Monday, April 17, 2017

AURA. In Search Of...



Una colaboración entre Moores Opera House y escritores del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Houston. No se lo pierdan.

--CRG

Sunday, April 16, 2017

AUTOBIOGRAPHY OF COTTON: UNIVERSITY OF KANSAS

LAWRENCE —The heart-wrenching narratives and testimony of Mexican cotton farmers are the subjects of a lecture by renowned Mexican author, poet and scholar Cristina Rivera Garza.
The University of Kansas Department of Spanish & Portuguese will welcome the award-winning author of six novels, three collections of stories, five collections of poetry and three nonfiction books to give a talk about her most recent project, which explores the history of marginalized cotton farmers who eventually suffered from exhaustion of resources, internal migrations and rampant narcoviolence. 
One of the foremost writers in the Spanish language, and one of the most interesting experimental writers in America, Rivera Garza will present “The Autobiography of Cotton: Documenting Writing and Crónicas from the Border,” tracing the history of cotton in North America with the focus of its role in Mexican history. Her lecture will ask and answer questions such as: What happened to the cotton industry after the abolishment of slavery in the U.S.? Who is exploited to provide us something to wear? What are the real costs of our jeans and T-shirts?
Rivera Garza, distinguished professor of Hispanic studies, was born in Matamoros, México, and has lived in the U.S. since 1989. She studied urban sociology at the National Autonomous University of Mexico and received her doctorate in Latin American history from the University of Houston. In 2012, she received a doctorate in Humane Letters Honoris Causa from the University of Houston, where she directs the Spanish Creative Writing Program. She is the recipient of, among other awards, the Roger Caillois Award for Latin American Literature (Paris, 2013) as well as the Anna Seghers (Berlin, 2005) and International Sor Juana Inés de la Cruz awards for her novel "No One Will See Me Cry" (University of Northwestern Press, 2001).
The lecture will take place from 4:30-6:30 p.m. Monday, April 17, in the Forum of Marvin Hall. A reception with light hors d’oeuvres and refreshments will be held in the Flex Space of Marvin Hall before the lecture. The event is open to the public.
For more information, please contact Alexandria Fraser at 785-864-3851 or spanport@ku.edu.

--CRG

Thursday, April 13, 2017

LAS ESTÉTICAS DE LA DESAPROPIACIÓN Y SUS POLÍTICAS

Nos vemos este viernes 14 de abril en UCLA a las 5:15 pm. El tema: Las estéticas de la desapropiación y sus políticas.

Me dará un gusto enorme verlos por ahí, Losangelinos.

--crg

Monday, April 10, 2017

RULFO O EL ÁNGEL MEXICANO DE LA HISTORIA


Roberto Sánchez Benítez escribió "Rulfo o el ángel mexicano de la historia" para Letras de Cambio, suplemento cultural del periódico Cambio de Michoacán:


Porque a fin de cuentas, lo que verdaderamente importa no es lo que uno piensa, sino lo que uno no sabe siquiera que pasa por la cabeza. Eso es ensoñar, ¿qué no? O eso es escribir.
                                     Cristina Rivera Garza

