Thursday, February 28, 2013

TALLER DE RE-ESCRITURAS: CICLO DE PLÁTICAS POÉTICAS DE LA DESAPROPIACIÓN


Javier Raya (Ciudad de México, 1985)
Plática/Lectura: Los Di/sentimientos de la Nación
Sábado, 2 de marzo, 7:00 pm
IAGO

Javier Raya es un palabrero ninja. Escribió El libro de Pixie (Torre de Babel Ediciones, 2010, reed. 2012), Por los rasgos una bayoneta (Col. La Ceibita, Fondo Editorial Tierra Adentro, 2011) y Ordalía (Col. Limón Partido, 2011). Editor en Proyecto Literal y Mutante.mx. Hace spoken word y trabaja en su obra póstuma. Mantiene el blog Cuaderno de Raya (http://cuadernoderaya.blogspot.mx ) y la cuenta de Twitter @javier_raya. Detesta a los escritores que hablan de sí mismos en 3a persona.

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Juan Pablo Anaya (Ciudad de México, 1980)
Taller: Del Cyborg and Homo Sampler: Estrategias de la escritura ensayística hoy
Jueves y Viernes, 7-8 Marzo, 5:00-8:00 pm
IAGO

Juan Pablo Anaya es estudiante del Doctorado en Filosofía de la UNAM, Maestro en Filosofía y Literatura por la Universidad de Warwick. Ha trabajado como profesor en distintas universidades. Escribe ensayo literario, ha publicado en distintos medios y trabaja como colaborador del blog de Letras Libres y de la revista Casa del tiempo (UAM). Obtuvo la Beca de apoyo a la Producción e Investigación en Arte y Medios, con la que escribió el ensayo El camarógrafo como cirujano de la ciudad, en la obra de Walter Benjamin (2007). Realizó la investigación curatorial “Desbordamientos” para el proyecto ready(Media) del Museo Laboratorio Arte Alameda (2008-2009). Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el periodo 2009-2010. En 2012 obtuvo el Premio nacional de ensayo joven, José Vasconcelos, por  Kant y los extraterrestres (Tierra Adentro, 2012), su primer libro.  


¡No se los pierdan!

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Tuesday, February 26, 2013

ANGELUS NOVUS SOBRE EL PAPALOAPAN

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

“Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus,” decía Walter Benjamin en las ahora famosas Tesis sobre filosofía de la historia. Con el fin de acentuar su visión crítica sobre el progreso en tanto desdoblamiento lineal siempre en pos de un mundo mejor, Benjamin eligió enfatizar tanto la postura retrógrada del ángel, que ve hacia el pasado, así como el catastrófico paisaje que ve a su alrededor. “Su rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas”.

Las fotografías de Juan Rulfo, especialmente las 50 imágenes que curaron Andrew Dempsey y Francisco Toledo entre 2007 y 2009 para la exposición organizada por el museo Álvarez Bravo y para el libro Juan Rulfo: Oaxaca, me hicieron pensar en Rulfo como ese ángel de Benjamin que, acaso melancólico o lleno de rabia, mira hacia atrás para dejar evidencia de la ruina y la soledad, la indiferencia y la catástrofe de la modernidad mexicana de mediados de siglo XX:

Sus fotografías, en efecto, retratan la miseria proverbial de las comunidades indígenas en las sierras y los valles de Oaxaca. Ahí quedan señas también de los distintos trabajos ejercidos por hombres y mujeres en bien de la comunidad. Sus vestidos, sus gestos, sus costumbres familiares forman parte de una galería en la que queda plasmada la humanidad de ese México profundo que marcara su trabajo y su obra de manera tan permanente. Además de los cuerpos y semblantes de los habitantes de estas comunidades, Rulfo también puso atención a las soberbias construcciones de antaño, tanto las que se mantenían en pie a pesar de todo, como las que habían cedido de manera dramática ante el paso del tiempo y la indiferencia gubernamental.

¿Cómo fue posible que Rulfo, quien desde 1946 se había asentado en la Ciudad de México, accediera a estos lugares remotos de la república mexicana? ¿Cómo fue posible que esos hombres y mujeres y niños, supuestamente temerosos a perder su alma al contacto con el flash, lo dejaran fotografiarlos?

Es sabido que Juan Rulfo tomaba fotografías desde adolescente. Es sabido, también que, como entusiasta del alpinismo, no dejó pasar la oportunidad de captar vistas singulares del Popocatépetl y, en su momento, del cráter del Nevado de Toluca. Lo que todavía ocasiona cierto debate es, sin embargo, la relación entre su empleo, entre 1947 y 1952, como agente de ventas de la compañía llantera Goodrich-Euskadi y las imágenes, tanto visuales como textuales, que produjo en papel de albúmina y en los libros que publicó entre 1953 y 1955: El llano en llamas y Pedro Páramo, respectivamente.

