Monday, November 09, 2009

A USTEDES LES TOCA, SI ESTÁN DISPUESTOS, IMPLICARSE EN EL MISTERIO



Santiago Matías, editor de Bonobos, los invita a adquirir, leer o revisitar La muerte me da, un libro de Anne-Marie Bianco publicado en el 2007.

77. CIERTOS LUJOS
Hace ya casi un año, en noviembre de 2005, recibí vía correo, y de manera por demás inusual (el paquete fue enviado al domicilio en el que viví sólo hasta los 13 años), el manuscrito de La muerte me da, acompañado de una pequeña nota en la que su autora me pedía que considerara dicho material para ser publicado dentro de la serie de poesía del sello editorial que dirijo. Desde luego, no solemos recibir este tipo de peticiones o, al menos, no de esta manera, ya que Bonobos es todavía una pequeña editorial independiente que privilegia en sus publicaciones a una cierta poesía cuyo valor de cambio en el mercado editorial es casi nulo. Pero su nota no era sino el más pequeño de los enigmas que, casi por casualidad (hoy en día, ¿quién de nosotros tiene la suficiente paciencia y disposición para buscar a un antiguo inquilino a quien le llega un paquete, y a quien ¡ni siquiera conocemos!?), llegó a mis manos. El más grande, o el más obvio, era el nombre de su autora: Anne-Marie Bianco. En ese momento, no recordaba a ningún poeta, ya local o regional o, inclusive, continental, con ese nombre. Su apellido, sin embargo, me resultaba familiar. Días más tarde, y motivado por una circunstancia claramente ajena a estos asuntos, vino de súbito a mi cabeza el nombre de un escritor italiano —o al menos esa debería ser su ascendencia— que en los años sesenta y setenta publicó un puñado de poemas en algunas revistas literarias del país: Bruno Bianco. Pude recordar también, y esto gracias a [tachado] con quien traté el extraño suceso del envío, dos cosas más: primero, que durante algún tiempo se sospechó que Bruno Bianco era el seudónimo adoptado por un conocido grupo de poetas que solían reunirse con cierta frecuencia en una popular cantina de una colonia [ilegible] [sobrepuesto en letra manuscrita: llena de edificios muy rectos y casas cubiertas de vitrales]: el ya mítico Bar [tachado]; segundo, que la factura de aquellos textos dispersos era —si tuviera que definirla sólo con dos palabras— rota e inquietante. Asimismo, [tachado] y yo pudimos recordar que en los versos de Bruno Bianco podía percibirse una extraña sensación de inasibilidad, rasgo que atribuimos a los temas elegidos por este raro poeta y a sus respectivos tratamientos. Al final, convenimos que estas características volvían inmune a la indiferencia el breve pero entrañable paso de Bianco por la literatura que conocíamos. Bruno Bianco: el nombre de un poeta que lleva, en las dos palabras que lo forman, una irreconciliable contradicción: Bruno (oscuro) Bianco (blanco). Bruno Bianco: extraño personaje que quizá jamás existió (al menos físicamente). Bruno Bianco: el poeta abstracto. Bruno Bianco: el poeta como señal. Y bajo ese influjo, releí los poemas de La muerte me da y, como se puede advertir, decidí publicar el libro.

Estaba ya en el proceso de revisión de galeras cuando recibí una segunda nota de Anne-Marie Bianco, misma que llegó, como podrán suponer, a otro de los domicilios que hace mucho dejé de habitar. Esta vez me preguntaba sobre el dictamen. Me daba, además, una dirección y la fecha para un futuro encuentro. El día indicado, una media hora antes de la hora de la cita, me dirigí hacia el hotel de altos techos y vitrales coloridos donde me encontraría finalmente con la poeta. Me senté en el lobby y observé a mi alrededor. No sabía si esperaba a una jovencita imberbe o a una anciana o a un hombre maduro. De súbito todo parecía caber dentro del nombre, todo dentro de Anne-Marie Bianco: el cuerpo delgadísimo de la hija de un poeta inventado; la silueta de la mujer que, ya vieja, decide romper la careta de la masculinidad y dejarse ver; el diagrama del hombre que siempre fue o seguirá siendo. Mi desatino era tan claro que resultaba avasallador. Ahí estaba yo, el jefe de una pequeña editorial de provincia, esperando a un fantasma en el lobby de un hotel lleno de gente que, como yo, daba la impresión de estar perdida, de buscar algo.

