Monday, April 17, 2017

AURA. In Search Of...



Una colaboración entre Moores Opera House y escritores del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Houston. No se lo pierdan.

--CRG

Sunday, April 16, 2017

AUTOBIOGRAPHY OF COTTON: UNIVERSITY OF KANSAS

LAWRENCE —The heart-wrenching narratives and testimony of Mexican cotton farmers are the subjects of a lecture by renowned Mexican author, poet and scholar Cristina Rivera Garza.
The University of Kansas Department of Spanish & Portuguese will welcome the award-winning author of six novels, three collections of stories, five collections of poetry and three nonfiction books to give a talk about her most recent project, which explores the history of marginalized cotton farmers who eventually suffered from exhaustion of resources, internal migrations and rampant narcoviolence. 
One of the foremost writers in the Spanish language, and one of the most interesting experimental writers in America, Rivera Garza will present “The Autobiography of Cotton: Documenting Writing and Crónicas from the Border,” tracing the history of cotton in North America with the focus of its role in Mexican history. Her lecture will ask and answer questions such as: What happened to the cotton industry after the abolishment of slavery in the U.S.? Who is exploited to provide us something to wear? What are the real costs of our jeans and T-shirts?
Rivera Garza, distinguished professor of Hispanic studies, was born in Matamoros, México, and has lived in the U.S. since 1989. She studied urban sociology at the National Autonomous University of Mexico and received her doctorate in Latin American history from the University of Houston. In 2012, she received a doctorate in Humane Letters Honoris Causa from the University of Houston, where she directs the Spanish Creative Writing Program. She is the recipient of, among other awards, the Roger Caillois Award for Latin American Literature (Paris, 2013) as well as the Anna Seghers (Berlin, 2005) and International Sor Juana Inés de la Cruz awards for her novel "No One Will See Me Cry" (University of Northwestern Press, 2001).
The lecture will take place from 4:30-6:30 p.m. Monday, April 17, in the Forum of Marvin Hall. A reception with light hors d’oeuvres and refreshments will be held in the Flex Space of Marvin Hall before the lecture. The event is open to the public.
For more information, please contact Alexandria Fraser at 785-864-3851 or spanport@ku.edu.

--CRG

Thursday, April 13, 2017

LAS ESTÉTICAS DE LA DESAPROPIACIÓN Y SUS POLÍTICAS

Nos vemos este viernes 14 de abril en UCLA a las 5:15 pm. El tema: Las estéticas de la desapropiación y sus políticas.

Me dará un gusto enorme verlos por ahí, Losangelinos.

--crg

Monday, April 10, 2017

RULFO O EL ÁNGEL MEXICANO DE LA HISTORIA


Roberto Sánchez Benítez escribió "Rulfo o el ángel mexicano de la historia" para Letras de Cambio, suplemento cultural del periódico Cambio de Michoacán:


Porque a fin de cuentas, lo que verdaderamente importa no es lo que uno piensa, sino lo que uno no sabe siquiera que pasa por la cabeza. Eso es ensoñar, ¿qué no? O eso es escribir.
                                     Cristina Rivera Garza