Enrique G de la G publicó no hace mucho “Rulfo para turistas”, un artículo en la revista Letras Libres de abril de 2012, en el que analizó las seis fotografías del autor jaliciense que ilustraron el número de Caminos de México, una guía de viajes producida por la compañía llantera con el fin de popularizar el uso del automóvil y ganarle, así, la competencia al tren en asuntos de turismo. Rulfo ya no trabajaba ahí para ese entonces, pero había sido redactor y tal vez también editor de la revista Mapas, una publicación de la Goodrich-Euskadi para colocar al automóvil, y al turismo realizado sobre ruedas, en un lugar privilegiado entre las costumbres de recreo de las nuevas clases medias.

En 1956, después del paréntesis laboral del que gozó gracias a la beca del Centro Mexicano de Escritores entre 1954 y 1955, Rulfo encontró trabajó como asesor e investigador de campo en un gran proyecto modernizador de la cuenca del Papaloapan, comúnmente conocido como la Comisión del Papaloapan. Asentado en Ciudad Alemán, en la región de Cosamaloapan, dentro del estado de Veracruz, Rulfo continuó con su tradición viajera, recorriendo de nueva cuenta o descubriendo nuevos recovecos de la Oaxaca profunda.

Rulfo llegó a todas esas comunidades remotas, pues, no sólo como un observador empático e interesado, sino como un activo agente de la modernidad. Tal vez, como el ángel de Benjamin, Rulfo hubiera querido detenerse, pero a la par del ángel de la historia, tampoco podía dejar de ser arrastrado por el viento del progreso que le enredaba las alas. Rulfo no fue sólo el testigo melancólico del atrás que la modernidad arrasaba a su paso, sino también, en tanto empleado de empresas y proyectos que terminaron cambiando la faz del país, como punta de lanza de la modernidad corrupta y voraz que, en nombre del bien nacional, saqueaba pueblos para dejarlos convertidos en limbos poblado de murmullos.

“Este huracán”, continuaba Benjamin en su pequeña parábola del Angelus Novus, “le empuja irremediablemente hacia el futuro, al cual le da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso”, concluía lúgubremente el pensador alemán. Ese huracán pasó por Comala y por un llano en pleno incendio dejando sólo los murmullos sin cuerpo y las ruinas que pudo rescatar Juan Rulfo.

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Saturday, February 23, 2013

HOY EN LA FIL-MINERÍA


FIL-Minería
Auditorio Bernardo Quintana
8:00 pm
con comentarios de la narradora Norma Lazo y el poeta Eduardo de Gortari.

¡Nos vemos por allá!

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Thursday, February 21, 2013

RAE ARMANTROUT EN OAXACA

La poeta californiana Rae Armantrout estará en Oaxaca este viernes 22 de febrero, a las 7:00 pm, en el IAGO.
¡No se la pierdan!

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Tuesday, February 19, 2013

PENDER DE UN HILO

[en La Mano Oblicua, columna de los martes el periódico mexicano Milenio, sección de cultura]


Hay un hilo. Ese hilo negro entra y sale del papel nepalés, horadándolo. El hilo da vueltas alrededor de sí muchas veces, una y otra vez. Y otra. De cerca, el resultado final podría parecer una bola de estambre. De lejos, da la apariencia de ser la redondez de un planeta en movimiento. El universo blanco alrededor. En el segundo cuadro también hay un hilo, pero éste avanza, pespunteando, sobre líneas que bien podrían ser las fronteras que, de manera por demás frágil, demarcan los límites de una ciudad, o los bordes de los patrones de costura con los que, antaño, se confeccionaban ropajes a la medida. Un amasijo de hilos en el tercer cuadro dan la apariencia de ser medusas flotando en un mar de papel blanco. De cerca, sin embargo, son notorios los bordes de las redes del cabello que, sobrepuestas unas a las otras, forman una unidad dúctil, también en movimiento. Dice Patricia Álvarez, reconocida museógrafa y la autora, en efecto, de Línea Continúa I, II y III, una pieza que incluye el uso de hilo, transfer, tinta y collage sobre papel nepalés, que alguna vez una trabajadora de restaurante le comentó que las redes que las obligaban a usar sobre el cabello demarcaban fronteras. Ponérselas sobre la cabeza denotaba, claramente, una posición de clase con frecuencia infranqueable. El ojo que busca la conexión entre las tres piezas, esa línea continúa que anuncia el título, se encuentra así con las largas puntadas de un planeta, el pespunte de los bordes de una ciudad borrosa, acaso a punto de desaparecer o aparecer, y con el objeto concreto que ha estado en contacto directo con el cuerpo.