Anne-Marie Bianco, por supuesto, no se presentó a la cita. O acaso se presentó a la cita pero evitó encontrarme. En todo caso, ese día, que era el día indicado, a una hora también indicada, no conocí a Anne-Marie Bianco. Nunca supe qué la movía o cuáles, además de su obsesivo rondar dentro de la poesía de Alejandra Pizarnik, eran sus lecturas. Nunca supe su edad, su lugar de nacimiento. Nunca la vi callar o sonreír. Pero una pequeña editorial independiente puede darse ciertos lujos: éste, por ejemplo: publicar a una autora sin rostro en un mundo donde el rostro se ha convertido en una especie de dictadura. O éste otro: apostar por un texto, por un puro texto, por el texto. Este libro está, pues, en lugar de ese encuentro. Es el texto que, sin rostro, se abre con la parsimonia de una pregunta, de un acertijo. A los lectores les corresponderá, si así lo deciden, construir ese rostro e implicarse, si fuera necesario, en ese enigma.

Santiago Matías, editor
Bonobos


Cristina Rivera-Garza, La muerte me da (Tusquets, 2008), 303-306.

--crg

Sunday, November 08, 2009

PATÉ DE HÍGADO DE CENZONTLE

[en Día Siete, Noviembre 8, 2009]

La vida está hecha de coincidencias, eso se sabe. Dos o más eventos disímiles inciden en un momento específico y, si hay alguien capaz de establecer una conexión significativa entre ellos, entonces estamos frente a una coincidencia, es decir, frente a una narrativa. La co-incidencia es una estrategia de edición. Un hombre puede contar, a orillas del Sena, por ejemplo, la triste historia acontecida con una novia berlinesa. Justo en el momento de mayor dolor en la historia, cuando la mujer se dispone, por ejemplo, a presentarle a su nuevo amante, pasa un muchacho vistiendo una camiseta que dice, en letras grandes, Berlín. El elemento uno, la triste historia de amor, incide con el elemento dos, el ligero andar de un parisino, y la sonrisa aparece entonces en el rostro del narrador. Las sensaciones dispares aquí se complementan: la tristeza se vuelve ligera y el andar del parisino deja ahora un poco de mella. Se trata, luego entonces, de una coincidencia feliz.

Hay, por supuesto, otro tipo de coincidencias. Un grupo de amigos quedan de verse en un bosque y, como el lugar es enrome, intercambian números de celular para dar señas precisas de su ubicación cuando esto sea, si fuere, necesario. Pero el grupo de amigos llega a las orillas del bosque y, ahí, por coincidencia, está ya la nueva parte del grupo, esperando. Luego de caminar cuesta arriba y cuesta abajo por un rato se deciden por un pequeño espacio en la punta de una colina que, a pesar de sostener a tres árboles, permite una vista generosa de la ciudad que ha quedado allá abajo. Los amigos, entonces, se sientan y, entre anécdotas, se dan a la tarea de conformarse como lo que hasta ahora han estado a punto de ser: un gran grupo.

Es precisamente la voz de un integrante del grupo lo que llama la atención de otro grupo de amigos que, acaso siguiendo un procedimiento similar, han elegido más o menos el mismo sitio para departir y descansar.

--Yo te conozco -–dice la mujer que se aproxima, pasando luego a describir los detalles de tal conocimiento. La coincidencia es, hasta el momento, puramente feliz. Los dos grupos se vuelven uno todavía más grande, y el intercambio de viandas y botellas da inicio. Tres de los integrantes del primer grupo son de la misma ciudad, ubicada en otro país, que al menos uno de los integrantes del segundo grupo. Dos de los integrantes del segundo grupo comparten profesión con al menos uno de los integrantes del primero. Todos hablan, con distinto grado de maestría, las dos lenguas francas del encuentro. La conversación continúa. Las risas. Las muecas de asombro.

--Esto es de tu tierra –menciona un integrante del segundo grupo a uno del primero. Lo que sostiene en la palma de la mano es un pequeño frasco que, según pasa a explicar, contiene un paté peculiar hecho con el hígado de los cenzontles. Si se toma en cuenta que el cenzontle es un pájaro nativo del norte de América al que se le adjudican un número más bien amplio de virtudes, entre las que se cuentan su poder para imitar las llamadas de otras aves (por algo su nombre científico es mimus polyglottos) no sé si esta co-incidencia es del orden de las providenciales o, como estamos todos en el proceso de degustar parte de sus cuerpos, de las caníbales. En todo caso se trata, sin lugar a dudas, de una co-incidencia de las deliciosas.