I

Haciendo caso omiso de esa leyenda negra que ya pesa sobre Rulfo en el sentido de que casi no hay cosa nueva que se pueda decir sobre él y su obra, a estas alturas,  Cristina Rivera Garza desafía cualquier certidumbre en este sentido y ofrece, con su libro más reciente, Había mucha neblina o humo o no sé qué (Penguin Random House, México, 2017)[1], una intervención creativa sobre una obra que, según ella misma confiesa, le ha acompañado desde los primeros instantes en que comenzó a leer y escribir. Relación escritor-lector que incluso califica de sagrada, ya que se establece fuera de toda obligación y vigilancia. Se trata de la comunión de la palabra por sí misma hacia sí mismo; construcción de la palabra en el espacio de la alteridad o en la ajenidad de sí mismo como otro.
Lo que ella lleva a cabo es, en efecto, una recreación, que es una lección de (des)apropiación[2] de una obra que debe estar leyéndose constantemente, en este caso y de manera muy especial, a partir de las circunstancias que rodearon al autor de Pedro Páramo (1955) como fueron sus oficios para ganarse la vida. Así, “lo que pasa es que yo trabajo”, resulta ser una de las expresiones que Rivera selecciona de una entrevista que se le hizo a Rulfo en 1983, y que le parecerá muy sintomática para su análisis. Trabajos enmarcados en el periodo del llamado “milagro económico mexicano” (de los años 30s a los 50s del siglo pasado). Pero también, la autora lleva acabo un sugerente y revelador experimento que consiste en instalarse en la ficción rufiana y con ella seguir los pasos por la estética de la tierra y el paisaje, por el rostro de la gente y el eco de sus voces, alegrías y esperanzas con el objeto de encontrarse en el futuro adelantado de sus textos, haciéndole crear guiños cuyo sentido la futura lectura será capaz de comprender.
No hay límites de figuración para una capacidad narrativa como la de Rivera Garza, quien se propone algo más que una recreación de Rulfo y sus circunstancias, como lo es recorrer los caminos andados como empleado de la Goodrich-Euzkadi, o del trabajo en la Comisión del Papaloapan o finalmente en una oficina editorial del Instituto Nacional Indigenista,  sino también tomar en cuenta testimonios de gente que lo conoció por la sierra de Oaxaca (donde de hecho se encuentra un lugar llamado “Luvina”, y donde todavía se le vincula al movimiento de desplazamiento que sufrieron los pueblos a raíz de las obras hidráulicas de dicha Comisión[3]), así como haciendo uso del recuerdo imaginativo de las fotografías que tomó de esos lugares agrestes, intercalando aquí y allá frases rulfianas que suenan de nuevo a otra cosa, que vuelven a nacer con el hechizo de quien las recuerda (la palabra es de quien la trabaja y ara con ella la tierra fértil de los sueños), con la emoción de quien se transporta con ellas por el camino de la intimidad, el silencio, las nubes, el canto elocuente de los ríos, las voces que, como sombras, son también sospechosas de vida.



[1] Expresión evidentemente rulfiana dicha por el personaje Miguel Páramo cuando confiesa haber perdido a su amada en Contla y que no corresponde sino a la visión que tiene de la entrada al mundo de los muertos (Juan Rulfo, Pedro Páramo, México, Editorial RM y Fundación Rulfo, 2016, p. 25). Las apariciones de este personaje en la vida de Eduvigues parecieran haber sido el modelo que tenga Prudencio Aguilar con Úrsula en Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Rivera Garza destaca dos párrafos en los que se encuentran similitudes casi absolutas en estas dos grandes obras literarias. El rulfiano corresponde a la noche en la que el padre Rentería no puede dormir, que es cuando muere Miguel: “El padre Rentería se acordará muchos años después de la noche en que la dureza de la cama lo tuvo despierto y después lo obligó a salir. Fue la noche en que murió Miguel Páramo” (92); el otro es, por supuesto, el meteórico inicio de la novela de García Márquez: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.”
[2] Como se sabe, la autora tiene todo un libro dedicado al análisis de estas estrategias “que se mueven hacia lo propio y hacia o ajeno en tanto ajeno, rechazando necesariamente el regreso a la circulación de la autoría y el capital, pero manteniendo las inscripciones del otro y de los otros en el proceso textual.” Se trata, a fin de cuentas, de escrituras, cuyo ejemplo es su ensayo sobre Rulfo, “que exploran el adentro y el afuera del lenguaje, es decir, su acaecer social en comunidad, justo entre los discursos y los decires de los otros en los que nos convertimos todos cuando estamos relacionalmente con otros.” (Cristina Rivera Garza, Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación, México, Tusquets, 2013, p. 25).
[3] Tlacotalpan, Veracruz, es una de las poblaciones mágicas y legendarias que sigue siendo afectada por el desbordamiento de este río caudaloso.


Artículo completo aquí.