De una sutileza escandalosa, la obra de Patricia Álvarez investiga la frágil conexión entre el cuerpo y el mundo, las topografías domésticas de los pequeños objetos cotidianos, y las fronteras, también porosas y dúctiles, que nos señalan como seres sociales y como entes planetarios. El universo pende, en efecto, de un hilo. El cuerpo. El significado que construye un puente entre ambos. Y las pequeñas manos de Álvarez, hábiles en los viejos asuntos del corte y la confección, ensartan el hilo en la aguja que unirá, horadándolo, el papel del mundo. Conseguir mucho con poco es una regla básica del arte minimalista. Álvarez, además, se vale de materiales humildes para cuestionar, y en su caso subvertir, la relación del punto concreto del cuerpo o del objeto con el contexto geopolítico y planetario en el que tienen sentido. De ahí el hijo y la aguja; de ahí las bolsitas de té que, pasadas bajo la plancha, producen paisajes de colores inquietantes; de ahí los pañuelos y los abanicos sobre los cuales desaparecen lenguajes en extinción como el nushu o la taquigrafía; de ahí el uso de los envoltorios de pócimas mágicas o los viejos patrones de costura que evocan las medidas de un cuerpo. Cuidadosa y obsesiva, de una destreza manual y una paciencia envidiables, Álvarez cose, corta, traza, pega, y así conforma materialidades privadas con base en un principio de elipsis y yuxtaposición.


Por ejemplo, explotando el transfer, el monotipo, el collage y la tinta, Álvarez se vale de las formas típicas de los patrones de costura, y de los signos que aparecen a menudo sobre la frágil consistencia del papel manila, para producir mapas que son del mundo, pero también, acaso sobre todo, del cuerpo. En la serie Mapas Privados I al IX, 2010, las yuxtaposiciones producen súbitos alebrijes inquietantes: ¿es eso una manga-montaña?, ¿es esto una pretina-cordillera?, ¿de qué talla es, en realidad, la cuenca del océano o el promontorio de una península? Hábilmente mezcladas, confundidas incluso, las topografías íntimas del cuerpo y las medidas corporales de la tierra generan así un cuestionamiento a la vez personal y geopolítico sobre la relación que las mantiene juntas. El patrón para confeccionar ropajes para el cuerpo bien podría, sí, cubrir apropiadamente una ciudad. De la misma manera, pero al contrario, acaso el mapa de un continente ignoto sea, en efecto, el mejor vestido para ese cuerpo frágil que pende del hilo del significado sobre el papel nepalés. No es lo pequeño lo que cuenta, sino lo concreto. Es más, lo que cuenta aquí es la relación que va del concreto-cuerpo al concreto-tierra pasando por las mediaciones sociopolíticas y naturales de las fronteras y los bordes de nuestra convivencia.


Encuadernadora legendaria, Álvarez, además, confecciona libros singulares. Se trata, sobre todo, de libros que existen para no ser leídos. Son libros que se mueven en otro tipo de complicidad. A manera de los escritores conceptuales de hoy, Álvarez se vale de texto encontrado —ya en las viejas ediciones de libros remotos o ya en el mecanografiado personal de textos queridos— así como de estrategias de excavación y tachadura para producir libros en soportes inesperados. Sí, su Libro de los mártires, la pieza de 2012 en que utilizó tubos perfumeros para mostrar, ocultándolos al mismo tiempo, pedazos donde queda huella de su lectura del Libro de los mártires, se encuentra dentro de un rectángulo transparente y vertical. Su pieza Corazón de león, que incluye las tiras de papel en que se convirtieron las páginas en que mecanografió el capítulo de una novela favorita, también están, rizadas, dentro de un rectángulo transparente que permite verlas y, a la vez, no verlas. Se trata, pues, de libros hechos para los ojos, pero no para ser leídos (o no, al menos, a la manera tradicional en que el ojo se mueve, horizontal y rectilíneamente, sobre las líneas de un párrafo). Están hechos, también, para el mundo evocado de la nariz y el tacto. Y, justo como las piezas elaboradas con hilo, su significado pende, también, de la relación que el cuerpo y la memoria del cuerpo genere a su contacto.



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Tuesday, February 12, 2013

JUANITA Y KAREN

[en La Mano Oblicua, columna semanal del periódico mexicano Milenio, sección de cultura. Fragmento del texto que se presentará hoy martes 12 de febrero a las 7:00 pm, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, dentro del ciclo Protagonistas de la Literatura Mexicana, dedicado a Sabina Berman]