--crg

Friday, November 06, 2009

RATANAKKIRI

No pude haberlo dicho porque no sé hablar. Pero dije: Es la hora de las selváticas.

Y luego volví a callar.

--crg

Thursday, November 05, 2009

TODO LO QUE MUERDE

No había sabido nada de ella por años ya. Su aparición fue, según recuerdo, providencial y honda, enigmática, falaz. Divina, ciertamente, llena de letras. Siluetística. Anne-Marie Bianco, la poeta. Anne-Bianco, la autora de La Muerte Me Da, ese pequeño libro de líneas rotas publicado por una editorial independiente asentada en un lugar altísimo rodeado de oyameles. De ella, hoy:

No digas mi mujer ni mi ciudad. Eres tú quien es suyo. De seda es la grupa de la yegua. De seda el cabello de otros seres que te ofrecen las alas o el abismo. Todo lo que muerde marca. Todo lo que muerde salva. La ciudad es de seda y no lo sabe. Escríbela e inscríbela. Su talle exige letras que habrás de forjar cada minuto. Si no aceptas el riesgo, no te atrevas. Si no vas a vivirte, no la vivas.
De Mulieribus Tractatus, por Bruno Bianco

Pues eso.

--crg

Wednesday, November 04, 2009

DO NOT



This morning, at home. Surrounded by birds.

--crg

Tuesday, November 03, 2009

KEEPS COMING



At Saigon, tonight. An orange moon behind the fog.

--crg
LAS AFUERAS: RATANAKKIRI



La historia de una mujer de 28 años, desaparecida en la jungla por 18 años y que fue rescatada en 2007, hace recordar las historias de Tarzán, Mogli y George de la selva, donde se relata la vida del ser humano en vida salvaje y la forma en que éstos adoptan costumbres del entorno en el que habitan, olvidándose por un momento de sus orígenes y adaptando los de la manada a la que pertenecen.

A pesar de que en estas historietas la reinserción de los mencionados personajes a la vida diaria resultó en un principio sumamente complicada, con el transcurrir del tiempo pudieron adaptarse a su nueva vida, algo que le ha causado especiales complicaciones a esta joven, ya que a pesar de recibir el cariño y apoyo de su familia se niega rotundamente a llevar una vida similar a la de los demás seres humanos, al desear solamente regresar a la vida que desarrolló en la jungla de Ratanakkiri, a unos 600 kilómetros de la capital, por lo que debió ser internada de emergencia en un hospital de la comunidad:

"Se negó a comer arroz durante un mes. Se ha quedado muy delgada. Aún no es capaz de hablar. Actúa como si fuera un mono. La última noche se quitó su ropa y trató de escapar por la ventana del baño".

[Y La Detective, cansada de tanta correría, cree avizorar su sombra del otro lado de la niebla]

--crg
WONDROUS



This morning, at home. Under November´s blue sky.

--crg
NÓTESE EL PLURAL

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

De vez en cuando, pero con una puntualidad pasmosa, ciertos sectores de la crítica literaria mexicana se dan a la tarea de decretar, de nueva cuenta, la muerte de la escritura experimental. Eso, claro, cuando esos sectores de la crítica literaria amanecen de buenas y admiten, en un acto de augusta flexibilidad y bajo el sol que ilumina el sur de la Ciudad de México, que tal cosa, cualquiera cosa que el término escritura experimental designe, existe. Las vanguardias, conjeturan, tuvieron lugar a mediados del siglo XX y allá están bien. Además, para ser francos eso (cualquier cosa que eso sea) es asunto de la poesía y no del serio quehacer de la narrativa, cuya tarea es “contar”. Nostalgia retro. Juegos de decoración. Privilegio frívolo de la Forma sobre el Contenido. Pírrico triunfo del intelecto sobre la emoción. El Último que Verdaderamente lo hizo, si es que lo hizo (si es que eso puede ser hecho), argumentan en un afán casi comprensivo, fue Salvador Elizondo. Los textos de esos ciertos sectores de la crítica literaria mexicana en general tienen la apariencia de conminar a la muy alta práctica de la pureza artística o gramatical, pero en realidad no son más que llamados a la conformidad. Porque, dicho sea con todas las palabras juntas, ¿qué escritura que es, no es experimental?

