Monday, September 10, 2007

TENGO EN MI MANO UN BOTÓN PEGADO A UN TROZO DE TELA COMO UN PEZÓN PERDIDO

La dramaturga Juliana Faesler en La Inquietante (e Internacional) Semana de las Mujeres Traducidas.

!Y seguimos!

Recuerden que La Semana de las Traducidas se llevará a cabo entre el 5 y el 9 de noviembre en el ITESM-Campus Toluca. Jen Hofer, poeta y traductora de Los Ángeles, abrirá con conferencia-lectura el 8 de noviembre.

La Semana se trasladará a la Casa Refugio Citlaltepetl entre el 10 y el 14 de diciembre del 2007.

Todavía hay tiempo para mandar colaboraciones al Antes-After/Después-Before y/o a las Traducciones Homofónicas (ver instrucciones en www.semanamujerestraducidas.blogspot.com)

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Tuesday, September 04, 2007

PERROS DE AGUA

[Del prólogo para la antología Perros de agua: Nuevas voces desde el sur de Tamaulipas]

[Para Francisca Rivera Peña, 1932-2007, tamaulipeca]

1. Ladran y muerden más
La pregunta no es mía sino de Athos, uno de los personajes de Fugitive Pieces, la novela fulgurante que escribió no hace mucho la autora canadiense Anne Michaels: “¿Qué es una persona sin paisaje?”. De tanto planteármela a través de ventanillas de vehículos en movimiento, frente a puertas abiertas, sobre caminos llenos de piedras y de lodo, bajo la sombra de algunos árboles, la pregunta ha llegado a ser, sin embargo, mía. O yo, en todo caso, de ella. “En un paisaje ajeno, una persona descubre sus viejas canciones. Quiere agua de su propio pozo, manzanas de su propia huerta, y las uvas de su propio vino”. Según Athos, una persona sin paisaje no es más que una acumulación de espejos y mareas.

A las voces reunidas en esta antología —poetas, narradores, dramaturgos— las congrega una cierta noción de pertenencia —no todos son de ahí, pero todos son de ahí— a un paisaje que se estrecha o se ensancha según sea el tamaño del eco que lo conmina. Geográficamente, ese paisaje se encuentra en el sur de Tamaulipas, gravitando alrededor de esa ciudad que, debido a su relevancia económica y estratégica, albergó alguna vez el primer consulado oficial de la República mexicana: el puerto de Tampico. El petróleo —que ya desde 1921 López Velarde atribuyera a un decreto del diablo—. Las refinerías. La costa. Un lugar rodeado de lagunas que, en idioma huasteco, designa la existencia de unos ágiles perros de agua que hoy en día recibirían el nombre de nutrias. Literariamente, ese paisaje tiene linderos tan lejanos como la Biblia misma y tan atemporales como William Blake o José Carlos Becerra. Es un paisaje, se entiende, de escritura. Se trata de un libro que refleja e inventa, las dos cosas a la vez, un litoral. Por sus riberas, los perros, que son siempre perros de agua, ladran y muerden y más.

2. ¿Qué es un paisaje sino una geografía con YO?
Tomé el libro sin saber que mordía y, por eso, me sobrecogió. Como si se tratara de un animal doméstico, de lejos el libro miraba con estudiada actitud contrita y aplacada. Pero me bastó con abrir sus páginas para sentir sobre la mano (oblicua) la primera dentellada: el lenguaje tenía dientes y carne y emoción. De versos duros y malcomportados, de búsquedas fraticidas y amores tan apocalípticos que parecen rencores, de estrofas que aspiran a la rectangularidad del párrafo o párrafos que se deshacen en largas líneas trémulas, de padres desparecidos y madres muertas e hijos muertos, de días sin dios, de tibias carcajadas ambiguas —todos los vericuetos del libro son los del cuerpo cuando el cuerpo ha vivido una historia y ha sacudido, con esa historia en ese cuerpo, el horizonte de un paisaje que es, sobre todo, un lenguaje por donde transitan unos zapatos muy usados—. Una conmoción.

Todo libro que es, verdaderamente, un libro, es un libro personal, se sabe. Estos escritores tamaulipecos, en todo caso, lo saben. Lo sabe Peter Sloterdijk al declarar en su ensayo “La vida tatuada”, una de las lecciones de Frankfurt incluida en su libro Venir al mundo, venir al lenguaje: “si la poesía se expone es porque da testimonio de algo a lo que sus autores se han expuesto antes de que en ellos se llegue a la autoexposición. La escritura está ya siempre involuntariamente próxima al testimonio, en la medida en que parafrasea un viejo engrama, lo sobrescribe y lo expone a la luz del día. Pues sólo poniéndose en juego otra vez el tatuaje [vital] es posible la poesía como lenguaje”. Este es un libro con yo, pero un yo que no es ni imperial ni rígido sino frágil como caja de cartón en que se trasportan los contenidos enteros de una vida vivida al extremo. Se trata de un yo que se confiesa pero que, de la misma manera, escupe e increpa. El yo de estas páginas, un yo plural y multiplicado, poco tiene de expresión “sincera” y más de producción de un universo que sólo puede ser tal en la escritura misma. Es un yo del tú y del él. Y de su contrario. Se trata de un yo del lenguaje.

Por eso cerré el libro, supongo, y luego los ojos. Afuera un mar que no era del Golfo. Fue entonces que coloqué la mano sobre las fauces temporalmente quietas. Me sonreí sin levantar los párpados, preparándome para lo que seguía.

3. La carne en el asador
No hay versos elegantes aquí, lo advierto. No hay historias amaestradas. No hay escenas con final feliz. Hasta el humor, que lo hay, es más negro que el chapopote de ciertas playas. No hay mesura. El filo, que también lo hay, lleva óxido sobre su lomo. La palabra imperfección. Aquí todo tiembla porque todo importa: la vida o la muerte por la siguiente palabra. Aquí todo tiene rabia. Pareciera, me atrevería a decirlo, que la poética de estos muy diversos escritores que han convergido, por azares del destino o la decisión propia en el sur de Tamaulipas, no es otra sino poner, literal y figurativamente, la carne en el asador.

4. Tres preguntas
A veces un libro es también un paisaje. A veces, con suerte, ese paisaje es el propio. Uno de ellos: el primero. Hay ciertos tonos de verde adheridos a la palabra Tamaulipas. Cuando alguien pronuncia la frase costa del Golfo surge de algún lugar del tiempo el color gris. La humedad salobre. El chapopote sobre la playa. Los pies que van de un lado a otro, meditabundos. El cuerpo que juega a las escondidas con su propio sudor. Todo eso me lo hicieron recordar, en efecto, estos textos que son mordeduras de unos perros de agua de un estado que alguna vez fue dos. Pero hicieron mucho más: ¿hace cuánto sin temblar frente a un texto? ¿Desde cuándo sin caer, dolida o absurda, frente a muchas palabras juntas? ¿Y no es para esto que existe, a final de cuentas, la escritura?

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Monday, September 03, 2007

¿PUEDE UNA MUJER SER CUATRO POETAS Y LLAMARSE, AL MISMO TIEMPO, GIANNINA?


Desde Madison, Wisconsin, Giannina Reyes Giardiello en La Inquietante (e Internacional) Semana de las Mujeres Traducidas.

!Y seguimos!

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Tuesday, August 28, 2007

BAJO EL AGUA QUE CAE

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

[para Gabriela y Emilio, y el ópalo del camino]

Iba hacia Santiago de Querétaro y sabía, porque es verano, que llovería, de preferencia a cántaros. Supongo que por eso llevé conmigo, de entre todos los libros posibles, el Plainwater de Anne Carson. Lo obvio: iba a ser una jornada bajo la lluvia, entre los charcos, alrededor de lagos, bajo cascadas. Es preciso prepararse textualmente para todo eso (y esto no requiere ni gabardina ni sombrero ni paraguas). Aunque en realidad lo tomé porque el paisaje que se extiende a ambos lados de la estrecha carretera que une a las Tierras Altas con esa población fundada, según la historia oficial, un 25 de julio de 1531, es uno de mis favoritos. A todo paisaje le corresponde, desde luego, un libro. Favorito = Favorito. Luego del viaje descubriría que elegí ese volumen de Carson por razones que escapaban a mi consciente en el momento ése en que el libro saltó del escritorio para colocarse bajo mi brazo derecho: Querétaro y Compostela, tema de una de las secciones más entrañables de Plainwater, comparten un santo y un peregrinaje. Hay una forma líquida, efectivamente, en todo esto. Un discurrir. Una manera de no frenarse.

Estamos en Carrión de los Condes, un 7 de julio. Esto es “Tipos de agua: Un ensayo sobre el camino a Compostela”, apenas una sección de “La antropología del Agua” el título engañosamente académico de la parte V de Plainwater. Entre Frómista y Sahagún, ahí, en el día de una mañana inusitadamente clara, alguien que podría ser la autora canadiense Anne Carson no teme declarar: “Soy un peregrino (y no un novelista) y la única historia que puedo contar es el camino mismo. Además, nadie puede escribir una novela acerca del camino, de la misma manera en que nadie puede escribir una novela sobre Dios, simplemente porque no puedes darles la vuelta y ver su espalda. Un personaje redondo es aquel que puede ser visto desde todos lados”.