--crg

Sunday, April 09, 2017

HABÍA MUCHA NEBLINA


Gabriel Wolfson escribió "Montones de indios" en Crítica, abril 9, 2017

Pero es en el capítulo iii, “Angelus novus sobre el Papaloapan”, donde acecha, para mí, la principal audacia del libro, un aporte tan discreto como feroz, un trastrocamiento que, quiero pensar, impedirá volver a leer a Rulfo igual que hasta ahora, como siempre, con devoción y sin problemas. El punto de partida es la comprobación de que, en sus dos empleos de ese período (como agente de la Goodrich-Euskadi del 47 al 52, y como funcionario de la Comisión del Papaloapan del 55 al 57, mediando el paréntesis de la beca del Centro Mexicano de Escritores con la que escribió sus libros), es decir, del período de la modernización por decreto de Alemán y Ruiz Cortines, Rulfo visitó ciertas comunidades indígenas de Oaxaca no “como un observador empático e interesado” sino como “parte de la punta de lanza de la modernidad corrupta y voraz que, en nombre del bien nacional, desalojaba y saqueaba pueblos enteros para dejarlos convertidos en limbos poblados de murmullos”. Tras su investigación minuciosa,[1] Rivera Garza puede dar entonces con la imagen conmovedora, fría, angustiosa, de Rulfo como el ángel de la Historia de Klee-Benjamin: ese señor Pérez en el tránsito de convertirse en Rulfo que contempla melancólico, abatido, hipnotizado, los pueblos hechos ruinas, las costumbres fulminadas, las vidas aplastadas que quedan atrás, mientras, con entusiasmo y esperanza, comparte lugar en la avanzada del progreso priísta. De lo primero, de la fascinación y tristeza rulfianas por las ruinas no había desde luego más que evidencias; de lo segundo, de la pueril ingenuidad de su mirada, del paternalismo, la condescendencia, la displicencia, el oficialismo, la ambigüedad, la comodidad, la simpleza de su mirada sobre las comunidades indígenas que visitó, no se había dicho en cambio prácticamente nada.
En esas páginas descansa el enorme poder del libro de Rivera Garza, páginas que no tienen que ver con el previsible morbo de la acusación, entre otras cosas porque no se trata del hallazgo de un documento extraordinario, que lleve por ejemplo a develar el pasado vergonzoso o indigno de tal aforista o de tal psicoanalista. Lo que hace Rivera Garza es ordenar mejor los materiales rulfianos que ya existían, relacionarlos con otras fuentes también disponibles pero que los críticos no habían querido o sabido atender, y leerlos de cierta manera, hacerles las preguntas indicadas –aquellas que desde nuestra admiración a Rulfo normalmente no queremos plantear–, preguntas que, una vez que hacen hablar a los textos –y a los gestos, los movimientos, las decisiones–, se abren a más preguntas...

El artículo completo aquí.

--crg

Friday, April 07, 2017

CARTA A LOS LECTORES


CARTA A LOS LECTORES:


Hay muchos años de trabajo y cariño detrás de Había mucha neblina o humo o no sé qué. Más que un libro sobre Rulfo—lo he dicho ya varias veces en presentaciones y entrevistas—un libro que, moviéndose alrededor o a través de Rulfo, invita al lector a tocar el territorio de un país en vilo. Así es: uno piensa que va en busca del pasado y lo que encuentra a cada rato es esa cara a la vez irresuelta y esperanzada, precaria y atroz, del presente. Y, ahí, entre el pasado y el presente, y al revés, queda la niña que, gracias a las políticas culturales de la educación pública, se enfrentó por primera vez a Juan Rulfo. Y la adolescente que regresó una y otra vez, con iguales dosis de curiosidad y de asombro, a sus libros y fotografías. Y, también, la escritora que, para compartir un duelo íntimo, un buen día terminó El día en que murió Juan Rulfo. Ese cuento. Y la que fue fraguando ese diálogo en voz baja con Rulfo a través de artículos en La mano oblicua (la columna que tuve en el periódico Milenio por 7 años). Y la que empezó, y todavía no termina, ese ejercicio de re-escritura que es Mi Rulfo mío de mí (ahora en tumblr).

En este libro están, pues, las huellas de esas muchas lecturas de Rulfo, y las lecturas sobre otras lecturas de Rulfo, los momentos felices de los hallazgos de archivo, la respiración entrecortada en las crónicas de viaje, los cuentos (que son en realidad desvíos), los poemas, el artículo de investigación, las intervenciones textuales—porque para abarcar algo tan complejo uno tiene que recurrir a todo lo que sabe y todo lo que intuye—que han ido marcando el itinerario de una relación larga, tan larga como la vida. Se trata de una relación a la que no dudo de calificar de sagrada: una lectora y un texto. Nada más; nada menos. Aposté ahí, en ese libro, a la escritura en plural, una escritura que se vale por igual de las herramientas de la investigación histórica o de los métodos de la etnografía, así como de las estrategias propias de la ficción, para construir un texto colindante, entre géneros, con/ficcionado en compañía de tantos otros y otras. Sigo pensando que el libro comunalista es posible. Que es deseable.