Habrá que empezar esta serie de párrafos recordando el nombre de nuestro gran experimentalista: Juan Rulfo. Anclada en el corazón mismo de la literatura moderna mexicana brilla esa novela publicada en 1953 que, entre otras cosas, descartó a la anécdota y a la verosimilitud como ejes rectores de una tarea que bien puede ser descrita con una diversidad de términos excepto con el verbo “contar”. Habrá que decir que, justo como lo recordara Jorge Aguilar Mora en un ensayo memorable, a Pedro Páramo la precede otro librito “raro” por fragmentario e híbrido: Cartucho de Nellie Campobello, y lo circundan (esto ya no lo dice Aguilar Mora, por cierto) los experimentos narrativos (clasificados de antemano como menores) de los Contemporáneos. Y, luego, ya entrados en gastos, habrá que recordar los juegos híbridos del lenguaje de Juan José Arreola y las novelas que publicó por allá de la década de los 70 Julieta Campos, desde El miedo de perder a Eurídice hasta Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina, y la primera etapa narrativa de Héctor Manjarrez. ¿Y cómo se le podría denominar a ese temprano ejercicio entre la autobiografía y el balazo periodístico que llevó a cabo Silvia Molina en La mañana debe seguir gris? ¿Y dónde colocar sino en la veta de la búsqueda radical la última etapa de búsqueda del delicioso (porque además era de Delicias, Chihuahua) Jesús Gardea?

Ahora el asunto de la Forma. ¿Hay alguien que escriba, que verdaderamente escriba quiero decir, dispuesto o dispuesta a admitir en público que no tiene trasiegos con La Forma? ¿A inicios del siglo XXI existe alguien que escriba, pero que verdaderamente escriba o quiera escribir, dispuesto a argumentar en público que en la escritura la Forma y el Contenido son cosas distintas? Porque una cosa es que ciertos sectores de la crítica literaria mexicana gusten de presentar una forma narrativa dominante (lineal o fragmentaria pero definida por la anécdota, por una relación representativa con el referente y, luego entonces, con la mimesis y la verosimilitud, y por una noción explicativa de las funciones del párrafo e incluso de la oración) como un constructo “natural” y otra muy distinta es que lo sea. Una cosa es, pues, que se le asigne al escritor la penosa tarea de repetir, cada vez con una perfección creciente (a eso se le denomina estilo), modelos aceptados (y bien reseñados en la prensa local), y otra muy distinta es que ese escritor o escritora se de a la tarea de lidiar crítica y lúdicamente con tradiciones plurales y contenciosas y concomitantes respecto a las cuales, o junto a las cuales, tendrá que tomar decisiones que por pertenecerle a la escritura le corresponden, luego entonces, a la vida (o, si el riesgo es grande, como debe de ser, a la muerte). Nótese el plural.

Y viene el asunto, por supuesto, de la emoción. Pregunto: ¿Es el desconcierto una reacción emotiva? ¿La irritación? ¿La estupefacción? ¿El extravío? Me parece que cuando esos sectores de la crítica literaria acusan a textos experimentales de abdicar de la emoción, se refieren, en realidad, a las emociones de la identificación más comúnmente asociadas al melodrama. Puesto que las practico a diario no tengo nada personalmente en contra de ese tipo de emociones, pero admito que ésas sólo son unas cuantas en el espectro amplio, vastísimo de hecho, de conexiones íntimas que produce un texto. Que ciertos lectores quieran experimentar sólo ese tipo de emociones identificatorias una y otra vez, de manera cada vez más depurada (a eso se le llama estilo), no quiere decir, o no tiene que decir, que no sea legítimo o deseable que otros lectores busquen y produzcan otro tipo de emociones, llamémoslas desidentificatorias para mantener la simetría del argumento. ¿Será posible pensar que no todos los lectores van hacia el libro para enunciar el ¡eureka! proverbial del sí mismo y que existen aquellos deseosos de ver a otro desconocido en el espejo turbio y artificial de la página?

Me intriga, por cierto, que no pocos críticos y, de hecho, algunos escritores se manifiesten a favor de estrategias de escritura que ocultan a la escritura. Tersa superficie, dicen. Que no se note la costura, dicen. ¡Tan real que parezca la vida misma! Me intriga, claro, porque usualmente lo que tenemos, lo ineludible, de hecho, es “la vida misma” y vamos (porque no creo ser la única ciertamente) hacia los libros no sé si por algo más allá o por algo más acá, pero sí en definitiva por otras cosas (nótese el plural).