I

Haciendo caso omiso de esa leyenda negra que ya pesa sobre Rulfo en el sentido de que casi no hay cosa nueva que se pueda decir sobre él y su obra, a estas alturas,  Cristina Rivera Garza desafía cualquier certidumbre en este sentido y ofrece, con su libro más reciente, Había mucha neblina o humo o no sé qué (Penguin Random House, México, 2017)[1], una intervención creativa sobre una obra que, según ella misma confiesa, le ha acompañado desde los primeros instantes en que comenzó a leer y escribir. Relación escritor-lector que incluso califica de sagrada, ya que se establece fuera de toda obligación y vigilancia. Se trata de la comunión de la palabra por sí misma hacia sí mismo; construcción de la palabra en el espacio de la alteridad o en la ajenidad de sí mismo como otro.
Lo que ella lleva a cabo es, en efecto, una recreación, que es una lección de (des)apropiación[2] de una obra que debe estar leyéndose constantemente, en este caso y de manera muy especial, a partir de las circunstancias que rodearon al autor de Pedro Páramo (1955) como fueron sus oficios para ganarse la vida. Así, “lo que pasa es que yo trabajo”, resulta ser una de las expresiones que Rivera selecciona de una entrevista que se le hizo a Rulfo en 1983, y que le parecerá muy sintomática para su análisis. Trabajos enmarcados en el periodo del llamado “milagro económico mexicano” (de los años 30s a los 50s del siglo pasado). Pero también, la autora lleva acabo un sugerente y revelador experimento que consiste en instalarse en la ficción rufiana y con ella seguir los pasos por la estética de la tierra y el paisaje, por el rostro de la gente y el eco de sus voces, alegrías y esperanzas con el objeto de encontrarse en el futuro adelantado de sus textos, haciéndole crear guiños cuyo sentido la futura lectura será capaz de comprender.
No hay límites de figuración para una capacidad narrativa como la de Rivera Garza, quien se propone algo más que una recreación de Rulfo y sus circunstancias, como lo es recorrer los caminos andados como empleado de la Goodrich-Euzkadi, o del trabajo en la Comisión del Papaloapan o finalmente en una oficina editorial del Instituto Nacional Indigenista,  sino también tomar en cuenta testimonios de gente que lo conoció por la sierra de Oaxaca (donde de hecho se encuentra un lugar llamado “Luvina”, y donde todavía se le vincula al movimiento de desplazamiento que sufrieron los pueblos a raíz de las obras hidráulicas de dicha Comisión[3]), así como haciendo uso del recuerdo imaginativo de las fotografías que tomó de esos lugares agrestes, intercalando aquí y allá frases rulfianas que suenan de nuevo a otra cosa, que vuelven a nacer con el hechizo de quien las recuerda (la palabra es de quien la trabaja y ara con ella la tierra fértil de los sueños), con la emoción de quien se transporta con ellas por el camino de la intimidad, el silencio, las nubes, el canto elocuente de los ríos, las voces que, como sombras, son también sospechosas de vida.



[1] Expresión evidentemente rulfiana dicha por el personaje Miguel Páramo cuando confiesa haber perdido a su amada en Contla y que no corresponde sino a la visión que tiene de la entrada al mundo de los muertos (Juan Rulfo, Pedro Páramo, México, Editorial RM y Fundación Rulfo, 2016, p. 25). Las apariciones de este personaje en la vida de Eduvigues parecieran haber sido el modelo que tenga Prudencio Aguilar con Úrsula en Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Rivera Garza destaca dos párrafos en los que se encuentran similitudes casi absolutas en estas dos grandes obras literarias. El rulfiano corresponde a la noche en la que el padre Rentería no puede dormir, que es cuando muere Miguel: “El padre Rentería se acordará muchos años después de la noche en que la dureza de la cama lo tuvo despierto y después lo obligó a salir. Fue la noche en que murió Miguel Páramo” (92); el otro es, por supuesto, el meteórico inicio de la novela de García Márquez: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.”
[2] Como se sabe, la autora tiene todo un libro dedicado al análisis de estas estrategias “que se mueven hacia lo propio y hacia o ajeno en tanto ajeno, rechazando necesariamente el regreso a la circulación de la autoría y el capital, pero manteniendo las inscripciones del otro y de los otros en el proceso textual.” Se trata, a fin de cuentas, de escrituras, cuyo ejemplo es su ensayo sobre Rulfo, “que exploran el adentro y el afuera del lenguaje, es decir, su acaecer social en comunidad, justo entre los discursos y los decires de los otros en los que nos convertimos todos cuando estamos relacionalmente con otros.” (Cristina Rivera Garza, Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación, México, Tusquets, 2013, p. 25).
[3] Tlacotalpan, Veracruz, es una de las poblaciones mágicas y legendarias que sigue siendo afectada por el desbordamiento de este río caudaloso.