Existe un mundo lleno de seres humanos estándar. Porque sirven como tipo o modelo, norma, patrón o referencia —y estos son los términos que la RAE asocia al anglicismo estándar en español— las conductas de los seres humanos estándar no solo dan la apariencia de ser la forma dominante de existir e interactuar en el planeta sino, sobre todo, y muy peligrosamente, de ser la única. Así, la manera de hablar, comer, dormir, negociar, callar, entender o renegar de los seres humanos estándar logra pasar con apabullante frecuencia como la manera normal en que los seres humanos se conducen por el mundo. Su conducta, en otras palabras, parece natural. Así iba a ser: ésta era la forma correcta o la más eficiente o, en todo caso, la mejor.
Acaso una de las astucias de ese mundo de seres humanos estándar consista en ocultar la serie de rigurosos entrenamientos y los cotidianos crímenes que se llevan a cabo para producir ese estándar al que, por costumbre o por falta de otro nombre, denominamos como “normalidad”. Y acaso una de las astucias de la escritura, muy especialmente la escritura de Sabina Berman, consista en hurgar y develar con un estilete a la vez preciso y emotivo, cuidadoso y feroz, las múltiples estratagemas de las que se valen los seres humanos estándar para crear un mundo a su gusto y semejanza. Spoiler: No es un mundo ni inocente ni amable. Spoiler: Se trata, sin duda, de nuestro mundo.
Karen, la entrañable autista de La mujer que buceó dentro del corazón del mundo, sabe que convertirse en un ser humano estándar no es un proceso natural sino un “trabajo extenuante” que involucra una gimnasia cultural donde hasta el movimiento de los párpados, las cejas y los labios está normado. Karen, por ejemplo, está al tanto de que su capacidad expresiva tiene un rango más bien corto. Ella se expresa, sobre todo, en cuatro caras: la de pánico, la de la alegría, la neutral, y la de haberse ido de sí misma. Para convivir con otros, Karen tiene que estudiar videos y copiar expresiones a través de la mímica. “Yo debía aprender a mostrar: enojo, ira, hostilidad, tristeza, asco, felicidad, sorpresa, vergüenza, celos, envidia, desprecio, desesperación, aburrimiento, desconfianza. Pero sobre todo: placer, amistad, curiosidad, sorpresa, deseo, adoración, orgullos. Y todo eso debía lograrlo combinado la acción de los músculos de los párpados, las cejas, los labios. Era un trabajo extenuante que me empapaba la camiseta de sudor”.
¿Qué sucede si no lo hace? ¿Qué sucede si falla o si, en un caso más extremo, se rebela contra los modos del ser humano estándar? Karen lo sabe bien. Karen sabe que, detrás del Pienso luego existo que rige tanto de lo que se vive y cómo se vive en el mundo de los seres humanos estándar se esconde un trato que, no por simple, deja de ser descarnado. Si no puedes o si fallas en el adiestramiento entonces pasas a una segunda categoría de existencia. Así de simple. “Los árboles, el mar, los peces dentro del mar, el Sol, la Luna, un cerro o una enorme cordillera: no, no existen del todo, existen con un segundo nivel de existencia, una existencia menor. Por lo tanto merecen ser mercancía o alimento o paisaje de los humanos, nada más” (41)
Ser mercancía. Ser alimento. Ser paisaje.
Juanita Sánchez, la mujer indígena que se trasporta desde Cintalapa, Chiapas, hasta Ciudad Juárez, Chihuahua, para convertirse, a los 17 años, en una trabajadora más de las maquilas fronterizas, también lo sabe. A diferencia de Karen, la heredera de un planta productora de atún en el puerto de Mazatlán, amada y protegida por una tía sin igual, la Juanita de Backyard, la película dirigida por Carlos Carrera y cuyo guión fue escrito por Sabina Berman, se enfrenta al nuevo adiestramiento de ser humano estándar sin protección alguna. En la intemperie del capitalismogore fronterizo, sola como las migrantes que viajan sin su comunidad, Juanita en realidad no se enfrenta a su nuevo adiestramiento. Más bien, se expone ante él. Aún mejor: resulta expuesta. Incluso en circunstancias de una explotación brutal, Juanita pronto aprende a procurarse una vida autónoma después de unos cuantos meses de generar y administrar sus propios recursos. Y aquí, por vida autónoma, se entiende no solo la capacidad de satisfacer sus necesidades básicas sino también de consecuentar su deseo. A su novio conservador, que es un ser humano estándar, eso no solo le resulta escandaloso sino también digno de castigo. El castigo por hablar, comer, desear, amar, negociar o rechazar de una manera no estándar en una sociedad estándar es el más alto: la muerte violenta.
Ser mercancía. Ser alimento. Ser paisaje. Ser una cifra. Estar muerta.
El lúcido autismo de Karen le permite a Berman explorar con singular precisión crítica, aunque también con bastante humor, con ternura incluso, el proceso a través del cual los seres humanos estándar se gestan, se reproducen, matan y mueren. Es un ciclo voraz, ciertamente; pero no es un ciclo lineal ni terso ni de una sola dimensión. Porque el punto de vista que construye Berman es el de una autista de 41 años que, en su ir y venir por el mundo ha asistido a la universidad y logrado patentar una manera singular de producir atún de aleta amarilla, el lector puede adentrarse en los contrapuntos de ese ciclo de estandarización a través de los actos de resistencia propios del que no quiere ser ni mercancía ni alimento ni paisaje.

[el texto completo hoy, en Bellas Artes, a las 7:00 pm. Por ahí nos vemos. ]
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Saturday, February 09, 2013

AQUÍ SE TRAUMATIZA


[de la serie INTERPRETACIONES CATASTRÓFICAS DE LOS SIGNOS DEL CUERPO, en revista La Tempestad, Febrero 2013]


a. DEL TÚNEL, A TRAVÉS DE ESTE TÚNEL

Es un pasadizo estrecho y rígido
es el ligamento
y los huesos en la base
es la mano
contiene el nervio
los tendones
el nervio mediano
(viene desde el antebrazo).