--crg

Monday, November 02, 2009

IF YOUR DESIRES ARE NOT EXTRAVAGANT THEY WILL BE GRANTED. IF THEY ARE EXTRAVAGANT...

FORTUNE COOKIES: A SEMI-NARRATIVE



Nightime, at home. Under November´s full moon.

--crg

Sunday, November 01, 2009

LUCK IS COMING YOUR WAY

FORTUNE COOKIES: A SEMI-NARRATIVE (PREPARED EXCLUSIVELY FOR YOU)

Guidelines:
a) Buy a bag of fortune cookies and take it with you at all times.
b) Crack one open every time you eat: be it a sandwich, a fruit, a piece of cake, a soup.
c) Take a picture of each message.
d) Post.
e) Let us see what narrative (which is a fortune) has in store for you!



At a restaurant, nightime.

--crg
ORÁCULO

Con la mano derecha:
José María Sicilia, La luz que se apaga, 1977 oil and wax on wood, 252 x 122 cm. This flower is suspended in the light like a bird in its own song, and eyelid of pink velvet, when you caress it, it produces a miracle, she is still glowing, her radiance is mineral, she will soon liquefy, her eyes will fold up again, the outer world and her will just be a blurry mass of ever-changing colors, What difference does it make? It will be an exhalation, a veil through which we continue to see, but that we no longer consider.

b. Madrid, Spain, 1954. Lives and works in Mallorca, Spain, and Paris, France.


Con la mano izquierda:
Sophie Calle, Les Dormeurs (The Sleepers), 1979, 176 gelatin silver prints and 23 text panels, each 6 1/2 x 8 1/2 iches (22.9 x 20.6 cm); plus text panel: 11 1/2 x 9 inches (29.2 x 22.9 cm); overall: 62 3/4 x 212 1/2 inches (159.4 x 539.8 cm), edition of 5 (French) and 5 (English). I asked people to give me a few hours of their sleep. To come and sleep in my bed. To let themselves be looked at and photographed. To answer questions. To each participant I suggested an eight-hour stay. I contacted 45 people by phone: people I didn´t know and whose names were suggested to me by common acquaintances, a few friends, and neighborhood residents whose work called on them to sleep during the day (the baker, for example). I intended my bedroom to become a constantly occupied space for eight days, with sleepers succeding one another at regular intervals. Twenty-nine people finally accepted. Of these, five never showed up: an agency baby-sitter and I took their places. Sixteen people refused either because they had other commitments or the thing didn´t agree with them. The occupation of the bed began on Sunday, April 1, at 5:00 pm and ended on Monday, April 9, at 10 am. Twenty-eight sleepers succeeded one another. A few of them overlapped with each other. Breakfast, lunch, or dinner was served to each depending on time of day. Clean bedsheets were placed at the disposition of each sleeper. I put questions to those who allowed me--nothing to do with knowledge or fact-gathering, but rather to establish a neutral and distant contact. I took photographs every hour. I watched my guest sleep.

b. Paris, France, 1953. Lives and works in Malakoff, France and New York, NY, USA.

Francesca Richer and Matthew Rosenzweig, eds., No. 1. First Works by 362 Artists, 346, 70-71.

--crg
NOCTURNEAR



[Disculpe las molestias que esta obra le ocasiona. Mujer trabajando en El disco de Newton. Siete ensayos sobre el color]

--crg

Saturday, October 31, 2009

Friday, October 30, 2009

OUT OF THE BLUE



I regret to inform you that the book is taking shape as you read.

In What is the Color of the Sacred?, Michael Taussig recalls that "shamanic songs the world over often use archaic and bizarre terms." Then, he asks: "Could we dare think of color the same way? As that which is at odds with the normal, as that which strikes a bizarre note and makes the normal come alive and have transformative power?" Then, with a fleeting smile perhaps, he adds: "(Just a thought)."

Parentheses, which always occur in pairs, set off strong or weak interruptions, offer strange alternatives, take readers to impromptu asides, and most generally replace winks.

Wittgenstein once famously claimed that colors spur us to philosophize.

A true thought usually takes shape within parentheses (two).

Isaac Newton, the man who perceived himself to be "just like a boy playing on the sea-shore," understood rainbows.

So did Cildo Mireles, incidentally.

A thought is, of course, a taking-of-shape plus color. This within the pause of consciousness represented by parentheses (two), otherwise known as the space of emotion.