Artículo completo aquí.

--crg

Sunday, April 09, 2017

HABÍA MUCHA NEBLINA


Gabriel Wolfson escribió "Montones de indios" en Crítica, abril 9, 2017

Pero es en el capítulo iii, “Angelus novus sobre el Papaloapan”, donde acecha, para mí, la principal audacia del libro, un aporte tan discreto como feroz, un trastrocamiento que, quiero pensar, impedirá volver a leer a Rulfo igual que hasta ahora, como siempre, con devoción y sin problemas. El punto de partida es la comprobación de que, en sus dos empleos de ese período (como agente de la Goodrich-Euskadi del 47 al 52, y como funcionario de la Comisión del Papaloapan del 55 al 57, mediando el paréntesis de la beca del Centro Mexicano de Escritores con la que escribió sus libros), es decir, del período de la modernización por decreto de Alemán y Ruiz Cortines, Rulfo visitó ciertas comunidades indígenas de Oaxaca no “como un observador empático e interesado” sino como “parte de la punta de lanza de la modernidad corrupta y voraz que, en nombre del bien nacional, desalojaba y saqueaba pueblos enteros para dejarlos convertidos en limbos poblados de murmullos”. Tras su investigación minuciosa,[1] Rivera Garza puede dar entonces con la imagen conmovedora, fría, angustiosa, de Rulfo como el ángel de la Historia de Klee-Benjamin: ese señor Pérez en el tránsito de convertirse en Rulfo que contempla melancólico, abatido, hipnotizado, los pueblos hechos ruinas, las costumbres fulminadas, las vidas aplastadas que quedan atrás, mientras, con entusiasmo y esperanza, comparte lugar en la avanzada del progreso priísta. De lo primero, de la fascinación y tristeza rulfianas por las ruinas no había desde luego más que evidencias; de lo segundo, de la pueril ingenuidad de su mirada, del paternalismo, la condescendencia, la displicencia, el oficialismo, la ambigüedad, la comodidad, la simpleza de su mirada sobre las comunidades indígenas que visitó, no se había dicho en cambio prácticamente nada.
En esas páginas descansa el enorme poder del libro de Rivera Garza, páginas que no tienen que ver con el previsible morbo de la acusación, entre otras cosas porque no se trata del hallazgo de un documento extraordinario, que lleve por ejemplo a develar el pasado vergonzoso o indigno de tal aforista o de tal psicoanalista. Lo que hace Rivera Garza es ordenar mejor los materiales rulfianos que ya existían, relacionarlos con otras fuentes también disponibles pero que los críticos no habían querido o sabido atender, y leerlos de cierta manera, hacerles las preguntas indicadas –aquellas que desde nuestra admiración a Rulfo normalmente no queremos plantear–, preguntas que, una vez que hacen hablar a los textos –y a los gestos, los movimientos, las decisiones–, se abren a más preguntas...

El artículo completo aquí.

--crg

Friday, April 07, 2017

CARTA A LOS LECTORES


CARTA A LOS LECTORES:


Hay muchos años de trabajo y cariño detrás de Había mucha neblina o humo o no sé qué. Más que un libro sobre Rulfo—lo he dicho ya varias veces en presentaciones y entrevistas—un libro que, moviéndose alrededor o a través de Rulfo, invita al lector a tocar el territorio de un país en vilo. Así es: uno piensa que va en busca del pasado y lo que encuentra a cada rato es esa cara a la vez irresuelta y esperanzada, precaria y atroz, del presente. Y, ahí, entre el pasado y el presente, y al revés, queda la niña que, gracias a las políticas culturales de la educación pública, se enfrentó por primera vez a Juan Rulfo. Y la adolescente que regresó una y otra vez, con iguales dosis de curiosidad y de asombro, a sus libros y fotografías. Y, también, la escritora que, para compartir un duelo íntimo, un buen día terminó El día en que murió Juan Rulfo. Ese cuento. Y la que fue fraguando ese diálogo en voz baja con Rulfo a través de artículos en La mano oblicua (la columna que tuve en el periódico Milenio por 7 años). Y la que empezó, y todavía no termina, ese ejercicio de re-escritura que es Mi Rulfo mío de mí (ahora en tumblr).