En su parte proximal: los huesos
pisiforme, semilunar, piramidal y escafoides.
En su parte distal: el trapecio
el trapezoide, el grande y el ganchoso.

El ligamento retináculo flexor en el techo
del túnel. A través de este túnel
cuatro tendones del músculo
flexor común superficial de los dedos de la mano
cuatro tendones del músculo flexor
común profundo de los dedos de la mano

cuatro tendones del músculo
flexor común
superficial profundo
de los dedos de la mano

y el tendón del músculo
flexor
largo
del pulgar.


:::
Los poemas completos en La Tempestad.

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Friday, February 08, 2013

POÉTICAS DE LA DESAPROPIACIÓN: TALLER DE RE-ESCRITURAS, OAXACA 2013


La traductora y poeta Jen Hofer en Oaxaca. IAGO, Febrero 11, 7:00pm. ¡No se la pierdan!

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Tuesday, February 05, 2013

CACALUTA

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

Estamos sobre las hojas. Caminamos sobre las hojas amarillas y verdes y color café. Hemos dejado el pavimento atrás. El ruido atrás. Los asentamientos humanos atrás. Ahora caminamos sobre las hojas de la selva baja. La selva caducifolia. Nuestros pies hacen ruido contra las hojas. Contra las ramas que caen, nuestros pies provocan el sonido de cosa que se rompe. Cosa que se quiebra. Vamos por la vereda. Avanzamos poco a poco por la vereda que se llama Sicarú en zapoteco y que quiere decir hermosa en español. Este es el lugar donde se reverencia el árbol. Aquí hay una inclinación frente al árbol. Huatulco, eso quieres decir.

Vamos caminando sobre las hojas húmedas que cubren a Sicarú. Paso a paso, avanzamos. Hacia la laguna, avanzamos. Con la respiración acompasada, avanzamos. Hacia el olor de tierra combinada con agua de siglos. Ese lodo. Ese barro. Hacia la orilla, tan tersa. El aleteo de una garza rompe la calma en dos. El aleteo de una garceta. Las monjas de largas patas rojas y los diablos de plumaje marrón avanzan en el agua, picoteando. Un cardenal mosquero parece una flor o una flama a lo lejos. Rojo contra verde oscuro. Rojo contra verde esmeralda. Esta es la laguna del zanate. Este es un humedal. Una espátula color rosa se posa sobre las aguas. Otra garceta. Una urraca. Una cigüeña. Los picos delgados y curvos de las avocetas van a la caza de invertebrados.
El ruido de los pasos sobre las hojas. El ruido de la rama, que se quiebra. El aleteo de un oriol. Un ala amarilla se agarra a la fronda de los manglares. Otra urraca. Un cacique. El canto o el gemido. La manera en que se llaman. Estamos frente al pochote, el árbol. De su tronco, donde brotan pequeñas pústulas de agua, se alimenta el venado. De su fruto, tan dulce. De sus semillas, que caen también como las hojas sobre Sicarú, es posible fabricar almohadas. Posar una oreja sobre ellas y soñar con la selva húmeda. Con la vereda. Avanzamos bajos los termiteros. Bajo las lianas. Bajo las ramas que, vistas de abajo hacia arriba, transfiguran el mapa de los cielos. Un falcón. Un zopilote. El ruidazal de las chachalacas.
Estamos frente al huanacaxtle. Frente al tallo inmenso del huanacaxtle. Frente a las raíces del huanacaxtle que salen de la tierra y vuelven a enterrarse bajo la tierra buscando el agua de la laguna. Estamos bajo la fronda del huanacaxtle. Y tocamos su piel. De esta corteza, machacada, ha salido jabón para lavar ropa o para curtir piel. De entre sus hojas que duran pegadas a la rama ocho meses, brotarán las vainas color café en forma de oreja. El árbol que oye: el huanacaxtle. El árbol ancestral. Aquí, abajo, en el debajo que es la vereda, están los hoyos que han elaborado los zorrillos. Aquí, en otra temporada, está lleno de los huevos que depositan los reptiles. Este es el cuachalalate, el árbol cuya corteza, vuelta infusión en agua hervida, ha curado la gastritis. Nos detenemos. El ruido de nuestros pasos sobre las hojas se detiene.
Las aves rapaces llegan pronto, en noviembre. La migración inicia. Las águilas pescadoras. Los gavilanes. Sus alas extendidas contra el cielo. Sus sombras contra el agave silvestre. Contra la vereda de Siracú. Luego vienen las otras aves. Las otras miles de aves. Los patos. Las alas. Las plumas. Sus patas entre el agua de la laguna de poca profundidad. Sus cantos entre los ficus amazquite y los ficus amate. Sus sombras también contra el huayacán, este árbol que se vuelve arbusto en la costa. Y se arrastra en la costa, sus ramas sobre la arena. Sus ramas de doscientos años sobre la arena. Avanzamos, ahora, sobre la arena. Un paso y, luego otro, hundiéndose entre la arena. La rosadía tiene espinas en las hojas. El árbol del copal tiene un liquen color amarillo que entinta su tallo, sus espinas gigantescas. Estas son las partes de un cactus que ya no es verde sino rojo, y que florece. Amarilla y rotunda y delicada, la flor del nopal sobre la arena. Como nuestros pasos, sobre la arena. Entre la arena. Hundiéndonos.
Estamos sobre la arena. Frente al agua color verde esmeralda y verde botella y verde delicado verde del agua del Pacífico. Frente al agua color azul marino y azul rey y azul más azul. Otros azules desconocidos. Bajo la bóveda celeste estamos. Allá van los oloropos sobre los cardúmenes de barriletes o de atún o de sardinas. Este es el vuelo del zopilote. Aquélla, presurosa, es un águila pescadora. Alguien seguramente capturará un pez vela o un marlín este año. Alguien tirará el anzuelo como los otros, como los tantos, pero en lugar del pez de todos los días, saldrá un enorme pescado iridiscente del agua del Pacífico. Vemos todo eso. Podemos ver y caminar por entre todo eso. Respiramos. Lo agradecemos.
Huatulco quiere decir lugar donde se le rinde reverencia al árbol.
Todo eso, que es la selva baja caducifolia que se forma alrededor de la bahía de Cacaluta, justo donde se extiende el corazón de agua dulce de la selva, está bajo la amenaza que representa la construcción de una subplanta eléctrica de la CFE. Todas esas aves, todas esas hojas, todos esos troncos, todos esos años vueltos savia y clorofila y aire, todas esas migraciones, todos esos pasos sobre las hojas, todo bajo el ruido de las máquinas que talan los árboles y parten la tierra en dos, en muchos pedazos.
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Monday, February 04, 2013