Esta declaración, como otras tantas de este libro, me invita a ver la lluvia del otro lado de la ventanilla en perfecta inmovilidad.

Me volví una annecarsonista declarada ya hace tiempo. Todo empezó el buen día en que Glass, Irony and God, el libro que publicó en 1995, llegó a mis manos. Había, entre sus páginas, no sólo un lenguaje poderoso, con frecuencia despiadado, sino también un desmenuzamiento puntual (la palabra atroz está a punto de saltar desde la punta de la tecla) de un discurso que merodeaba sin menoscabo alguno el lugar del yo como el lugar del otro y viceversa: una versión de lo biográfico y de lo autobiográfico que se valía de la inter y de la transtextualildad (las palabras de Dickinson, las atmósferas de Brönte, entre otros) de maneras activas, acaso violentas. Estuvo, desde el inicio también, esa práctica inusual de la puntuación y un corte versal que, de hecho, cortaba en seco mi lectura, obligándome a detenerme y a cavilar. Y eso que decía Guy Davenport en el ensayo introductorio también estaba: “ella se cuenta entre los que están regresando la poesía a la buena y sólida narrativa (como podría esperarse de una estudiosa de los clásicos) [sin embargo] la prosa no podría acomodar las frases sincopadas de Carson, su tersura, su hábil cambio de escena”. Desde la primera leída supe que no me encontraba, pues, frente a un libro de poesía (aunque lo era y lo es) sino frente a otra cosa. Se trataba, lo entendí así, de algo vivo que respiraba cerca de mi oído, a veces con congoja y otras con rabia. Era un ente con venas y con más allá, algo que palpitaba bajo las yemas de los dedos y que se retorcía bajo la presión del lápiz que subrayaba. Había entre sus páginas, quiero decir, un sentido de la composición que trasgredía, sin avisar y sin alardear, nociones convencionales de la definición de géneros. Se trataba de un libro que era dos libros. Se trataba de más.

A Glass, Irony and God le siguieron todos sus otros textos (soy una lectora compulsiva, se sabe) y, en cada uno de esos encuentros entre líneas, no faltó alguna referencia que me descubriera un mundo que sólo presentía antes ni alguna palabra que se me adhiriera, con hambre fugaz, al cerebelo.

Pero ya hemos pasado por Castrogeriz, donde “la sorpresa hace un niño de nosotros: aquí hay otra. La luna que se eleva, un borde tan claro que puedes sentirlo en los dientes traseros”. Hace cuatro días dejamos Burgos, un buen lugar para pensar que “es un secreto a voces entre los peregrinos y otros teóricos de esta vida errante que uno se vuelve adicto al horizonte”. Faltan todavía 16 días para llegar a Compostela y preguntarse: “¿De qué otra cosa estamos hechos sino de hambre y de rabia?”.

Dividido en cinco partes, Plainwater expone el amplio rango creativo de Carson. Van ahí desde entrevistas acerca de hedonismo con Minnermos, el poeta griego del siglo VII B.C., ( “I: Yo quería conocerte/ M: Yo quería mucho más”), hasta pequeños ensayos sobre temas tan variados como la Mona Lisa (“Hay un momento en que el agua no está ni en un buque ni en el otro—qué sed era eso”), o las orquídeas (“Un niño pequeño ha escapado de Amherst hace pocos días, escribe Emily Dickinson en una carta de 1883, y cuando le preguntaron a donde iba, contestó, Vermont o Asia”). En todo caso, al presentar estos ensayos, Carson también advierte: “Las marcas constituyen gradualmente un instante natural, sin el aburrimiento de una historia”.

Esta declaración, como otras tantas de este libro, me conmina a bajar la ventanilla y abrir la mano (oblicua) bajo el agua que cae.

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Monday, August 27, 2007

VERANO EN SANTIAGO DE QUERÉTARO

"It is an open secret among pilgrims and other theoreticians of this traveling life tht you become addicted to the horizon".

Anne Carson, "The Anthropology of Water", in Plainwater (New York: Vintage, 1995), 144.

Thursday, August 23, 2007

JE N’AI JAMAIS PU ME RECONNAITRE DANS LE REGARD D’UN HOMME

La escritora peruana Patricia De Souza y su Electra en la ciudad (Lima: Alfaguara, 2006), en La Inquietante (e Internacional) Semana de las Mujeres Traducidas.

!Y seguimos!

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Tuesday, August 21, 2007

EL LUGAR IMPORTA

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

I: Noble y Brutal
Confesión verídica: estoy acostumbrada a partir.

Es una costumbre noble, ésa, partir. Y también es una costumbre brutal. Uno se acostumbra a elevar la mano y a borrar, en ese cauteloso movimiento oscilatorio, lo que queda atrás. Uno olvida, siempre con método. El gajo que desbarata la completad de la mandarina. El puño que se convierte en cinco dedos. La pieza que, por ausente, obliga a la imperfección de las máquinas o la que, por no estar ahí, contribuye al fluir de las aguas. Uno jura. Uno ve el paisaje al otro lado de la ventanilla y descubre, entonces, qué es exactamente el verbo extrañar, el sustantivo nostalgia, el subjuntivo si hubiera, el futuro del condicional. Después, en el anonimato del otro lugar, uno prevarica. Uno inventa un origen y un pasado y, si se puede, lo que vendrá. Luego sólo queda el arrebato que provoca a veces esa corteza, aquella montaña, ese pedazo de ciudad, esta luz.

Algo reverbera entonces.

El gesto fundador del sujeto, recordaba Zizek en Visión de paralaje, consiste en sujetarse a sí mismo. “Voluntariamente”, añadía, sujetarse a.

En lo noble y en lo brutal, partir, que es siempre partir de un lugar, se parece mucho a escribir. Eso es cierto.


II. La Relación Imaginaria
“El materialismo significa”, argumentaba también Zizek, “que la realidad que veo nunca es total, no porque una parte importante me eluda, sino porque contiene una mancha, un punto ciego, que señala mi inclusión en ella”. Por eso el lugar es lo único que nunca podré en realidad ver. Por eso el lugar me sujeta. Por eso, también, lo objeto con mi subjetividad.

El lugar, así entonces, es sobre todo una relación. No es la geografía, sino una aproximación a esa geografía; no la ciudad, sino la manera en que se desplaza el cuerpo dentro de la ciudad; no el libro, sino la lectura insustituible del libro; no un dato de nacimiento, sino el nacimiento mismo. El cielo. A la relación con el lugar le llamamos paisaje. Porque es humana, esa relación es material: se trata de un vínculo con cuerpo y sudor y sexo y clase y raza y pobreza y entrepierna y saliva y uñas e, incluso, mugre bajo las uñas. Entre más ahí, más densa y, por lo tanto, más opaca. Entre más profunda, de hecho, más adjetivada. Entre más aquí. Por lo mismo, por ser humana, esa relación que es todo lugar es también, acaso por principio pero tal vez también a final de cuentas, una relación imaginaria. El lugar es pura escritura.

III. Ser del Lugar
Una visión más bien conservadora y rígida prescribe que la relación entre el sujeto y el lugar es, o debe ser, unívoca y, además, monógama. Un sujeto, se dice, debe ser de un lugar, de preferencia, aunque no siempre, el de nacimiento. Lo demás, se dice, es traición o, pero aún, pérdida de la identidad. Pero no todo en la vida, ya por desgracia o ya afortunadamente, es unívoco o monógamo o pura pérdida. Uno pasa por muchos lugares después de todo y uno se enraiza, si verdaderamente pasa. Apropiación magnífica. Arábigo árbol agreste. Armastote. Armostrong. “Nadie nace sólo una vez”, aseguraba la poeta canadiense Anne Michaels en esa magnífica novela que es Fugitive Pieces. “Si tienes suerte, emergerás una vez más en los brazos de alguien; si no, despertarás cuando la larga cola del terror te toque el interior del cráneo”. Time is a blind guide. Pasar por un lugar siempre tiene consecuencias, entre otras tantas, por ejemplo, la de fundarlo. Por eso el lugar es en realidad los lugares. Cosa plural en caso de tener suerte. Materia de fortuna. A veces.

Para el que parte, el lugar lo es todo. Para el que parte, el lugar no es nada. Ambas declaraciones tienen su contenido de verdad. En todo caso, para el que parte: el lugar. Mejor aún: los lugares. Porque ¿cuántas veces no hemos nacido ya? La otra manera de plantearse esta cuestión: ¿cuántas veces no hemos muerto ya? Hace algunos años, en el valle por donde pasa un río al que denominan el Bravo, escuché las primeras narraciones infantiles. Ahí, también, me perdí por primera vez. Ahí nací, es cierto. En el regazo y en el arrullo del algodón, luego sorgo. Y nací otra vez aquí cerca, en algún lugar de este lugar donde ahora digo “el lugar”: Cola de Caballo, estanque con peces y patos, agua con sal. En las páginas de un libro, en la nota musical, en las palabras compartidas sobre una mesa llena de sobras de comida: todos ellos lugares de nacimiento y más.