El presidente de la Fundación Rulfo ha calificado a Había mucha neblina o humo o no sé qué como un libro “difamatorio.” Yo discrepo de su opinión, por supuesto. Pero no puedo pedirles a ustedes, los lectores, que piensen como yo de manera acrítica o por imitación o por simpatía. He pasado ya muchos años dando clases, comprometida con pedagogías dinámicas y contestatarias donde lo que cuenta es la producción de pensamiento y práctica crítica. Nunca les he pedido a mis grupos que piensen como yo, sino por el contrario, los invito a que juntos, con base en lecturas cuidadosas y compartidas, y a partir de una relación que siempre incluye ese ir y venir de todo diálogo, vayamos compartiendo y cotejando argumentos y evidencias para formar comunidades vivas, alertas a los retos del presente. Sigo convencida de que así, por estas vías, seremos capaces de ir formando colaborativamente alguna opinión propia. Por eso es que invito a los lectores que ahora me preguntan sobre la calificación emitida acerca de Había mucha neblina o humo o no sé qué que no se distraigan, que confíen en sí mismos: abran esa puerta, sí, y entren en el libro. Lean, cotejen, comparen, contrasten, regresen, subrayen, anoten, debatan, si fuera de su interés, disientan, si ese fuera el caso. Las páginas son todas suyas. Supongo que es así que los libros van armando sus propias esferas de afecto.

Es necesario leer más, y no leer menos, a Rulfo, ciertamente, y a tantas otras también. En momentos en que la diseminación de pensamiento crítico se paga a menudo con la vida, como es el caso de tantos periodistas asesinados en México; en momentos en que las políticas neoliberales continúan arrasando con cualquier forma de existencia y pensamiento libertario, es más importante que nunca alzar la voz cada vez que la fuerza del autoritarismo y la ley de la ganancia máxima trata de promulgar e imponer una versión—su versión—por sobre las múltiples versiones de las cosas. En Había mucha neblina o humo o no sé qué ofrecí—tal vez debería decir: me atreví a ofrecer—a mi Rulfo mío de mí: uno entre los muchos otros que ya existen y entre los otros tantos que seguirán existiendo si continuamos con su lectura. Mi Rulfo mío de mí que no intenta ni sustituir al tuyo ni eliminarlo, sino más bien multiplicarlo, expandirlo. La lectura como ejercicio de producción y práctica creativa (y no como un mero acto de consumo). La lectura como esto que me acerca a ti, ahora mismo, para seguir platicando hasta la madrugada.


Muchas gracias.

Cristina Rivera Garza

También pueden leer esta carta aquí. 

--crg



Sunday, February 26, 2017

ENTREVISTA Y TRADUCCIÓN DE JULIE CARR

JULIE CARR: LA POESÍA EN EL CONTEXTO DEL HORROR
Revista de la Universidad, Febrero 2016


Nacida en 1966 en Cambridge, Massachusetts, Julie Carr se dedicó a la danza antes de hacer de la poesía su principal interés creativo. Actualmente se desempeña como profesora en la Universidad de Colorado en Boulder. Sus libros 100 Notes on Violence y Rag han recibido un notable aplauso crítico. Cristina Rivera Garza, la autora de Los textos del yo, conversa con ella y presenta en español algunos de sus poemas.

La poeta norteamericana Julie Carr (Massachusetts, 1966) publicó no hace mucho un libro doloroso y contundente: 100 Notes on Violence (Ahsahta, 2009). Más recientemente, su libro Rag (Omnidawn, 2014) ha sido aclamado como ejemplo de una rara lírica cívica en la que caben por igual la diatriba de la política y los refranes de la música pop, episodios enteros de cuentos de hadas o de películas que todos recordamos, y la queja o el insulto de nuestros días. Todos ellos, todos estos pedazos de lenguaje, son levantados o revueltos, según sea el caso, con este Andrajo verbal que mucho tiene de cuerpo y más de duelo. No olvidemos que en inglés, tanto como en español, el andrajo puede ser tanto un objeto —un trapo, un pedazo de tela vieja, gastada y sucia— como una persona, pero en inglés el contenido de género es ineludible: se describe así al periodo menstrual en el lenguaje cotidiano, en efecto. En inglés, aunque no en español, ese rag puede ser también una diatriba sorda, un incesante regaño, una molestia continua. Tal vez no exista mejor momento para presentar los variados y a veces terroríficos componentes de este Andrajo en traducción al español —ahora que a la desaparición forzada de 43 estudiantes de Ayotzinapa y esta acumulación de atrocidad sobre atrocidad contra civiles que ha sido la así llamada guerra contra el narco, se le suma la toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos―. ¿Cuál es la relación entre el lenguaje, con mayor precisión: de la poesía, con la violencia?  ¿Qué es lo que puede hacer, si es que puede hacer algo, la poesía en el contexto de horrísona violencia que nos circunda? Estas son las respuestas de Julie Carr. 