PRIMERA APROXIMACIÓN A CACALUTA

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Wednesday, January 30, 2013

EL BIEN DE LA TAIGA


Gracias al milagro de nuestro ángel guardián pudimos salir con bien del bosque tenebroso en el que entramos por accidente. Lupita y Julio. Oaxaca, México, 1963.

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Tuesday, January 29, 2013

PIEDRALUNA

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

Yo lo que quiero decirle al señor Rulfo, dice la mujer que organiza el grupo de lectura de la Biblia, es que no todo aquí es tristeza. Guarda silencio un momento. Guarda silencio y se arregla el cabello entrecano mientras mira hacia el altar de la modesta iglesia donde nos encontramos. Ha habido tiempos difíciles, claro, añade. Siempre los hay. ¿Pero no decía él en el cuento ese que escribió sobre nosotros que nadie aquí sabe sonreír? Y, por toda respuesta, esboza una sonrisa que parte del mero intento pero pronto se convierte en complicidad.

Es cierto que, en zapoteco, Luvina quiere decir “raíz de la miseria” o “raíz de la escasez”, pero no todos aquí pensamos así, dice una de las mujeres que se encuentra en la banca de atrás antes de pasarle una biblia gruesa, cubierta de tapas negras, a su vecina de al lado. También tiene que ver con la luna. Con la manera en que la luz de la luna cae sobre el peñasco. ¿Lo vio anoche?

Hemos llegado apenas esta mañana a San Juan Luvina, Oaxaca. Hemos avanzado con mucha cautela por carreteras angostas, plagadas de agujeros y curvas, por donde sólo aparecen, y eso de vez en cuando, camiones de redilas llenos de hombres o trailers cargados de madera. Pick-ups oscuras. Hemos pasado por un llano de flores y, apenas saliendo de una de las curvas más cerradas de la sierra Juárez, nos hemos detenido frente al Dragón Rojo, un restaurante chino que ofrece servicio a domicilio. Hemos visto las nubes abigarradas y enormes justo en el centro de un cielo muy azul, y hemos dicho tantas veces: ¡mira! Hemos dejado atrás la laguna de Guelatao, que está encantada. Hemos comprado, y hemos comido ya, el queso fresco, envuelto en hojas de maíz, que ofrecía una mujer con un delantal de grandes flores a la orilla de la carretera. Hemos visto el letrero: San Juan Luvina 14. Y, habiendo comprendido que estábamos cerca, hemos bajado la velocidad. Temerosos. Obnubilados. ¿Estamos seguros que queremos continuar hasta llegar al lugar que Juan Rulfo visitó muchos años atrás y con base en el cual escribió uno de sus cuentos más memorables: Luvina? Hemos estado y estamos seguros, sí.

No siempre estuvo aquí, dice la más anciana de las mujeres. Hubo dos Luvinas antes. Allá, dice, señalando un punto indeterminado detrás de la montaña. El cielo muy alto. Las nubes, a lo lejos. En la Luvina vieja sí se moría todo, especialmente los niños. No se les daban. Nunca lograron que se les dieran. Por eso se vinieron para acá.

Y la tierra es empinada. Se desgaja por todos lados en barrancas hondas, de un fondo que se pierde de tan lejano. Dicen los de Luvina que de aquellas barrancas suben los sueños; pero yo lo único que vi subir fue el viento, en tremolina, como si allá abajo lo hubieran encañonado en tubos de carrizo.