Dorothy, the red-shoed one, knew about them also.


--crg
OUT OF MYSELF



If the theory is correct that feeling is not located in the head, that we sentiently experience a window, a cloud, a tree not in our brains but, rather, in the place where we see it, then we are, in looking at our beloved, too, outside ourselves.

Walter Benjamin, One-Way Street

--crg
LAS LECTURAS DE GAEL

Where are you living at the moment?
I’m in Madrid but my books are in Mexico, so that’s a clear sign of where I live.

Which books are those?
Off the top of my head, I remember a novel by a Mexican writer, Cristina Rivera Garza, La muerte me da (Death Hits), and The Odyssey, (which) I’d never read as is, only excerpts. And it’s amazing, a wonderful journey.

The entire interview with this fine young man of exquisite reading taste in: http://www.americareadsspanish.org/amigos.aspx?amigo=74

--crg

Thursday, October 29, 2009

ORÁCULO

Con la mano izquierda:
Una voz clama en el desierto

Con la mano derecha:
La lucha terminó

One Faith/Una Voz, libro de himnos sobre una banca dentro de la iglesia de San Patricio

--crg
PRONUNCIAR LA E-WORD

Se le declara muerta a cada rato, se le saca la lengua y se le jalan las trenzas, se dice incluso que existió pero que ya no, en fin que pocas veces se habla así de la escritura experimental en el contexto de la producción contemporánea en español: http://www.jorgecarrion.com/blog/2009/10/25/aire-nuestro-y-nocilla-lab/#comments.

--crg
HEATHCLIFF C´EST MOI

Desde hace ya un tiempo acostumbro comprar libros en el aeropuerto cuando salgo de viaje. Así, en lugar de imponer mi lista de lecturas sobre el espacio fluctuante de los pasajeros, me acostumbro a su paso y leo lo que, según las ventas o las promociones, "todo mundo está leyendo". Así leí, aunque tardíamente, La reina del sur de Pérez Reverte. Así también leí, en un vuelo más corto, el libro que Julio Scherer escribió sobre la Reina del Pacífico. Pero el viaje desde San Diego hasta Nueva York es de cinco horas más o menos, así que me envalentoné y en lugar de optar por los best-sellers del momento, me dirigí con orgullo al estante de los clásicos de Penguin. Así fue como finalmente leí de cabo a rabo Wuthering Heights de Emily Brontë.

Sabía el tema, por supuesto. En alguna clase de literatura de mujeres de seguro habré leído un capítulo o dos. Creo recordar haber visto alguna escena en alguna ya olvidada película. Pero leer lo que se dice leer las famosas Cumbres Borrascosas, eso no lo hice sino hasta ayer.

!Qué bárbara la señorita Brontë!, esa fue, en resumen, mi primera reacción. Y la primera reacción empezó más o menos en el capítulo V, sólo para ir aumentando en frecuencia y en volumen a medida que avanzaba la novela. Para cuando Heathcliff pronuncia su famoso discurso justo después de la muerte de Catherine ("Catherine Earnshaw, may you not rest, as long as I am living! You said I killed you--haunt me,then!), yo ya estaba dispuesta a declarar lo que aquel francés dijo de una adúltera que tenía problemas con el dinero: !Heathcliff soy yo! Algo que, por cierto, Catherine ya había dicho mucho antes, cuando le confesaba a Nelly la pasión acaso ilícita, en todo caso transgresora en términos de clase, que sentía por su compinche, su compañero de juegos y libertad en las borrascosas cumbres: "he is more myself than I am. Whatever our souls are made of, his and mine are the same".

Pero todo eso, todos esos discursos que siguen funcionando tanto hoy como a mediados del siglo XIX, serían poco, o no serían de plano, sin la estructura complejísima de la novela: su larga y, sin embargo, clara cronología; los cambiantes puntos de vista; la exploración del modo indirecto; los narradores anti-hegemónicos y francamente cambiantes, por no decir traicioneros; la serie de identificaciones y des-identificaciones (no habríamos dicho eso entonces, claro está) que oscilan entre clases y géneros. Ah, la pasión!

¿Será cierto que, como dice Catherine, todos los males de las señoritas empiezan cuando dejan de andar de salvajes en el campo? Dice ella: "Oh, I´m burning! I wish I were out of doors-- I wish I were a girl again, half savage and hardy, and free... and laughing at injuries, not maddening under them!"

Ah, la pasión!