Hay tantas maneras de contestar estas preguntas. Una forma de empezar podría ser diciendo que la poesía cuenta historias que necesitan ser dichas, que puede ser descriptiva de maneras especialmente impactantes, y con frecuencia, así lo veo yo, verdaderas. Pero para mí es mucho más que eso. La poesía es mucho más que una forma condensada del reportaje y es más, también, que un recuento personal o subjetivo de eventos. Porque la poesía lleva al lenguaje hasta sus propios límites de comunicación, y a veces más allá de esos límites, la poesía paradójicamente revela verdades que el lenguaje cotidiano oculta. Lo que hace poesía a la poesía (otra vez desde mi punto de vista) es que desestabiliza el discurso normativo. A través de rupturas gramaticales, utilizando el ritmo y el sonido, por medio del juego sintáctico o el arreglo visual sobre la página, a través del rechazo o la postergación del significado semántico, la poesía dice historias que no pueden ser dichas, historias en las cuales el decir narrativo es, de hecho, una especie de mentira.

Al contrario del discurso cotidiano o la retórica grandilocuente de la política, la poesía se mueve hacia esos lugares donde residen las emociones no dichas y las indecibles también. Yo no creo que los poemas nos consuelen o nos protejan de la violencia, pero sí pienso que nos ofrecen una oportunidad de conectarnos con la rabia, el miedo y el pesar que la violencia produce. Y los poemas hacen esto de una manera categóricamente distinta a cualquier otra forma de discurso: haciéndole señas a lo no dicho y a lo indecible al mismo tiempo. 

La gran poeta canadiense M. Nourbese Philip, quien escribió el importantísimo libro Zong! acerca de la masacre de casi doscientos africanos que viajaban en un barco de esclavos, cuyo nombre era Zong, habla de la imposibilidad misma de decir esa historia. Y no puede ser dicha porque la gente a la que pertenece esa historia no puede decirla y porque sus voces y sus nombres nunca fueron registrados de manera alguna. Pero tampoco puede ser dicha porque no hay forma alguna de narrar el mal humano. El mal nos silencia. La poesía es una manera de hacer hablar a ese silencio.

En su ensayo “Violencia, política, y duelo”, Judith Butler escribe: “Propongo tomar en consideración esa dimensión de la vida política que tiene que ver con nuestra exposición y nuestra complicidad con la violencia, con nuestra vulnerabilidad ante la pérdida y la tarea del duelo que la sigue, y con encontrar los fundamentos para construir comunidad en esas condiciones”. Para mí, la poesía nos conecta a esas condiciones —exposición, complicidad, vulnerabilidad y duelo―. Así, si consideramos seriamente la propuesta de Butler, y yo creo que debemos hacerlo, la poesía y las artes en general serían imprescindibles en nuestra vida política. 

Después de la masacre de Newtown aquí en Estados Unidos, no pude escribir nada. Pensé que no existía poema alguno que pudiera hacerle justicia al horror de ese día. Todavía creo que eso es verdad. Ningún poema puede hacer justicia ya sea al horror ante los estudiantes masacrados, o de tantos otros que han sido asesinados. Pero la poesía tiene que hablar de estas cosas. No hablar de ellas sería escribir una poesía de mentiras, y luego entonces estaríamos usando al poema para hablar entre nosotros sobre nuestra mutua incapacidad de decir. Yo creo que esto es importante. Nuestra compartida perplejidad, nuestro trauma, nuestro sufrimiento —estas cosas encuentran su expresión en poemas (y en otras formas de arte también)―. No creo que sea suficiente. También creo que la protesta directa y la resistencia son necesarias, como son necesarios cambios radicales en los sistemas políticos en los que vivimos (la masacre de Newtown era política también, no sólo por la ideología política del asesino —ese hombre era un demente— sino por el sistema cultural que le dio acceso a las armas). Pero la poesía es la voz del sentimiento colectivo, y justo eso es lo que necesitamos para unirnos, para luchar contra la indiferencia, para recordar nuestra misión compartida, que es proteger la vida, darnos consuelo los unos a los otros, y ser valientes. Incluso cuando la escritura parece imposible, todavía existe la lectura y la re-escritura de las palabras de los otros. Esta re-escritura me ha parecido, con frecuencia, una tarea necesaria —una especie de autodidactismo―. La re-escritura puede ser una forma de escuchar a otros poetas que, desde otros lugares y en otros tiempos, han enfrentado también terribles pérdidas pero han sobrevivido para escribir el poema.