Una nace también, a veces, cuando la fortuna, viendo el mar, al lado de una valla hecha originalmente de un material para no pasar.

A todos estos ciclos constantes, a toda esta aglomeración de raíces, yo le llamo Lo Contrario a lo Universal: esto es la Constelación de Benjamin que, en el dato más concretamente material, en el objeto saturado, ve todo lo demás. En movimiento siempre e incluyendo la perspectiva del que ve, el lugar me marca, en efecto, pero siempre de maneras en que no sé.


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Monday, August 20, 2007

TRANSLATIONS PROVE TO BE UNTRANSLATABLE NOT BECAUSE OF ANY INHERENT DIFFICULTY, BUT BECAUSE OF THE LOOSENESS WITH WHICH MEANING ATTACHES TO THEM?

Fragmentos de lo que Walter Benjamin pensaba acerca de la tarea del traductor en, cual debe, La Inquietante (e Internacional) Semana de las Mujeres Traducidas.!Y seguimos!

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Sunday, August 19, 2007

TWENTY THESES ON TRANSLATION--Emily Apter

1. Nothing is translatable.

2. Global translation is another name for comparative literature.

3. Humanist translatio is critical secularism.

4. The translation zone is a war zone.

5. Contrary to what U.S. military strategy would suggest, Arabic is translatable.

6. Translation is a petit métier, translators the literary proletariat.

7. Mixed tongues contest the imperium of global English.

8. Translation is an oedipal assault on the mother tongue.

9. Translation is the traumatic loss of native language.

10. Translation is plurilingual and postmedial expressionism.

11. Translation is Babel, a universal language that is universally unintelligible.

12. Translation is the language of planets and monsters.

13. Translation is a technology.

14. Translation is the generic language of global markets.

15. Translation is a universal language of techne.

16. Translation is a feedback loop.

17. Translation can transpose nature into data.

18. Translation is the interface between langage and genes.

19. Translation is the system-subject.

20. Everything is translatable.

[from Emily Apter, The Translation Zone. A New Comparative Literature, (Princeton and Oxford: Princeton University Press, 2006), xi-xii]

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Wednesday, August 15, 2007

LA PROTECCIÓN DE LA SEGUNDA LENGUA

"And later, when I began to write down the events of my childhood in a language foreign to their happening, it was a revelation. English could protect me; an alphabet without memory."

Anne Michaels, Fugitive Pieces, 101.

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BUT MOSTLY, I JUST PLAY

Desde Montana y a través de Santa Bárbara, June Crouch en La Inquietante (e Internacional) Semana de las Mujeres Traducidas.

!Y seguimos!

Tuesday, August 14, 2007

CRÓNICA DE UNA PRIMERA CITA

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

Había impartido dos clases en la mañana —una a las 7:30 y otra a las 10:30. Había asistido a, por lo menos, dos reuniones también. Entre una cosa y otra se me olvidó, una vez más, comer. Llegué al aeropuerto para tomar el avión de las 4 de la tarde pero, para variar, el vuelo iba retrasado: aproveché para empezar a leer On Chasil Beach de Ian McEwan. Una de esas botanas industriales que no saben a nada y un vaso de agua entretuvieron al estómago mientras el avión aterrizaba, un poco después de las 6 de la tarde, a Monterrey. La Sultana del Norte. 36 grados centígrados a la sombra. La cita, la primera Cita Textual, era a las 7:00 p.m. en la sala de juntas del Antiguo Palacio Federal.

Iba como se va a las primeras citas: con alborozo, claro está, con el inacabado placer que da a veces correr un riesgo, pero iba también con ese recalcitrante temor de que, a final de cuentas, no me gustara el prospecto. O, peor, que la charla resultara insulsa. O el colmo: que lo que se produjera en ese encuentro no fuera más que, una vez más, aburrimiento. Las emociones, acumuladas y contradictorias, eran bastantes. Y todas ellas, bajo una luz que me pareció anaranjada en su fulgor vespertino, me llevaron directamente del aeropuerto hasta el lugar de la reunión en un estado de cansancio que, con frecuencia, me produce ciertas formas de delirio.

No estaría yo escribiendo esto si el intercambio de la primera Cita Textual no hubiera sido dinámico, íntimo, interesante. No estaría escribiendo ahora si no estuviera yo dispuesta a hacerlo otra vez.

Los lectores de La cresta de Ilión ya estaban ahí, sentados alrededor de unas mesas estructuradas en forma de U. Después de los saludos de rigor y, como personas que ya se conocen pero que no han tenido la oportunidad de conversar, empezamos con naturalidad una charla que desbordó la hora que nos habíamos puesto como límite. Hubo de todo: preguntas no retóricas y comentarios juiciosos. Desde el “cómo funciona esto” hasta el “¿o sea que tú tampoco sabes qué significa x (donde x puede ser un color o un gesto o un lenguaje desconocido)?”. Gestos de complicidad alrededor. Más enfocados en el “cómo” o en el “por qué” que en el “me gustó o no”, la conversación se desarrolló como sobre un camino terrestre: con subidas y bajadas, tropiezos, arrancones. Se trató, quiero decir, de algo real. Algo humano en torno a un libro leído con rigor y profundidad.

Honestos y, también, corteses, los lectores regiomontanos que asistieron a esta primera cita cuestionaron, por ejemplo, el proceso de construcción de ciertos personajes de la novela: “¿puede un médico hablar como escritor?, ¿es esto en realidad un hombre?, ¿se comportan las mujeres de verdad así?”. Entre muchas más, estas preguntas me invitaron a recordar, de manera explícita, muchas de las ideas acerca de la identidad, acerca del fluir de la identidad y sus difuminados límites, que me permitieron componer un mundo extraño alrededor de hombres que parecen mujeres que parecen hombres. O de médicos que pueden hablar, como decía Deleuze, como perros. De ahí a comentarios sobre la ambientación y el inevitable diálogo con la obra de la escritora zacatecana Amparo Dávila (uno o más de los personajes de la novela responden, después de todo, a ese nombre) hubo poco trecho. Y todavía menos para reflexionar, en conjunto, sobre la función autorial que, más que desaparecer, o morir (como lo argumentaba cierta escuela de pensamiento de finales del XX) se abre para aceptar como figura ineludible a la actividad del lector que, al leer, escribe su propio libro.

Si esto es cierto, les decía tratando de concluir, entonces mi tarea como escritora de libros, como escritora de libros que responden aún a inicios del XXI al título de novela, es reflexionar críticamente (trastocar es otra manera de decir lo mismo) acerca de todos y cada uno de los elementos que, de manera natural (y este natural va en itálicas) asociamos con la novela. Así entonces, por principio de cuentas, subvertir la función del autor y del narrador y de los personajes y del sentido de verosimilitud, entre otras tantos elementos más, es y será siempre el quehacer fundamental de la novela. Contar historias lo hacemos todos. El novelista, en cambio o además, compone estructuras dentro de las que, ya con el menor o mayor peso de una anécdota, ocurre el trastocamiento anterior: un lector se convierte en autor de su propio libro. El único personaje en realidad, el personaje que se desdobla en todos los personajes de una novela, es el lenguaje. Y es eso, y no la sorpresa o la intriga de la anécdota, lo que en mi experiencia de lectora ha hecho que me quede platicando, en ocasiones por años enteros, con un libro, celebrando así, aunque siempre a mi manera, innumerables citas textuales.

Iba cansada, lo dije antes. Era el tipo de cansancio que, con frecuencia, me induce a delirar. Ahora, un par de días después de la experiencia, pienso que si el agotamiento y el delirio tuvieron algo que ver con esta extraña sensación de haber estado ahí completamente, cuerpo y alma en el presente más exacto, entonces lo tomaré como lección: no volveré a ir a ninguna cita, sea textual o no, sea la primera o la última, sin ese tipo de extenuación. En cualquier caso, el palpitar de la conversación más íntima que es, a menudo, la conversación con la que, a final de cuentas, se concluye un libro, se llevó a cabo gracias al entusiasmo y esfuerzo de: Jaime Villarreal, Gabriela Torres, Víctor Barrera, Ximena Peredo, Mario Cantú. No recuerdo ahora los nombres de todos y cada uno de los lectores que tuvieron a bien dedicar dos horas de su jueves para platicar de un libro en una sala de juntas de un antiguo edificio civil, pero esta pequeña crónica que es, en realidad, un abrazo, va para todos ellos.

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Friday, August 10, 2007

LA POESÍA MEXICANA EN BUENAS MANOS


Amaranta Caballero Prado (laboratorista)
Dolores Dorantes
Román Luján (laboratorista)
Santiago Matías
Luis Felipe Fabre

Viejos amigos y nuevos novísmos becarios del FONCA. Felicidades a todos y adelante con la buena fortuna!