--crg
NEW YORK, NEW YORK

América Latina: Nueva literatura de extremo occidente
A roundtable with Mayra Santos Febres, Jorge Volpi, Fernando Iwasaki, Edmundo Paz Soldan and Cristina Rivera Garza
The Americas Society
Octubre 29, 2009
7:00 pm

Ahí los esperamos!

--crg

Wednesday, October 28, 2009

ORÁCULO


a) Con la mano izquierda:

The redness
of red,

the sad way light
whitesides the tops of stems.

Duration, for instance,
is eerie.


b) Con la mano derecha:

Dialogue excuses the creature. Pearls perch on crinkled lobes. At daybreak the old palm looks reptilian. Razor backed, then sabertoothed. Though a burning log does form a strange landscape, nothing that glows can be called desolate. Metatron is called the scribe of heaven. Recorded songs refer to dreams. This blasted backlot is of no account. Then she caught sight of something not exahusted by its name.

Rae Armantrout, Veil, 98, 43.

--crg

Tuesday, October 27, 2009

DESPARPAJAR



[Disculpe las molestias que le ocasiona esta obra. Mujer trabajando en El disco de Newton. Siete ensayos sobre el color]

--crg
LAS NOCHES (Y LOS DÍAS) DE LENTEJUELAS



Gloria Trevi dixit

Faltaba más!

--crg
READING AT UCSD TODAY



Pablo Sáinz will read from his new book: Mica chueca
Q&A bilingual

Institute of the Americas Complex/US-Mexico Center
University of California, San DIego
5:00 pm

--crg
NOTAS SOBRE CONCEPTUALISMOS

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

Suele hablarse de la escritura conceptual como de un movimiento literario propio del siglo XXI. Tal vez lo sea. Lo que sí es, en todo caso, es una conversación ineludible para aquellos implicados directamente en el quehacer escritural del aquí y el ahora. De ahí la necesidad de traducir al español los jeroglíficos teóricos (así los llama la crítica Mary Nelly) que Vanessa Place y Robert Fitterman, ambos escritores norteamericanos avecinados en el sur de California, conjuntaron en un librito azul con el que se puede o no estar de acuerdo, pero que sin lugar a dudas trae a crítica colación los aspectos más recónditos y los más políticos que le competen al escritor contemporáneo. Esta es una traducción en entregas, pues, de Notas sobre conceptualismos (Ugly Duckling Presse, 2009).

1. La escritura conceptual es alegórica

1.a. La alegoría se caracteriza por el uso de la metáfora extendida, la personificación, los significados paralelos, y la narrativa. Las alegorías simples usan paralelismos simples; las alegorías complejas, paralelismos más profundos. Existen otros significados en el “pre-texto” alegórico, tales como las condiciones culturales dentro de las cuales se produce la alegoría. La escritura alegórica es una escritura de su tiempo, una que dice de manera oblicua lo que no puede ser dicho de directamente, por lo regular debido a regímenes políticos represores o a la naturaleza sagrada del mensaje. En este sentido, la alegoría depende del lector para completarse (aunque por lo regular tiene una superficie transparente o literal). De manera típica, la alegoría se basa en un lenguaje figurativo o lenguaje-imagen. El libro de Angus Fletcher, Allegory: The Theory of a Symbolic Mode, argumenta que su alto sentido de lo visual resulta en una stasis.

Walter Benjamin, Paul de Man, y Stephen Barney identificaron la reificación que la alegoría hace de las palabras y los conceptos, habiéndoles dado un mayor peso ontológico a las palabras en tanto cosas.

En la alegoría, el autor-artista utiliza un amplio abanico de posibilidades—encontradas y creadas— para hacer del mundo un collage que se haga paralelo a la nueva producción (colectiva) de objetos como mercancías.

Las palabras son objetos.

Nótese que la alegoría difiere del simbolismo en que el simbolismo deriva de una Idea, mientras que la alegoría construye una idea. Las imágenes coagulan alrededor de una Idea/Símbolo; pero las imágenes salen por la borda de la noción alegórica. El trabajo del trabajo es crear una mediación narrativa entre la imagen o “figura” y el significado. Goethe creía que esto quería decir que la escritura alegórica era fundamentalmente utilitaria (y por lo tanto que le pertenecía a la prosa; mientras que el simbolismo era más “poético por naturaleza”).

Nótese el potencial para el exceso en la alegoría. Nótese la premisa del fracaso, de la impronunciabilidad, del agotamiento antes incluso del inicio.