Hemos leído con atención los signos: Inicio de camino sinuoso. Hemos tomado veredas terrizas que bajan y bajan, y bajan aún más, y ya dentro del bosque, hemos extraviado la ruta. Hemos reconocido los pinos, los oyameles, los encinos. Nos hemos preguntado por el nombre de esas flores rojas, aquéllas azules, estas amarillas y blancas. Hemos visto, como una aparición, un pequeño anuncio de madera rematado por una flecha roja: San Juan Luvina. Estos son los restos de una fogata. Alguien abandonó un atajo de leña. ¿Es eso el ruido de un arroyo o de una cascada?

La papelera le dio trabajo a los hombres por algún tiempo, pero nada era nuestro, dice otra de las mujeres todavía dentro de la iglesia. Se llevaban todo y querían hacernos sentir  que estaban de nuestro lado. De entonces datan las escuelas, eso sí. Pero ahora la cosa es distinta. Todo eso está en manos de la comunidad. A veces vienen los especialistas de Chapingo para indicarnos cuándo o dónde va la reforestación. ¿Vieron los árboles nuevos?

Hemos regresado a la carretera y, casi sin querer, hemos encontrado de nueva cuenta el camino correcto. Le hemos preguntado al arriero que comanda dos burros si eso de allá, eso que se ve al final del monte, es Luvina. Sí, eso es, ha dicho. Y se ha seguido de largo. Nos hemos detenido para recoger los pedazos de piedra de algo que parece ser o haber sido una cuesta a punto de quebrarse. Al acercarnos a la puerta de alambre que separa a Luvina de todo lo demás, otro arriero nos ha hecho el favor de mantenerla abierta y retirar el ganado al mismo tiempo Hemos dado las gracias, sonriendo. Sin saber. Hemos visto, entre un campo de cultivo y la vegetación propia de la sierra, las ramas de los duraznos cargados de flores. Hemos preguntado: ¿Qué país es éste, Agripina?

Se dan los duraznos, sí, dice una mujer que ha estado callada casi todo el tiempo. Los árboles de durazno, aclara. Los árboles de manzana. Las noches buenas. Hay limonares. Calabazas. Maíz. ¿Vio mis geranios?

Hemos comido la mitad de un pollo asado que unos vendedores errantes vendían frente al Palacio Municipal. Nos hemos quejado del sol excesivo, del calor, pero hemos celebrado la dulzura de las cebollas, la consistencia de la tortilla de maíz, el arroz. Hemos sido testigos de cómo utilizan una lap top para mostrarle al único comprador potencial el sonido de algunos de los discos. Nos hemos enterado que, en el pueblo contiguo, hay partido de basquetbol y que mañana hay jaripeo en honor a San Pablo. Hemos divisado, a lo lejos, la figura menguante del loco del lugar. Y, luego de dar unos pasos, hemos llegado a la iglesia. Ahí, poco a poco, se han ido congregando las mujeres que, al contrario de la Agripina original, no se alzan de hombros ante la curiosidad. ¿En qué país estamos? En uno injusto, es cierto; pero en uno nuestro.

Al emprender el camino de regreso lo hemos comprobado en riguroso silencio: la luz de la luna sobre la cuesta de la piedra cruda. No hay palabras para describir eso. Piedraluna, en efecto. Piedraluna, con toda seguridad.

--crg

Sunday, January 27, 2013

Tuesday, January 22, 2013

SEIS TOMAS PARA UN DOCUMENTAL

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]


Toma 1
Dice Camelia Gaspar Martínez que “el 45% de las mujeres indígenas privadas de su libertad en el estado de Oaxaca, están procesadas o sentenciadas por el delito de homicidio”. Añade luego: “El 22% de los casos son homicidios que tienen alguna relación causal con la violencia familiar y de género”. A diferencia de los hombres, las mujeres indígenas que han cometido homicidios, especialmente en contra de concubinos, “no huyen, sino por el contrario, se entregan”, segura. Y refiere la siguiente historia:

“Durante la entrevista con esta mujer en los separos de la Procuraduría, ella, entre sollozos y enojo, comienza a relatar los episodios de violencia que vivió con el finado. El sábado 17 de marzo parecía ser un día normal. Rosario regresó de ir al campo por leña junto con su hija, razón por la cual la preparación de la comida se había retrasado. Esto irritó a Joel, quien para este momento había regresado, a referir de Rosario, ´según él del rancho´, aunque en realidad había ingerido alcohol y consumido drogas. Rosario hace descripciones de violencia extrema para describir el trato que le daba Joel. Este día era uno de esos: violento…Rosario se dispuso a preparar la cena. Mientras su hija acudió a la habitación de la familia, momento que fue aprovechado por Joel para ir tras ella y atacarla sexualmente. Rosario notó que algo no estaba bien…por lo que acudió a la habitación. Teniendo ante ella el episodio del ataque sexual, le dijo a su hija que saliera…bajo las emociones de enojo y rabia arremetió en contra de Joel, con el machete que traía en la mano…El testimonio de Alba [la hija] es concordante con el de Rosario. Los dos testimonios hacen referencia a una violencia continua, amenazante, intimidante”.