--crg

Wednesday, August 08, 2007

PRIMERA CITA TEXTUAL (EN MONTERREY)

En el contexto de:
LA REGIÓN UNIVERSAL
III Encuentro de escritores jóvenes del norte de México y sur de Estados Unidos




Jueves 9 de agosto, a partir de las 10:00 horas.
Museo Metropolitano de Monterrey
Conferencia de apertura de Jen Hofer / Mesas de ponencias / Mesas de lectura de obra

Jueves 9 de agosto, a las 19:00 horas.
Sala de juntas del Antiguo Palacio Federal
Cita textual con Cristina Rivera Garza
(charla con lectores de la novela La cresta de ilión)

Viernes 10 de agosto, a partir de las 11:00 horas.
Museo Metropolitano de Monterrey
Mesas de ponencias / Mesas de lectura de obra / Conferencia de clausura de Cristina Rivera Garza

--crg

Tuesday, August 07, 2007

MUCHOS VERANOS

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

[para Alba y Alicia y Raquel y Adrián y Rachel y Alan y Matías y toda la banda veraniega de Santa Ynez]


I. Está el verano en que los pubertos descubren, entre paseos en bicicleta o correrías en la playa, el rostro de la heterosexualidad: el sol de julio en su cenit y, alrededor, el aroma agridulce o casi dulzón de plantas que la imaginación visualiza como carnívoras. Los zapatos sobre la tierra. Hasta el último día de clases los mundos se han dividido, con rigurosidad salomónica, entre niños y niñas, pero ha bastado con que den inicio las vacaciones largas para que una igualmente larga sospecha o una intermitente ansiedad traiga, cual novela profundísima, más preguntas que respuestas, más enigmas, más esquinas. Algunos roces. El verano como umbral. El verano como inauguración. El nombre del verano de la pubertad de Ingmar Bergman fue, alguna vez, Varoms. Ahí, en compañía de su abuela, el joven que todavía desconocía El Terrible Pecado de Juventud entretenía los largos días estivales con lecturas en voz alta y zambullidas en lagos llenos de nenúfares, con caminatas sobre sendas pantanosas y bajo nubes de moscas y de tábanos. Ahí, en Varoms, relata Bergman en Linterna mágica, apareció Märta, la muchacha que, a pesar de tener su misma edad le “sacaba media cabeza”. “Ancha y huesuda”, Märta “olía a establo y a la misma acritud de la ciénega”. Sin los horarios de costumbre y comiendo bocadillos a deshoras, Bergman no duda en equiparar su encuentro veraniego con el de Romeo y Julieta, aunque aclara: “la única diferencia es que a nosotros nunca se nos ocurrió tocarnos. Aún menos besarnos”. Así, ayudando a Märta con los trabajos de campo que la habían traído a una finca cercana a Varoms, Bergman, a quien le daban algo de miedo la vacas, no sólo descubre la tímida aproximación de los cuerpos sino también, acaso sobre todo, los ejercicios verbales que lo invitan a fabricar mentiras grandilocuentes o a ofrecer las confesiones más íntimas. De tal importancia fue el verano que pasó solo con su abuela en Varoms que Bergman no duda en calificar a su encuentro con Märta como un “amor feliz”.

“Un día llueve”, continúa Bergman, “llueve todo el día, como el agua de una regadera y a rachas… Estamos solos en la pequeña y cálida habitación. La luz es suave, la lluvia hace rayas en las pequeñas ventanas y el viento sopla en la buhardilla. dice Märta. Me doy cuenta de repente de que los días están contados, de que la inmensidad tiene un final, de que la separación es inminente. Märta se inclina sobre la mesa, su aliento huele a leche dulce… Tiende su mano ancha y morena con las uñas sucias y mordidas. Pongo la mía encima y me la encierra en la suya. Guardo silencio al fin porque una insuperable tristeza me ha hecho enmudecer”.

[In Memoriam]

II.Está el verano en que los pubertos de ciudad descubren el bosque, la naturaleza. Los veranos que los alejan de horarios y deberes, de rostros conocidos y rutinas predecibles, para internarlos en la experiencia brutal, que es a veces de color verde, de la lejanía. Nada es igual al regreso. Los que fueron demasiado lejos y, aún así, logran regresar, ya nunca serán los mismos. Algo así le sucedía a Elaine Risley cuando era niña en Cat´s Eye, la novela que Margaret Atwood publicó en 1989, justo después de su muy celebrada The Handmaid´s Tale (luego vuelta película). Antes de irse hacia el norte y vivir en una cabaña en un bosque habitado sólo por sus padres y su propio hermano, Elaine se despide de Grace y Carol, dos amigas que se detienen por un momento “bajo el árbol de manzanas, con sus faldas, diciendo adiós, desapareciendo”. En un relato que se asemeja bastante al de la autora misma, Elaine cuenta entonces de sus andanzas veraniegas: los colchones sobre el piso, las inscripciones sobre la madera, las tardes de pesca, la recolección de fresas, la cercanía filial. los comentarios alarmantes de un padre que, además de dedicarse a la ciencia, ama el bosque. El silencio del bosque; la soledad del bosque.

“Cuando regresamos del norte, es como regresar de la montaña”, dice Elaine. “Descendemos a través de capas de claridad, de frescura y diáfana luz…hasta internarnos en el aire denso, la humedad y la pesada calidez, el ruido de los grillos y los olores a madera de los lagos del sur”.

Esas largas desapariciones, esos veranos pasados en otro lugar que se antoja lejano e inhóspito, constituirán una de las muchas peculiaridades de Elaine. Tal vez es por eso que Atwood decide que Elaine conocerá a Cordelia, la amiga con la cual vivirá una intrincada historia de amistad y terror a lo largo de su vida, justo después de una estadía en el bosque. “Grace y Carlos están bajo el árbol de las manzanas, justo donde las dejé. Pero no se ven igual. No se parecen en nada a las fotografías que he cargado en mi mente en los últimos cuatro meses… No se aproximan corriendo, aunque detienen lo que están haciendo para mirarnos como ni fuéramos gente nueva, como si nunca hubiéramos vivido aquí. Una tercera niña está con ellas. La miro, vacía de premonición. Nunca la he visto antes”.

III. Está también el verano que nunca se vivió. Está la vida, o ese remedo de vida que, con demasiada frecuencia, se lleva a los niños directo a la edad adulta, saltándose sin menoscabo la pubertad y, luego, la adolescencia. Se trata de una película de finales del XX: Las bicicletas son para el verano, dirigida por Jaime Chavarri con base en una obra de teatro de Fernando Fernán-Gómez. La vi, si mal no recuerdo, el mismo año en que salió, allá por 1984. Y desde entonces me sacude la idea: la verdadera antítesis del verano es la guerra. Cualquier guerra.

IV. Está el verano que termina. El verano que acaba de terminar a inicios de agosto, en pleno verano. Una mano se arroja al aire para decir adiós. La sonrisa como de idiota en el rostro.

--crg

Monday, August 06, 2007

TRADUCCIONES HOMOFÓNICAS

Como parte de La Inquietante (e Internacional) Semana de las Mujeres Traducidas, Jen Hofer, poeta, traductora y paramadrina homofónica trabajará con ustedes y con nosotras en este maravilloso ejercicio poético:


Traducción homofónica

La poesía crea estructuras de entendimiento mucho más allá de los significados de las palabras. ¿Cuáles espacios se posibilitan cuando no entendemos el significado y nos abrimos a los sentidos de las palabras más allá de sus sentidos, a las maneras musicales y fonéticas de abarcar el lenguaje? Si consideramos la traducción como manera de habitar otro vocabulario, otra sintaxis, otras perspectivas lingüísticas y pensamientos poéticos, ¿cuáles estructuras podríamos construir cuando abandonemos por completo el uso normativo del lenguaje mientras damos la bienvenida a los sonidos y maniobras sintácticas del idioma ajeno? En el campo musical del idioma ajeno, nuestro propio idioma se vuelve extranjero: somos traducidos a través del oído.

Sin prestar atención al significado del original, traduce el sonido del poema al español, de manera que creas un texto que suena "igual" al original (por ejemplo: la palabra "loud" en inglés podría traducirse como "laúd" en español, o la frase "je ne sais pas" en francés podría traducirse como "llené la cepa"). Puedes permitirte cualquier elasticidad lingüística que te facilite la traducción, pero la idea es crear un texto homofónico, es decir, un texto que cuando se lee en voz alta, tiene el mismo sonido y/o música que el original.

Encontrarás más información (en inglés) acerca de la traducción homofónica, y algunos ejemplos, en:

http://writing.upenn.edu/bernstein/wreadiing-experiments.html http://www.languagehat.com/archives/000821.php

hay unos comentarios al respecto en español en:

http://www.celtiberia.net/verrespuesta.asp?idp=2052.

Se subirá otro texto a traducir homofónicamente cada quincena hasta el dos de noviembre Día de los Muertos (otra traducción, aunque menos homofónica).

