de la Unión emita la ley en los próximos 180 días. Es decir, restan solo cinco meses para que una sociedad movilizada participe en la elaboración de una ley que puede salvar muchas vidas en el hoy y en el mañana. Necesitamos fiscalías especializadas con suficientes recursos y personal capacitado para batallar contra la impunidad, y ganarle. 

Esta ley tiene el potencial de cambiar las reglas del juego de la violencia de género tal y como la conocemos y la hemos padecido hasta el día de hoy.

Le pregunté a la abogada y activista Sayuri Herrera qué significaba esa ley para casos como los de mi hermana, que fueron procesados en su tiempo como homicidios, ya sea simples o calificados (agravados), pero no como feminicidios. Y esto es lo que me contesta. “El principio non bis in ídem, se refiere a que no se puede juzgar a una persona dos veces por el mismo delito, pero en este caso (el de Ángel González Ramos, presunto asesino de mi hermana) no hay controversia sobre este principio porque nunca fue juzgado”. Pero “hay otro principio, el de irretroactividad de la ley. El tipo penal de feminicidio no existía cuando Liliana perdió la vida por esa causa. El tipo aplicable es el de homicidio, por un principio de certeza jurídica”. Esto no quiere decir que la ley no pueda utilizar la perspectiva de las víctimas y sus familiares, como ella misma lo afirma. De hecho, aquí es donde la participación de las comunidades directamente afectadas, los colectivos feministas, las familias de las víctimas del pasado y del presente, resultará en realidad preponderante. Hay que sacar esos casos del archivo y revisarlos estado por estado. 

Cito de memoria la frase que profirió la antropóloga Marina Azahua en una animada discusión sobre la ley y los feminicidios de hoy y de antes: Ninguna justicia estará completa si no alcanza también a las que ya no se encuentran ya con nosotras. Por lo mismo, será clave que, como argumenta la propia Sayuri, al revisar los delitos del pasado, que fueron clasificados como homicidio, se reconozca en las sentencias que se trata de feminicidios desde la perspectiva que se incluye ya en los códigos penales. Entiendo que esto podría apuntarse en los argumentos y considerandos de las sentencias, y no en la sentencia misma. Pero para mi familia, y sospecho que para muchas más, la mención del término feminicidio en estos procedimientos no es menor: obliga al lenguaje de la ley a aproximarse a una verdad de hoy. 

Comentaba la presidenta Claudia Sheinbaum que el caso de Liliana Rivera Garza está ya en manos de la fiscal Ernestina Godoy Ramos, quien, por cierto, fue la única funcionaria que me recibió en persona cuando inicié mis esfuerzos por reabrir el caso de mi hermana mientras escribía El invencible verano de Liliana. Más recientemente, le escribí una carta a la fiscal el 19 de febrero del año en curso, ofreciéndole algunos datos de la investigación que mi familia, como tantas otras, ha financiado y llevado a cabo en los últimos años, especialmente la información acerca del posible fallecimiento de Ángel González Ramos por ahogamiento en la costa de Los Ángeles el 2 de mayo de 2020, cuando el individuo se hacía llamar Mitchell Angelo Giovanni. Un sheriff de LAPD (Policía de los Ángeles) comprobó que alguien con ese nombre murió en efecto en esas condiciones en la fecha descrita, pero falta comprobar si esa persona es el Ángel González Ramos sobre quien pesa una orden de aprehensión por el homicidio de mi hermana. En mi carta, le pedía ayuda a la fiscal para corroborar esta información, y luego entonces cerrar el caso. O para seguir investigándolo, en caso contrario. No he recibido respuesta alguna hasta el día de hoy. 


--crg