Julia Kristeva escribió: “No hay nada como la abyección del yo para mostrar que toda abyección es de hecho el reconocimiento de un deseo sobre el cual se funda cualquier ser, significado o lenguaje”. Frente a situaciones tan horrendas, todos somos abyectos. Y nuestra poesía está, como ella lo sugiere, basada en tal abyección. La poesía no dice las cosas de manera más precisa, simplemente se acerca más a las cosas que no tienen lenguaje, recordándonos los deseos y las pérdidas que todos cargamos y que se elevan hacia la superficie, repentinamente, en momentos de crisis extrema.   

Traducción de los poemas aquí

--crg

Friday, February 24, 2017

GROUND BREAKING SPANISH CREATIVE WRITING DOCTORATE

Andrea Fernández Velázquez escribió este artículo sobre el nuevo PhD in Hispanic Studies with a Concentration in Creative Writing in Spanish at the University of Houston in The Cougar:

Alumna to lead groundbreaking Spanish creative writing doctorate



UH alumna and author Cristina Rivera Garza conceived of and started the United States’ first doctorate in Spanish creative writing. “I am excited,” she said. “I think our new program is already a hit.” | Andrea Fernández Velázquez/The Cougar
UH will begin offering the first doctorate in Spanish with a Creative Writing concentration in the U.S. in Fall 2017. The program will offered by the Hispanic Studies Department within the College of Liberal Arts and Social Sciences.
UH alumna Cristina Rivera Garza, an award-winning author, created and will lead the program. Rivera Garza has written six novels, three collections of short stories, five collections of poetry and three non-fiction books.
“It seemed to me that the conditions were just right for a program like this, and I am very glad this is happening in a huge city, in a truly urban center such as Houston, with a very diverse population, where you could actually see, live, breathe in Spanish all over,” Rivera Garza said. “So this is the ideal place for a program like this.”
The University already hosts Arte Público Press, the largest publisher of Hispanic authors in the nation, and one of the highest-ranked masters and doctoral programs for creative writing in English.
Rivera Garza said these factors, in addition to a high number of bilingual faculty, make UH the ideal place to start such a program.
Opening doors
Rivera Garza said she planned this program for years, even during her time as the director of the Master of Fine Arts in creative writing at the University of California, San Diego. But it wasn’t until she opened the doors at UH in Fall 2016 that the idea became feasible.
“There are not many Cristina Rivera Garzas, and the University was willing to invest to create a title for her because she is the first distinguished professor in the Hispanic Studies Department,” said Anadeli Bencomo, the associate dean of faculty and research for CLASS.
The Hispanic Studies Department currently offers doctoral programs in Spanish with concentrations in Literature and Linguistics. The Creative Writing program is the newest concentration available in the program.
“What Cristina and the department are looking (for is) not to have a program that is just for the University,” said doctoral research assistant Francisco Estrada Medina. “She is very concerned of reaching out to the community, to the Spanish speaking community in Houston.”
There are three well-known MFA programs in Spanish creative writing in the United States, at University of Texas-El Paso, New York University and the University of Iowa.
Rivera Garza said she wants to give writers from the United States, Latin America and Spain the opportunity to have the credentials to be academics and professors in universities around the world —something that is not possible without having a doctorate.
Community-focused program
On July 4, 2016, Rivera Garza announced the new program via an article titled “Escritura Creativa” in Literal Magazine.
She wrote that starting the program in today’s United States was,  in effect, an esthetic, ethical and political position for a country where the violent rhetoric of then-Republican presidential candidate Donald Trump had normalized discussion against immigration, especially Hispanic immigrants.
“When she wrote that piece, announcing that she was going to create that program, we were inundated by calls, by emails,” Bencomo said. “People started saying ‘This is genius, and nobody had thought about it before.’  UH was the first university willing to invest.”
Bencomo said the program’s application rate increased by 300 percent compared to what is common for doctorate programs in Spanish. Applicants had to submit a sample of creative writing, a statement of purpose and a community essay.
“Cristina is very concerned with the community,” Estrada Medina said. “She doesn’t believe in this kind of writer who is writing just by himself with no relationship to his community, and she is also very concerned with writers not being led by what we call inspiration.”
Bencomo said Rivera Garza is the ideal professor to lead the program.
“Cristina Rivera Garza is the type of writer who cannot be described by just one trait,” Bencomo said. “You cannot say she is a novelist, she is a poet, she is a professor, she is an intellectual. She is all of that and it is precisely that combination that make her right to be here at the powerhouse UH, because she is a power writer.”
news@thedailycougar.com