Jen traducirá una selección de las traducciones homofónicas al inglés para ser publicadas en la revista de poesía en traducción Circumference


Envíanos tu participación a: amaranta.caballero@gmail.com




*

EJERCICIO/poema a traducir # 1


Det är något som inte är som det ska härinne.
Det är något skräckslaget
som inte kan ta sig ut härifrån.
Det är någonting som har givit vika
under mina fötter.
Det är någonting som har rämnat
över mitt huvud.
Det är någonting som sitter vid min huvudgärd
och hyperventilerar.
Det är någonting härinne
som går mig på nerverna.
Jag tror att det har uppstått ett livshotande
förståndslidande här i huset.
Jag tror att det är smittsamt.
Jag tror att jag måste akta mig
så att jag inte blir farlig.
Det måste finnas en rätsida.
Det måste finnas en nödlösning.
Det måste finnas en jourhavande låssmed.
Det måste finnas en utrymningsplan.
Det måste finnas en katastrofberedskap.



*

crg

Thursday, August 02, 2007

AND THOSE WHO WERE SEEN DANCING

were thought to be insane by those who could not hear the music.

Here she goes, Pamela Keindl, desde Colorado hasta La Inquietante (e Internacional) Semana de las Mujeres Traducidas.
!Y seguimos!

--crg

Tuesday, July 31, 2007

LA SEGUNDA LENGUA

[en La Mano Oblicua, columna de los martes en el periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

[para Sara Poot-Herrera, en verano]

I: El número dos
Siempre me ha parecido mejor, por considerarlo más cómodo, el segundo lugar. También tiendo a creer que lo más importante, tanto en los libros como en la vida, suele ocurrir con pasmosa frecuencia en el penúltimo párrafo, capítulo, escena, piso. Entre el rimbombante inicio inaugural y la parca conclusión definitiva está, para el bien de todos, el número dos: la puerta de entrada para la postergación o el alargamiento o la interrupción o la duda. Acaso por eso, en lugar de la primera, prefiero hablar de (¿en? ¿para?) la segunda lengua. Hay un cierto aire de libertad a su alrededor. El olor a cosa abierta. Lo que subyuga.

II: Después
En sentido estricto, por supuesto, toda lengua es una segunda lengua. En sentido estricto, quiero decir, la lengua que nos acoge y nos arropa desde el seno materno es ya, de por sí, una lengua madrastra. Aún sabiéndolo, sin embargo, me gusta llamarla así: La Segunda Lengua. Hay un cierto sentido de extrañeza y otro de consecutiva falta de importancia que me hacen sentir bien respecto a ella. No es mi casa, ciertamente, ni otra casa. Se trata, en todo caso, de la intemperie. No es la encargada de mantener las apariencias (de lo original o lo primigenio o lo natural), sino la otra, la que nada más por el hecho de existir logra ponerlo todo (a lo original y lo primigenio y lo natural) en duda. La de la pregunta difícil y el acento raro. La que no se acopla y, por lo tanto, no domina. La que llegó después y, por haberlo hecho, anuncia que puede haber todavía más. No es la casa, decía, sino el camino que me acerca o me aleja, según suba o baje la loma, como ya lo anotaba Juan Preciado en su camino a Comala, a esa casa.

II: Malentender
Hay un eco dentro de la cabeza. Un ligero zumbido. Un estertor. A todo eso le llamé por años La Segunda Lengua. Ruido sucio. Un leve mareo que asemejaba una vital levitación. El nombre que le puse al velo que no me permitía ver las cosas claramente o que, bien mirado, me invitaba a ver las cosas de otra manera. Una distorsión, en efecto. Una alterada alteración. La inminencia de un malentendido, que es el otro nombre de la invención.

III: La otra manera
Suele pasar así: todo mundo habla una lengua alrededor de una mesa y, sin planearlo, sin pensarlo siquiera, aparece La Segunda. A veces es sólo el guiño diminuto de la palabra súbitamente intraducible y, en otras, el silencio en el que ocurre el puntual proceso de traducción. En algunas ocasiones es sólo un ligero tartamudeo y, todavía en más, el acento que sella lo que viene de lejos. Está ahí, me digo entonces, para recordarme que en toda circunstancia, aún en las felices, es importante hablar de otra manera. Está ahí para confirmarme que siempre soy, al menos, dos.

IV: Que no es lo mismo pero es igual
Alguna vez creí que sabía cuál era cuál. Viví por muchos años en el país de la Segunda Lengua y allá, cual debe, rodeada de nostalgia y alcanfor y una sesuda necesidad por La Gran Narrativa, surgió el mito de La Primera. Allá (que en este momento es Aquí, por cierto) llevaba mis asuntos terrestres en la Segunda y los divinos, que son los más íntimos, en la Primera. Cosa de simetría. Asunto de claridad. Y todo habría estado bien si no hubiera ocurrido la proverbial noche del proverbial día en que tuve el proverbial sueño en la Segunda Lengua. No recuerdo la anécdota onírica (aunque estoy casi segura de que había un tren en todo aquello) pero recuerdo, casi a la perfección, el súbito despertar. Entonces, me pregunté ¿La Segunda ya es La Primera? Hacía un sol terrible allá afuera. Y todo habría estado bien una vez más si no me hubiera mudado al país de la Primera donde la Segunda volvió, no sin reticencia, no sin ese relinchar que suele despertarme en las noches sin sueños, a su propio lugar. Excepto que, de acuerdo a las simetrías que tienen la desgracia o la virtud, según se les vea, de ser estructurales, empecé a llevar mis asuntos terrestres en la Primera, dejando, luego entonces, todo lo privado, que es, como ya lo dije, lo más cercano a un cierto concepto de lo sagrado, en manos de la Segunda. Cosa de divinidad. Desde entonces sólo hablo de amor en una lengua con la que no nací.

V: La Libertad de la Segunda Lengua
Con ella puedo maldecir a mis anchas, cortar oraciones donde se me da la gana, hacer declaraciones escandalosas, cambiar los puntos de lugar, prevaricar que es casi lo mismo que mentir, equivocarme con lujo de detalles, bajar la voz hasta que la voz llega al grado cero de sí misma, decirme y desdecirme con la misma solitaria convicción, dar un pésame, prometer lo imposible que acaso sólo sea otra forma de besar. Como si a mí y a La Primera nos atacara un súbito pudor cuando estamos cerca, hay cosas que no puedo ni siquiera concebir en su presencia. Como si hubiéramos vivido demasiado cosas juntas. Como si todo nos doliera. Pero con la Segunda puedo contar chistes pasados de tono, decir palabras de amor, desbaratar un secreto largamente guardado, despedirme, discurrir sobre política.

VI: Manifiesto popular
Independientemente del idioma en que aparezca, la escritura siempre se hace en La Segunda Lengua.


[en diálogo con la escritora peruana Patricia de Souza, cuyo texto sobre su segunda lengua puede ser visto aquí enseguida o en www.palincestos.blogspot.com]


ESCRIBIR PARA SOBREVIVIR
Patricia De Souza

Para hablar de mi relación con el idioma francés tengo que ir hacia atrás. Atrás. Primero es la llegada a la Gare de Austerlitz, la ausencia de signos reconocibles. El invierno, no comprender nada, no comunicar, estar silenciada durante meses, en medio de la confusión. Poco a poco empiezo a descifrar, como cuando era pequeña y una palabra se quedaba resonando hasta obtener un significado. Se trataba entonces de Significar, pero yo no sentía que significaba más que mi condición extranjera en París, a veces, hasta el punto de no reconocerme. Yo sé que deseo ser mirada, aceptada como parte de ese grupo humano. Poseer las palabras es la única forma en que puedo existir. Lo intuyo cuando voy de compras y pago la suma exacta para evitar preguntas. Es siempre invierno, es el Boulevard Saint Germain, llevo un abrigo rojo y un cinturón a la cadera, sobre una falda negra. Voy así cuando entro a una tienda y extiendo los billetes y me pierdo en el intercambio de palabras, todavía no sé descifrar...