En este libro están, pues, las huellas de esas muchas lecturas de Rulfo, y las lecturas sobre otras lecturas de Rulfo, los momentos felices de los hallazgos de archivo, la respiración entrecortada en las crónicas de viaje, los cuentos (que son en realidad desvíos), los poemas, el artículo de investigación, las intervenciones textuales—porque para abarcar algo tan complejo uno tiene que recurrir a todo lo que sabe y todo lo que intuye—que han ido marcando el itinerario de una relación larga, tan larga como la vida. Se trata de una relación a la que no dudo de calificar de sagrada: una lectora y un texto. Nada más; nada menos. Aposté ahí, en ese libro, a la escritura en plural, una escritura que se vale por igual de las herramientas de la investigación histórica o de los métodos de la etnografía, así como de las estrategias propias de la ficción, para construir un texto colindante, entre géneros, con/ficcionado en compañía de tantos otros y otras. Sigo pensando que el libro comunalista es posible. Que es deseable.

El presidente de la Fundación Rulfo ha calificado a Había mucha neblina o humo o no sé qué como un libro “difamatorio.” Yo discrepo de su opinión, por supuesto. Pero no puedo pedirles a ustedes, los lectores, que piensen como yo de manera acrítica o por imitación o por simpatía. He pasado ya muchos años dando clases, comprometida con pedagogías dinámicas y contestatarias donde lo que cuenta es la producción de pensamiento y práctica crítica. Nunca les he pedido a mis grupos que piensen como yo, sino por el contrario, los invito a que juntos, con base en lecturas cuidadosas y compartidas, y a partir de una relación que siempre incluye ese ir y venir de todo diálogo, vayamos compartiendo y cotejando argumentos y evidencias para formar comunidades vivas, alertas a los retos del presente. Sigo convencida de que así, por estas vías, seremos capaces de ir formando colaborativamente alguna opinión propia. Por eso es que invito a los lectores que ahora me preguntan sobre la calificación emitida acerca de Había mucha neblina o humo o no sé qué que no se distraigan, que confíen en sí mismos: abran esa puerta, sí, y entren en el libro. Lean, cotejen, comparen, contrasten, regresen, subrayen, anoten, debatan, si fuera de su interés, disientan, si ese fuera el caso. Las páginas son todas suyas. Supongo que es así que los libros van armando sus propias esferas de afecto.

Es necesario leer más, y no leer menos, a Rulfo, ciertamente, y a tantas otras también. En momentos en que la diseminación de pensamiento crítico se paga a menudo con la vida, como es el caso de tantos periodistas asesinados en México; en momentos en que las políticas neoliberales continúan arrasando con cualquier forma de existencia y pensamiento libertario, es más importante que nunca alzar la voz cada vez que la fuerza del autoritarismo y la ley de la ganancia máxima trata de promulgar e imponer una versión—su versión—por sobre las múltiples versiones de las cosas. En Había mucha neblina o humo o no sé qué ofrecí—tal vez debería decir: me atreví a ofrecer—a mi Rulfo mío de mí: uno entre los muchos otros que ya existen y entre los otros tantos que seguirán existiendo si continuamos con su lectura. Mi Rulfo mío de mí que no intenta ni sustituir al tuyo ni eliminarlo, sino más bien multiplicarlo, expandirlo. La lectura como ejercicio de producción y práctica creativa (y no como un mero acto de consumo). La lectura como esto que me acerca a ti, ahora mismo, para seguir platicando hasta la madrugada.


Muchas gracias.

Cristina Rivera Garza

También pueden leer esta carta aquí. 

--crg