CADA MIRADA ES UN DESPLAZAMIENTO

Roberto Domínguez escribió "Cada mirada es un desplazamiento" sobre Había mucha neblina o humo o no sé qué para Literal:

Había mucha neblina o humo o no sé qué de Cristina Rivera Garza dispone su narrativa como voz colectiva. En esta obra las palabras no le pertenecen a Rivera Garza, le competen; son su competencia, su saber y su decir porque resuenan apropiada y redibujadas. Este nuevo texto debe ser barrido con la mirada, contemplado y visto. Hay que atenderlo como un acto de ver la materialidad de la obra.  Cristina Rivera Garza plantea de contingencia de la escritura que registra su modo de entre-ver el mundo, de mirar de lado, con curiosidad. Es una narrativa configurada con  sugerentes indeterminaciones –neblina, humo– con zonas de contacto, con  atalayas para ver y desconfiar de lo visto. Proponemos recorrerlo para apropiárselo.
Rivera Garza subraya los huecos –zonas intersticiales– de la historia de Rulfo o de la lectura de su obra para que sean llenados por el lector. Inscribe la duda y convierte su texto en una revelación, en un descubrimiento por la vista y la palabra. En otras oportunidades ha establecido una estética de la implicación, de la existencia como accidente de la identidad y ésta como ángulo de la perspectiva desde la que se nombra y los ha presentado como preguntas. Aquí el discurso está planteado en varios niveles.  En primer lugar la palabra autoral que introduce el conversatorio: “Encuentro del todo intrigante que un personaje siga sosteniendo a lo largo del tiempo, aunque todavía dentro del ataúd, que Dorotea o Doroteo da lo mismo. Mi Rulfo bien queer” (20). Luego la voz ficcional, la testimonial, la textual y la visual. Veamos algunos ejemplos:
En el apartado I,  PROMETERLO TODO, se expone el  punto de vista móvil de la escritura de Rulfo que tendría en sus recorridos una manera de explicar su acuciosa visión del mundo que pasa rápido –visto desde la ventanilla de un automóvil que recorre el país–, mientras él lo mira despacio.
En apartado II, EL EXPERIMENTALISTA, presenta la biografía ficcionada  y una genealogía de la materialidad de la escritura como “trabajo”,  reconstruida con sus lecturas.
En el apartado III, ANGELUS NOVUS, se describe la participación de Rulfo en la destrucción y desplazamientos mixes y oaxaqueñas bajo el lema del “progreso” y unos inciertos “Nuevos Horizontes”, en que se combina la crítica de las fotografía, el uso de la fama de Rulfo para denunciar los atropellos y su silencio cómplice –como escritor taimado– y su elocuencia como fotógrafo. 
En el apartado IV, MI PORNOGRAFÍA, MI CELO, MI DANZA ESTELAR, aparece la “Mujer Increíblemente Pequeña” –ente conocido ya en El Mal de la Taiga o en Nadie me verá llorar– se apodera del cuerpo de Juan (¿Preciado o Rulfo?) y  expone la mirada femenina sobre el cuerpo masculino y ofrece una re-escritura: los renglones de pasajes famosos de Pedro Páramo en cursivas  intercalados con la ficción reteje y extiende las situaciones. Se inserta un cuento: “Un cortejo” cuyos protagonistas son una mujer (¿una lectora de Pedro Páramo?) y @MiguelPáramo –escrito como tagde Twitter–, donde propone una representación en la que los lectores aprovechamos lo que ya sabemos de Miguel –su galanura, su sexualidad, sus mujeres, su potencia y su trágica muerte joven– para recrear el punto de vista de una de sus amantes. “Dicho de un cuerpo, penetrar significa introducirse en otro. Dicho del frío, penetrar quiere decir hacerse sentir con violencia e intensidad. […] Dicho de lo agudo del dolor, del sentimiento o del afecto, penetrar quiere decir llegar al interior del alma. Adentrarse. Comprender” (171). 
Dicho de esta obra, penetrar Pedro Páramo desde la escritura de Rivera Garza combina estas definiciones: el cuerpo del texto penetrado por los renglones de la escritura adentrada en él para sacarle el placer a lo narrado. Esta compenetración hace evidente la apropiación de la obra como sobreescritura: un texto embebido en otro y además encima de él; como si hicieran el amor uno con otro, al tiempo que hablan del amor que hacen escribiendo. Más allá de citarlo, Cristina Rivera Garza, excita el texto original de Rulfo. 