Poco a poco ese silencio se va llenando de experiencias, aunque siento que pedaleo en la oscuridad. Las experiencias afectivas, la huella que termina produciendo una frase, una sintaxis, un contenido y acomoda el exterior con el interior. La escritura como la huella sensible de la experiencia en el lenguaje escrito. Tenía que aprender a hablar y escribir así como aprender a estar en otro país. Era otro nacimiento, otro alumbramiento que pondría a prueba mi capacidad de comunicar. Si en mi idioma había cosas que no me sentía en condiciones de decir (o confesar), en el francés empezaban a cobrar otro sentido, hablaban. Y sin embargo, mi relación con el idioma nunca ha sido fácil, ha sido más bien violenta, como lo es la experiencia del desarraigo. Posee todas las dificultades y conflictos que tuve que afrontar para entrar en posesión de mí misma: gritos, explosiones, injurias, transpiraciones, padecimientos, y, finalmente, goces... El idioma francés ha sido una lucha por poseerme, como aprender a caminar de nuevo y sin la ayuda de nadie. Plantar un árbol sólido, verlo crecer. Una noche de luna, yo empecé a entender lo que oía, sentir su música, su libertad, y adivinar otra vida. De ser una analfabeta pasaba a comprender que esa escritura emergía a la superficie. Y podía tocar sus contornos, moverme dentro de ella con facilidad. Era aprender a respirar con un pulmón artificial que se iría integrando a mi cuerpo. Porque aprender otro idioma no se trata solamente de comprender una realidad, sino de hacerla significante. Un idioma de la adultez, de la autonomía: aprender a pedalear sola en la oscuridad. Así como el castellano era el idioma de la niñez, también lo era del abandono, del desarraigo. El idioma de la otra orilla, en la que con un dedo, yo quería escribir sobre la arena una frase que me hiciera evocar el sueño de un idioma adámico, aquel que pudiera expresa la totalidad de la experiencia. Sí, yo me veo sentada en una terraza tratando de encontrar el lenguaje con el cual voy a intentar inscribir lo que me está pasando, cómo voy a tratar esa realidad imcompleta y transformarla en signos. Para sobrevivir. Hasta que se aprende a aceptar que el idioma no lo puede todo, a lo sumo, dar movimiento, poner la máquina de ficción andar, entrar en contacto con Eros. Comprendí que un idioma puede tener nuevos sentidos si se le deja respirar su experiencia, si se le deja estar vivo a través de la presencia de los demás. Por eso, también creo que aprendí a mantener un poco (solo un poco, porque siempre se trata de ejercer una cierta violencia sobre el idioma para arrancarle algún secreto) de silencio en el francés, aprender a dejar espacios en blanco. Lo indecible. No me olvido de que es un idioma que ha vivido los traumas de la guerra y que ha pasado por silencios terapéuticos (la crisis de géneros, en especial, la novela y el Nouveau roman). Sí, tal vez la inocencia con el idioma la perdí un poco con el francés, pero no fue para abandonar mi propio idioma como un fósil, sino para sacudir mi castellano de la retórica dominante. Una declaración de guerra. De ahí la escritura fragmentada, la escritura que se resiste al molde clásico, masculino, en el que yo había aprendido a escribir. Un día conversaba con Alain-Robbe Grillet sobre Marguerite Duras y me dijo algo que me gustó: si algo que tenemos que reconocerle a Duras, es el silencio de sus textos. Cerré los ojos. Yo quería hacer otra cosa con el idioma, ¿pero, qué? Creo que resistir a borrarme dentro de él, a que me pusieran una máscara y no un rostro. Yo necesitaba existir a través de mis textos como un verdadero trabajo de escritura, necesitaba hacer que el texto transpire su pathos, sus huellas. Sé que no he elegido el francés como segundo idioma, ha sido lo que se dice mi fatum, he aprendido a vivir con él y a recorrer-me en sus códigos, salir al mundo, estar en él. Es esa simetría entre la experiencia y el lenguaje, entre la sensación, nueva, sidérant (asombrosa), de llegar a París en invierno con 18 años y sentir el frío mordiéndome los riñones, es esa sensación de analfabeta, de no poder comunicar esa vulnerabilidad, la que puede haberme empujado a escribir en francés. Por eso un nuevo texto en este idioma se titula La disparition (La desaparición).

No sé si alguna vez tenga que elegir en qué idioma escribiré. Eso simplemente sucederá, como cuando vemos un rostro, un gesto, y nos conmovemos, o decimos: ¡qué acontecimiento, me gustas!Ambos registros me transmiten una humanidad. Un mundo. Y si pedaleo en la oscuridad, a ne plus en finir!, ya no me asusta, me atrae, me fascina.


--crg

Monday, July 30, 2007

PAPELES DE IDENTIFICACION

Desde Peru y desde Santa Barbara, Carmen Aniceto en La Inquietante (e Internacional) Semana de las Mujeres Traducidas.

!Y seguimos!

--crg

Thursday, July 26, 2007

Wednesday, July 25, 2007

THE LOTOS TREE OF THE UTMOST BORDER

11. rabb, The Lord. Sphere of Saturn. ya´
The first shpere is that of Saturn, connected with Saturday. It is the ascendant of princes and great men. It is the station of the bayt al-ma´mur and the Sidrat al-muntahá, the "Lotos tree of the utmost border". Abraham is located there. The bayt al-ma´mur is located exactly opposite the earthly Ka´ba. It has two gates, one in the east, the other one in the West. The eastern one is called Gate of the Appeareance of Lights, through which every day 18,000 angels enter. The western gate is the Gate of the Occultation of Lights through which these angels disappear, not to return till the day of resurrection. The Sidrat al-muntahá is also in this sphere; it is in symbolical language a tree whose leaves are like an elephant´s ear and whose fruits are like earthen vessels. The blessed eat its fruits by which dishonesty disappears from their breasts. On its leaves is written Subbúh quddús rabb al-malá´ik, "Most Glorified, Most Holy, the Lord of the angels." The works of mankind end here; that is why it is called the tree of the outmost limit. Beneath this tree is Gabriel´s abode. On this tree is written: "What no eye has seen and no ear has heard, and what did not come to any human being´s mind."

Arabic Mystical Alphabet, in Jed Rasula and Steve McCaffery, eds., Imagining Language. An Anthology, (Cambridge: MIT, 1998), 397.

--crg

Tuesday, July 24, 2007

EL FIN DEL FIN DE LA ESCRITURA/II

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periodico mexicano Milenio, seccion de cultura]

V: Escritura con fecha
Un post es el capítulo de ese libro infinito que se intitula blogspot. A diferencia de los capítulos de esos otros libros que responden al nombre de novela, los posts se presentan con hora y fecha de publicación. Algo tan aparentemente simple tiene, sin embargo, consecuencias de suyo interesantes. El post, como un horario de trabajo, indica la hora y la fecha de producción –evidenciando con eso que la escritura es un oficio (la académica en mí diría, sin asomo de resquemor, una disciplina) cuyo objetivo es producir lenguaje. Acumulando en retroceso (siempre el post más reciente es el primer post) los capítulos electrónicos muestran lo que la novela se niega a mostrar: que la escritura siempre está a punto de ser otra cosa. Me explico: la novela sólo se muestra cuando está completa, cosa que produce el efecto de naturalidad irremediable implícito en el así-iba-a-ser-desde-el-principio de toda teleología cautiva. El post, que tiene hora y fecha de publicación, permite correr la cortina y comprobar que el truco es un truco: 1) Nada iba a ser así desde el principio –que es la premisa de toda crítica del status quo, y 2) escribir es un oficio constante, un trabajo de producción.

VI: Corte
La escritura electrónica no descubrió ni el fragmento ni la brevedad, pero sí ha hecho uso tan constante y tan estratégico de ellos como para que se conviertan en sus señas de identidad. Estos dos elementos utilizados a la par han sido tan efectivos porque, por una parte, se atienen a la capacidad de atención, en disminución regular según dicen los expertos, de los internautas; y, por la otra, se mueven en la pantalla con los guiños que hasta hace poco eran de del exclusivo coto de la imagen. Yo añadiría que, en tanto escritura en alerta constante por el otro y lo otro, tanto el fragmento como la brevedad llevan fácilmente (o en una de ésas parten de ahí) a la interrupción que se manifiesta en el corte: el corte de la frase, el corte del discurso, el corte de la alocución que, interrumpida, constantemente interrumpida, es decir, aludida e interpelada, guarda la inminencia alterada del otro.

VII: El Blog Como Foro
Yo no soy de las que creen que el blogspot, por sí mismo, constituye una forma democrática de producción creativa. No creo, tampoco, que el blog sea un nuevo género literario de contenido implícita o explícitamente contestatario. Creo, de hecho, que el blog y sus comunidades han mostrado una increíble capacidad de réplica de los mejores y de los peores vicios de la producción literaria en papel—hay cosas buenísimas en las pantallas, y hay cosas también muy malas. Lo que me parece rescatable y, de hecho, perdurable, es la capacidad de la bitácora electrónica para incluir, si ésta en una posición política elegida por el autor electrónico, distintas voces, sobre todos las desiguales, en un mismo lugar y tiempo. El blog como foro. El blog como lo opuesto que se mira una y otra vez. Esto me ha resultado de suma utilidad sobre todo, he aquí la académica hablando de nueva cuenta, en mis clases. Utilizo el blog como herramienta de creación, por ejemplo, en una clase de escritura que imparto en el ITESM-Campus Toluca, la universidad donde trabajo. Al inicio del semestre, les cuento, abrimos un blog colectivo y, a lo largo de las semanas, vamos construyendo (o destruyendo según sea el caso) un texto a múltiples manos. Con la pantalla en el lugar donde antes iba el pizarrón, emprendemos la lectura colectiva de los textos y, así, da inicio la revisión. Los talleristas pueden subir textos desde sus hogares u oficinas durante toda la semana –conectándonos de esa manera un tanto obsesiva que es tan conocida, supongo, para los escritores.

VIII: Copyleft
¿A quién le pertenece el texto de la pantalla? ¿Quién se beneficia con el texto electrónico? ¿A dónde va a parar la plusvalía de esas palabras? Mi respuesta: si el blog gana un lector, ganamos todos.