Seguramente a Camelia, quien como abogada se dedica a elaborar diagnósticos de mujeres indígenas privadas de su libertad en el estado de Oaxaca, le ayuda muchísimo su conocimiento del zapoteco así como la pasión que transmite sobre las labores con las que intenta contribuir a la construcción de un mundo mejor.

Toma 2
Esa misma determinación se le nota a Zenaida Pérez Gutiérrez, comunicóloga por la Universidad José Vasconcelos y oriunda de la comunidad mixe de Tlahuitoltepec, en la sierra norte del estado de Oaxaca, un pueblo en el permea la música, y en el que niños y niñas son educados desde temprana edad en la práctica de algún instrumento en el Centro de capacitación musical y desarrollo de la cultura mixe.  Zenaida, quien también concibe su trabajo como una forma de contribuir “a distintas formas de crecer de las comunidades”, se ha concentrado en participar en el proceso de las radios comunitarias. De especial relevancia ha sido su parte en la creación de una forma creativa y novedosa de airear problemas internos de las colectividades en cuestión: la producción de radionovelas colectivas con la participación directa de los y las afectadas.

Toma 3
Evic Julian Estrada, oriunda de la Chinantla Sur y pasante de la carrera de derecho en la Universidad Autónoma Benito Juárez, se presentó a una asamblea comunitaria en la que se renovaría la alcaldía de San Juan Lanana, y la ganó.. Días después, el 30 de diciembre del 2010, el Instituto Estatal Electoral (IFE) le entregó la constancia de mayoría, validando la asamblea general comunitaria. También recibió el bastón de mando y tomó protesta. Sin embargo, días después, con el argumento de que la etapa conciliatoria no había terminado, se preparó el terreno para llamar a nuevas elecciones. Depuesta de su cargo, Evic no ha dejado de utilizar todos los medios legales posibles para hacer respetar la voluntad de la comunidad a través de comicios limpios. Dice Evic, en un estilo dialogado alrededor de una mesa donde es escuchada con atención, que de muy chica aprendió “esa ideología de que las cosas no tienen que ser lo mismo siempre”.

Toma 4
Maricela Montiel nació y creció en la ciudad de México, específicamente en Iztapalapa, pero por razones personales llegó a vivir en la Chinantla hace no mucho tiempo. Además de pasar por el choque cultural de rigor, Maricela enfrentó situaciones domésticas bastantes difíciles. Fue por eso, y un poco “también por fregar”, que empezó a interesarse por el quehacer de las asambleas comunitarias. Luego, ya convencida de que las cosas, en efecto, no tienen que ser lo mismo, empezó a participar en ellas. De hecho, su inmersión ha sido tanta que ahora ya entiende el chinanteco.

Toma 5
Gabriela Salomé Loaeza Santos también es abogada, pero ella viene de una larga tradición de migración que se inició, en su caso, en la sierra sur de Oaxaca. Gracias a becas, entre otras la Guadalupe Musalem, pudo cursar sus estudios y prepararse para impartir talleres que van desde lectura para niños hasta de prevención de violencia doméstica para adultos. A Gabriela, quien escribe poesía desde los 13 años, le queda bien el papel de mujer fuerte que ha podido con todo, pero a sus apenas 24 años también asegura que “tener y expresar los sentimientos propios” es un derecho. Hace no mucho, tuvo la oportunidad de asistir a un encuentro de mujeres indígenas que, según sus propias palabras, le cambió la vida. “Había tanta sabiduría, tanto entendimiento, en sus palabras”,  asegura.

Toma 6
Maya Goded, la reconocida fotógrafa mexicana que ha documentado con tanto y tan punzante acierto tanto la experiencia de la negritud en la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca (Tierra negra, 1994), como la de las prostitutas en la ciudad de México (La Plaza de la Soledad, 2006), las escucha con atención. Hace preguntas. Sugiere. Escribe notas. Lo mismo hace la muy talentosa editora yucateca Martha Uc. Cuenta y pregunta. Habla. Ríe. Ríe también como todas las otras, con un gusto enorme y cauteloso al mismo tiempo. Después de todo se trata de una de las primeras reuniones en las que están todas juntas. Se trata de las etapas fundamentales de la elaboración de un documental que mucho tiene de conversación continua, de convergencia política e implicación humana, de eso que ahora suena a palabra exacta: hermandad. 

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Monday, January 21, 2013

Friday, January 18, 2013

NADIE ME VERÁ LLORAR un infaltable en la biblioteca latinoamericana moderna


Cristina Rivera Garza se ha consolidado como una de las escritoras más importantes de Latinoamérica, su labor académica así como sus obras de ficción se pueden encontrar en casi todos los temarios universitarios sobre literatura mexicana contemporánea. Su novela más conocida y probablemente la mejor es "Nadie me verá llorar", escritura a caballo entre la novela y la crónica que nos retrata parte de la ciudad de México desde una historia desarrollada en un manicomio.

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