En el texto aparecen  poemas visuales dispuestos en el espacio de la página: “me contestó el eco: / “¡…ana… neros…! / ¡…ana… neros…!” (186) hechos con fragmentos de Pedro Páramo   formas insólitas de introducir  un relato insertado: “Abrieron el rectángulo de la puerta y, desde el umbral, observaron el rectángulo de la cama y, sobre la mesa rectangular, el rectángulo de la página. La sonrisa es una forma de llegar.  Se desnudaban como si estuvieran a punto de entrar en uno de los muchos sueños  de los que habían hablado. Los benditos. Los malditos” (190).  Aquí la abismación es una sutura de los planos textuales, de la apropiación y la excitación del texto original en la reelaboración de factura común de Rivera Garza como lectora. ¿Cuántos textos caben en un texto? nos plantea la desestabilización del estatuto de solidez y finitud de la obra de un creador individual, inicio de una discusión de la autoría y la autorización de crear desde lo ya creado, que remite a “Un estrecho ataúd” en el que cabe un cuerpo dentro de otro cuerpo; un rectángulo que es la página, dentro de otro rectángulo que es el libro en el que se describe una habitación o un ataúd. 
El apartado V, LUVINITAS, conecta la dimensión ficticia del cuento “Luvina” con la comunidad real y viviente de sus habitantes contemporáneos, su presente; Luvina  ficcional enfrentada con la celebrada en Stoner Park en Los Ángeles con su historia y sus latidos.
El apartado VI, LO QUE PODEMOS HACER LOS UNOS POR LOS OTROS, descubre el ascenso de la escritora por la accidenta topografía oaxaqueña, metáfora de su recorrido y descubrimiento de esa neblina que es el deseo, el otro, el texto, la compenetración con la naturaleza y nuestra deuda memorial con el universo mixe.
El último apartado es la traducción al mixe de Luis Balbuena Gómez. Con él, la autora estima la circunstancia en la que conoció y escuchó por el intérprete  algunas historias bordadas en este texto. 
Destacamos algunos aspectos de la obra. Primero, el recurso de la abismación juega con las contrapartes de la imagen y el reflejo de la escritura. Segundo, plantea la identidad y la escritura como revés de la historia. Aludiendo al acto de escribir, enfatiza la narración como traslado y movimiento. Tercero, propone que lo visto no se recuerda nítido, por eso debe relatarse conservando la indeterminación que no es vacío, sino recreación. Cuartonos invita a  dudar de Juan Rulfo al proponer una lectura como experimentación, rescatando el sentido de su conocimiento: “Me interesaba, quiero decir, lo que a todo el mundo le interesa de Rulfo, que es su escritura, pero todavía algo más: la materia de sus días como escritor” (14). ¿Qué se requiere o hace necesario para poder escribir, para publicar lo escrito y para con ese oficio vivir? Rivera Garza aborda su Pedro Páramopara materializar una visión fragmentaria que mantiene la tensión de lo que antes otros ha dicho de esa novela tutelar. “La estética va de la mano de la vida cotidiana y del pie, también, de la política” (15). Esta frase puede aplicarse también a la escritura de la autora, quien se somete a su propio enfrentamiento con la obra. Quinto, para ella decir de lado es decir dos veces: al pronunciarse sobre la realidad, la descentra y la recoloca en una marginalidad. Su obra invita a recorrer el mundo rulfiano en sus diversas presencias. 
Para ver el mundo de este autor, hay que moverse, porque todo ver es un traslado. Y el texto de Rivera Garza  es una superficie material, un territorio, que se trabaja y se extiende, por eso esta obra recorre la textura y las diferentes cualidades de la escritura de Juan Rulfo. Revisa la figura canónica, lo descubre como trabajador de la escritura, lo enfoca como personaje de su propio tiempo, crítico, partícipe y cómplice de la modernización mexicana. 
Había mucha neblina o humo o no sé qué permite al lector explorar, moverse en la escritura, como un recorrido que emula la afición alpinista de Juan Rulfo. Rivera Garza abarca diversos géneros: ensayo, reseña, artículos académicos, biografía, guías de viajeros, reportes de construcción, fotografías, cartas, cuentos, reportes de comisiones de obras públicas, entre otros. Esta obra nos demuestra que cada escritura es un modo de mirar, cada mirada es un desplazamiento.
Notas:
Cristina Rivera Garza. Había mucha neblina o humo o no sé qué. México: Literatura Mondadori, 2016. 245 pp. Los números de página de las citas aluden a esta edición.
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