IX: El Manifiesto Público
Hace no mucho subí una carta que, con motivo de los atroces acontecimientos que se habían llevado a cabo en Atenco, lugar muy cercano a la ciudad de México, redactó la escritora mexicana Paloma Villegas y que, con ayuda del correo electrónico, hicimos llegar a tantas personas como nos fue posible. El resultado: nos fue posible demasiado. La carta, que finalmente aparece firmada por mil personas (muchas más firmas fueron recolectadas), no sólo apareció en la prensa nacional sino que también puede ser vista en las bitácoras electrónicas de algunas de las firmantes. Los lectores de Praga, los de Madrid y los de Sao Paulo se enteraron así no sólo del suceso en cuestión, la violación sistemática de mujeres adoptada como estrategia por la policía nacional de México, sino también de las posiciones específicas que sostuvieron las firmantes.

En ese mismo mes pudieron verse en mi blog, por ejemplo, las fotografías que hombres y mujeres de todos lados habían ido enviando para participar en La Inquietante (e Internacional) Semana de las Mujeres Invisibles –un happening que se llevó a cabo en la Ciudad de México y que incluyó una reflexión multifacética acerca de las muchas maneras en que distintos individuos se relacionan con su propia invisibilidad, ya se la impuesta o la elegida. El evento, cuya convocatoria apreció en el blog a inicios de marzo, congregó el trabajo creativo y lúdico de instaladoras y filósofas, fotógrafas y poetas, candidatas a la presidencia de la república y académicas.

En resumen: todo esto no habría sido posible, o lo habría sido pero con mucho más esfuerzo y lentitud, sin el blog.

X: El fin del fin de la escritura
Recuerdo que en la transición hacia el nuevo milenio, además de los recurrentes y apocalípticos temores de que se acabe el mundo, cundió, sobre todo entre literatos, el miedo al fin de la escritura. Apantallados (dicho sea esto de manera literal) por el tamaño y el vigor de las pantallas de todo el mundo, no faltó quien decretara un luto temprano por el libro. Yo soy de los que creen que, de hecho, mucha de la tecnología de mayor acceso (el Chat, por ejemplo, el correo electrónico o los baratísimos mensajes de texto que mandamos por teléfono) apuntan a un fenómeno contrario: la total imposibilidad de un futuro sin escritura. Nuestra tarea, o al menos la tarea que concibo como mía, es producir ese lenguaje que no demerite los alcances de la tecnología.

--crg

Wednesday, July 18, 2007

(DOROTHY) PARKER ON (ISADORA) DUNCAN

Here was a great woman.
A magnificent, generous, gallant, reckless, fated fool of a woman.
There was never a place for her in the ranks of the terrible, slow army of the cautious.
She ran ahead, where there were no paths.

--crg

Tuesday, July 17, 2007

EL FIN DEL FIN DE LA ESCRITURA/ I

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

Hace unos cuatro años, asistí a un encuentro de escritores latinoamericanos en Sevilla, España. Si mal no recuerdo, los organizadores nos invitaban a hablar de lo que para ese entonces constituía nuestro trabajo y nuestra visión de ese trabajo en el contexto de otros contemporáneos. Hace aproximadamente cuatro años, pues, escribí sobre mi bitácora electrónica y abordé el asunto de la escritura en el ciberespacio en tanto fenómeno de nuestros tiempos. Recuerdo que hubo quienes me preguntaron qué era una bitácora electrónica y quiénes predijeron, con súbito rencor, que eso no duraría más de cinco años.

Ahora, apenas cuatro años después, Casa de América, siempre atenta a los fenómenos de la cultura contemporánea, me invita a hablar exclusivamente del blogspot y de mi experiencia con la escritura electrónica. Nadie aquí, asumo, tendrá que preguntar qué es una bitácora electrónica y pocos creerán, también lo asumo, que a la ciberescritura le restan, según las cuentas del escandalizado aquel, un año de vida. ¿Empezamos a contar?

I. Los orígenes
De la misma manera en que sé algo de game cubes y game boys y play stations debido a la presencia de un niño de 8 años en mi vida, también así, debido a la cercanía de personas muy jóvenes, llegué al blog. Impartía por aquel entonces un taller de escritura creativa en el Centro Cultural Tijuana y acababa de llegar a la región una fiebre desconocida que todos llamaban el blogspot. Los talleristas que yo arengaba una vez a la semana a escribir en el papel y a sacarle copias al manuscrito empezaron, entonces, a insistir en que yo intentara, a mi vez, a escribir y publicar en la pantalla. Ellos ya lo hacían. Mi primera reacción, algo escandalizada a decir verdad, fue de un rotundo aunque suavemente expresado No. ¿Cómo iba perder mi tiempo de aquella manera? ¿cómo iba a publicar textos, como dirían los gringos, free of charge, por los que en cualquier otro lado pagaban? ¿pero no era aquello la más absoluta falta de seriedad? No tardaron mucho en lanzarme retos cada vez más específicos hasta que en una de las tradiciones fiestas y en condiciones que no viene al caso relatar, pedí acceso al ordenador de la anfitriona y abrí Words are de Very Eyes of Secrecy, mi primer blog, a eso de las 3 de la mañana. La historia es simple después: ya no pude parar.

Bienaventurado aquel que se junta con jóvenes porque de él o de ella será el cielo electrónico.

II. Todo cabe en un blog sabiéndolo acomodar
Si antes ya escribía sin parar, con el blogspot todo lo empecé a ver en forma de escritura. Los sucesos simples de la vida cotidiana que, de otra manera solían terminar en el olvido o la distracción, empezaron a encontrar su lugar en mi blog. Las ruminaciones más variadas. Los textos publicados en otros sitios. Las puntadas con las que a veces se adereza una buena charla. Los manifiestos públicos. Lo escuchado por ahí. Lo pensado por allá. Todo cabía en mi blog sabiéndolo acomodar. Esa flexibilidad del formato estuvo, habrá que decirlo, en los inicios mismos de la adicción.

III. Proliferación vs. oposición
El blogspot no sólo me permitió ver publicado el texto de manera inmediata y sin la intervención de jerarquía editorial alguna, sino que también, y acaso esto sea de mayor relevancia, me produjo, y esto de súbito, una conciencia mayor de mi propia labor como editora de mi trabajo. Más que saltarse una instancia de la escalinata editorial, la escritura electrónica, quiero decir, me condujo a contribuir a la misma a través de la explicitación de mis propios criterios. La crítica implícita contra la rigidez y elitismo que con frecuencia afecta al mundo editorial no consistía en una oposición ciega o patibularia sino otra, acaso más desconcertante para nuestros mundos unidimensionales, acaso más divertida, que era una estrategia de proliferación. El surgimiento de los muchos criterios incluye, como todo lo verdaderamente plural, aquello que me place y aquello que no, lo que de acuerdo con gustos propios o indoctrinamientos varios considero a veces de buena y a veces de mala calidad. En todo caso, lo verdaderamente importante para mí es que la escritura electrónica, especialmente el caso del blogspot, hizo evidente, o encarnó diría Gertrude Stein, lo que alguna vez Bajtín llamó heteroglossia: la construcción del foro que admite, porque los precisa para existir, discursos varios, incluso los contrarios.

IV. La escritura comunal
En el diccionario de los lugares comunes la definición del escritor se lee así: dícese de sensible hombre, de preferencia joven (y, si se puede, guapo) atormentado por irredenta musa, de preferencia inalcanzable, en contextos de la más acuciosa soledad. La definición dice, por supuesto, más cosas, pero aquí lo que me importa resaltar es la palabra soledad. Escribir, para el lugar común, consiste en escribir a solas. Se escribe, además, motivado por inspiraciones de corte divino o sagrado. Escribir eleva. El que escribe, en otras palabras, levita (y si se puede de levita, mejor). Todo esto lo ha echado por tierra la escritura electrónica. Dicho sea esto literalmente. El surgimiento veloz e irreversible de las muy distintas comunidades de escritores y lectores electrónicos puso en evidencia que escribir es sobre todo, para empezar y para acabar, un ejercicio comunal. Digo esto en el sentido más general en que usualmente se dice que el lenguaje donde nos volvemos yo es la más social de todas nuestras intimidades, sino también en el sentido más específico: se escribe con otro y para otro y en el contexto/pantalla de otro. Se escribe con urgencia, sin intermediario, todos los días. Se escribe en el estado de emergencia que, según Walter Benjamin, reencantará al mundo.