La escritura alegórica es necesariamente inconsistente, puesto que contiene elaboraciones, recursos, sub-metáforas, conceptos fictivos, proyecciones, y modos de hacer que se combinan y se recombinan para crear el todo alegórico, así como para también amenazar discursivamente ese todo. En este sentido, la alegoría implica el Primer Teorema de la Incomplitud de Göedel: si es consistente, es incompleto; si es completo, inconsistente.

Toda escritura conceptual es alegórica.

2. Nótese que las asociaciones pre-textuales asumen entendimientos post-textuales. Nótese que la narrativa puede significar una historia relatada por la escritura alegórica misma, o una historia relatada pre- o post-textualmente, acerca de la escritura misma o en la escritura misma.

2a. La escritura conceptual media ente el objeto escrito (que bien puede o no ser el texto) y el significado del objeto al enmarcar a la escritura como un objeto-figura para ser narrado.

La narratividad, como el placer, es subjetiva en el predicado y objetiva en la ejecución (i.e., “el objeto de estudio”). De esta manera, la escritura conceptual produce su propio objeto, el cual produce su propia desobjetificación.

2.b. En la escritura alegórica (que incluye tanto a la escritura conceptual como a la apropiación), la prosodia va y viene entre la atención micro al lenguaje y las macro estrategias del lenguaje, i.e., el uso de fuentes materiales para contextualizar y mezclar. El énfasis se desplaza de la producción a la post-producción. Esto puede involucrar un cambio que va del material de la producción al modo de la producción, o la producción de ese modo.

Si el barroco está un extremo dentro del espectro conceptual, y la apropiación pura en el otro, con la forma impura o híbrida en el centro, el énfasis puede ser visto de la siguiente manera:

Producción Modo Material Post
Apropiación pura + +
Híbrido/impuro + + +
Barroco + +

2c. Nota: La naturaleza alegórica de la escritura conceptual se complica aún más puesto que en mucha de la escritura alegórica la palabra escrita tiende hacia las imágenes visuales, creando así imágenes escritas u objetos, mientras que en algunas escrituras conceptuales muy miméticas (i.e., altamente replicativas) la palabra escrita es la imagen.

Nota: No hay distinción ética o estética entre la palabra y la imagen.

2d. Sófocles aspiraba a un lenguaje verdadero en el que las cosas fueran ontologicamente nominales. Esto es verdad tanto en la ficción como en la historia.

Ficción queriendo decir poesía.
Poesía queriendo decir historia.
Historia queriendo decir el estado futuro del haber sido.

Este es el trabajo de Gertrude Stein en The Making of Americans.

2e. En su ensayo “Signos subversivos”, Hal Foster remarca que el artista de la apropiación (visual) es “un manipulador de signos más que un productor de objetos de arte, y el espectador un lector activo de mensajes en lugar de el pasivo contemplador de una estética o el consumidor de un espectáculo”.

Nótese que el “más que” y el “en lugar de” dejan ver una cierta creencia en la segregación o posible segregación de estos conceptos; el conceptualismo entiende que éstos van unidos.

Nótese que en el trabajo post-conceptual no hay distinción alguna entre la manipulación y la producción, objeto y signo, contemplación y consumo. La interactividad ha resultado tan banal como un crucero de Disney o tan activa como una campanita de Pavlov.

--crg

Monday, October 26, 2009

NO

No, no he mandado ningún teddy.
No, no tengo facebook.
No, no uso twitter.

Por si ha quedado alguna duda:

No, no he mandado ningún teddy.
No, no tengo facebook.
No, no uso twitter.

Coda: Y no, este no es un poema experimental.

--crg
VAPULEAR



[Disculpe las molestias que le ocasiona esta obra. Mujer trabajando en El disco de Newton. Siete ensayos sobre el color]

--crg

Sunday, October 25, 2009

FESTINES DE LA INFANCIA

El sabor a gis, primero sobre la lengua y, luego, desmoronado entre las muelas.

El olor a gasolina, esa cosa industrial.

El sabor de la limonada caliente y con sal acompañada de una aspirina molida.

--crg
LÍRICA Y CONFESIONAL

Fui una niña meditabunda, una adolescente juiciosa, una madre disciplinada
ahora soy una mujer que come bien y escribe por las mañanas
(entre una cosa y otra fui una amante distraída y una profesionista de cierto éxito).

--crg