--crg

Monday, July 16, 2007

ANIVERSARIO

Mi guardiana de la suerte
sueña cercada de flor
que me salva de la muerte
con fortuna en el amor

(Rodríguez dixit)

--crg

Thursday, July 12, 2007

ACTIVIDADES BÁRBARAS


UNIVERSITY OF CALIFORNIA, SANTA BARBARA

COLOQUIO DE LITERATURA MEXICANA
LOCOS AMENOS (Y LOCAS A MAS)
EN DIÁLOGO CON NADIE ME VERA LLORAR
DE CRISTINA RIVERA GARZA

Sábado 14 de julio de 2007
G i b r a l t a r (S a n t a Y n e z)

Pabellón I: de 1.00 a 2:45 pm
Arturo Giráldez, University of the Pacific
“Razon e historia en Nadie me verá llorar”

Marta Gallo, UCSB
“Nadie me verá llorar: el devenir de unas lágrimas no derramadas”

Nicola Gavioli, UCSB
“Furnished Souls: Testimony and Art of Memory in Cristina Rivera Garza’s Nadie me verá llorar and Alda Merini’s poetic prose”

Miguel Zugasti, Universidad de Navarra
“Saludar al fracaso y platicar con él: sobre Nadie me verá llorar, de Cristina Rivera Garza”

Modera: Sandra Lorenzano, Universidad del Claustro de Sor Juana


Pabellón II: de 3:00 a 4:15 pm
Cheyla Samuelson, UCSB
“‘El esposo de la vainilla’: Joaquín Buitrago, representation and desire in Nadie me verá llorar”

Jorge Ruffinelli, Stanford University
“Ni a tontas ni a locas: Cristina Rivera Garza y su nuevo modo de narrar”

Sara Poot Herrera, UCSB
“‘Un refugio sin puertas’, el paraíso de Matilda Burgos”

Modera: Ricardo Maldonado, UNAM

Sala General: de 4:30 a 5:30 pm
Sandra Lorenzano, “El olor de la vainilla. Apuntes para un diálogo”
Cheyla Samuelson, “Líneas de fuga: el lenguaje implacable de Cristina Rivera Garza”
Jorge Ruffinelli, “De lo concreto a lo abstracto: un viaje sin regreso”
Cristina Rivera Garza por ella misma
Modera: Sara Poot Herrera
Servicios Generales (foro abierto entre el publico y Cristina Rivera Garza): 5:30 pm

http://www.uweb.ucsb.edu/~cheyla/nadie_me_vera_llorar.pdf

--crg

Wednesday, July 11, 2007

TARDES BARBARAS, DIAS BARBAROS, TODO BARBARO
















--crg
DE CAMINO A BERKELEY

Mi pasado que ya viene.

Cheyla Samuelson dixit.

--crg

Tuesday, July 10, 2007

LA ESPECIALISTA EN SOR JUANA

Baste ya de licores, mi bien, baste

Sara Poot-Herrera dixit

--crg
UNA CENTRIFUGA MARGINARIA

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periodico mexicano Milenio, seccion de cultura]

I Alguien a quien le interesa complicar las cosas

Era una pregunta en apariencia simple, lo sé. Pero apenas si se dejaron ver los términos “escrituras” y “márgenes” (se trataba, ya lo imaginaron, de una interrogante acerca de las escrituras que se practican en los márgenes) la pregunta se volvió una pregunta difícil. No es que yo sea por naturaleza alguien a quien le interese complicar las cosas, pero, por fortuna o desgraciadamente, a eso me dedico. Y, lo que es más, me gusta ese oficio.

Estaba, pues, el asunto, por ejemplo, del origen. El añejo y no por ello menos problemático enigma que se encierra en la pregunta ¿de dónde es uno? Porque el margen, se presume, debe iniciar en algún lado, y el lado, esto también se presume, cumple la función de destino. Luego, si es que hay un luego después de tamaño entresijo, surgió también la cuestión igualmente añeja e igualmente problemática que se cuela entre las palabras de la pregunta ¿dónde está uno cuando está donde está? Porque el margen, se presume, depende de la presencia tanto física como simbólica de uno, es decir, del punto en el espacio y el tiempo y el imaginario en que se lleva a cabo la práctica de la escritura que es, como todos saben, una práctica del no estar. Se trata, por supuesto, de un método basado en la interrupción y el titubeo. Se trata, como lo quería Kafka, de vacilar, claro está, pero de vacilar tan firmemente como nos sea dado o posible o soportable hacerlo. Cosa de vértigos, quiero decir. Materia de abismos.

Si este método trastabilleante es del todo efectivo, será muy posible que al final de esta lectura un enunciado como el siguiente: “Soy Cristina Rivera Garza, escritora nacida en Matamoros, Tamaulipas, México”, resulte una propuesta tan descabellada como realmente lo es.

II ¿Dónde estoy cuando estoy frente a la pantalla?: complicaciones sobre la distancia electrónica?

Una pregunta acerca del margen es una pregunta sobre el espacio –sobre la posición del sujeto en el espacio y sobre la apropiación que el sujeto hace del espacio. Se trata, en una primera instancia, de una pregunta terrestre. Cosa del estar. Cuestión de geopolítica. Por eso cuando la pregunta acerca del margen se relaciona con la escritura, una práctica del no-estar, la pregunta se convierte, lo repito una vez más, en una pregunta difícil.

Escribo, como muchos a inicios del siglo XXI, en una computadora. La posición es harto conocida: el teclado bajo los dedos, la pantalla frente a los ojos. La ubicación es, seguramente, un lugar con conexiones eléctricas –una ciudad, con toda probabilidad, o un sitio con esa aspiración. Y el sitio, terrenal a fin de cuentas, estará conectado por tradición o dominio a un estado-nación que, a su vez, jugará un papel, ya menor o ya mayor, en lo que alguna vez se llamara el gran concierto de las naciones. Lo que parecería obvio, de repente, no lo es: ¿dónde estoy cuando estoy frente a todo eso?

Las palabras que encarnan lo que sé y lo que creo que sé y, sobre todo, lo que no sé del mundo, aparecen ahí, en el todo-eso, dejando evidencia de los lugares donde no estoy y no estuve y no estaré —se trata, creo yo, de la ausencia radical del cuerpo al que se refería, entre tantos otros, Pizarnik al decir que la escritura hace la ausencia.

Esto que ya era posible con la mínima tecnología del lápiz se ha visto multiplicado con las máquinas contemporáneas —porque en la pantalla donde se encuentra la escritura también se esconde, y aparece a la llamada de una tecla, la ventana a través de la cual se chatea con un amigo de Florencia, el link en el que uno investiga el precio de un boleto hacia Singapur, las noticias sobre los mineros reprimidos en el sur del país. Debajo de todo eso, invisible también a los ojos, está la así anunciada como Zona Desconocida.

Para no dejar ir las cosas sin complicaciones muy necesarias, pienso en lo que decía Slavoj Zizek en “Ciberespacio o la insoportable cerrazón del ser”. Según el filósofo esloveno la realidad virtual cancela la distancia entre el vecino y el extranjero lejano. En tanto presencias espectrales en la pantalla, añade, tanto el vecino como el extranjero son iguales. Yo no lo sé de cierto pero sospecho que tal aserción se basa en una noción no-virtual de distancia, es decir, en una noción de distancia que todavía utiliza referentes geográficos y regionales.

Porque consideren, con toda seriedad, las siguientes situaciones:

a) Dos personas se comunican por Messenger. Después de intercambiar los saludos del caso, la conversación propiamente inicia con la pregunta “¿Desde dónde me escribes?”. Cuando el interlocutor se entristece con la respuesta “desde X (donde X es un país lejano)”, estamos, creo yo, frente a un ejemplo de la existencia elusiva pero no oximorónica de la distancia electrónica.

b) Dos personas caminan por un parque en aparente calma, entreteniendo una conversación civilizada. Luego, frente a un letrero que dice “Café Internet”, los dos se miran de reojo, que es como dicen que se miran los cómplices. Cuando ya frente a su computadora sonríen como maníacos ante la distorsión del rostro propio que ofrece la pantalla, estamos, creo yo, frente a otro ejemplo de la existencia paradójica pero no real de la distancia electrónica.

Todo esto para decir que, con toda seguridad, la blogósfera tiene centro y tiene margen, tiene distancia y tristeza. Tiene humanidad. Todo esto para complicar, por supuesto, las cosas.

III Complicaciones Marginarias

Los márgenes, quiero decir, se mueven. Más que un sitio específico se trata, creo yo, de un modo de deslizarse entre todas las cosas del mundo. Una manera, como la escritura, de no estar. Los libros que a mí me interesan, los que leo con avidez, los que me han invitado a tirarme de bruces ante abismos creados en el momento mismo del salto, usualmente se producen en esa zona sesgada, oscura, movible, que se llama, a veces, margen. El margen no es un destino, sino una vocación. Ahí donde el centrípeta se domeña ante el canon para respetar todas y cada una de las reglas establecidas, el centrifuga encuentra la manera de producir los márgenes que, a la orilla de la orilla, amplían nuestro sentido de lo real y de lo posible. Ahí donde el centrípeta cierra las puertas, escandalizado, la centrífuga abre las ventanas por donde entrarán las carcajadas de los pájaros vuelto estilo y la negación de ese estilo. Tengo la sospecha, luego entonces, que todo margen, si lo es, es sobre todo una complicación: el que complica implica al cómplice. Complicar también puede ser una manera de enzarzar al raro. Involucrar lo oscuro. Envolver el lío.

--crg