Monday, April 30, 2012

DIGITAL FAIRIES

Nimah Thornton, "Fairies at the Bottom of the Garden: Writers Crossing Digital Borders," in FIAR, Forum for Inter-American Research/ The Journal of the International Association of Inter-American Studies.

"Unlike the other three Mexican writers, Cristina Rivera Garza uses Facebook as a way of disseminating her posts on her blog. Entitled “No hay tal lugar: U-tópicos contemporáneos” Rivera Garza is very deliberately foregrounding the idea of space on and off-line. The front page of the blog has her posts on the left hand side, photos of her books and collections in which she has published on the right, and below these images are an archive of her blogs. After the first two images of the books there are links to two other projects: “Mi Rulfo mío de mí” [My very own Rulfo], reflections on reading Juan Rulfo’s Pedro Páramo, and “Las aventuras de la increíblemente pequeña” [The adventures of the incredibly tiny], a largely image based work. These last two are external sites. The book images aren’t live links, therefore to get more details on her publications and where to source them the reader would have to look elsewhere."


Artículo completo aquí.


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Sunday, April 29, 2012

LA INCREÍBLEMENTE PEQUEÑA VA A SEÚL: UNA DIMINUTA AVENTURA EN FORMA DE CHARLA



Universidad Nacional de Seul
Abril 30, 2012. 14 hrs.
Sala de conferencias del edificio Sinyang

¡Allá nos vemos!


--crg

Thursday, April 26, 2012

SEÚL

Citational Aesthetics: "Writing-Through" in Latin American and Spanish Literature Today
at the Third AALA Asia Adrica Latin America Literature Forum
Finding the Global in the Local

April 26-28th, 2012
Incheon, Korea

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Monday, April 23, 2012

CORRESPONSALES DE GUERRA

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura] 

Escribí este texto, de pronta aparición en una serie de ensayos sobre poesía en la editorial Bonobos y cuyo subtítulo es “Escribir de otra manera frente al horror”, con el poeta Javier Raya. Aquí va un adelanto apenas.

+
La responsabilidad implica co-responsabilidad: el responsable lo es frente a algo que le da la medida de su exigencia; es responsable frente a algo, además: un tipo de autoridad que lo responsabiliza directamente por el grado de cumplimiento de dicha exigencia. La figura del corresponsal de guerra, en una lectura amplia y hospitalaria, implica la figura del que documenta, del que hace posible la participación de la comunidad en el asombro y el horror. Ligado a la esfera del periodismo, es una figura a veces heroica y que en su seno admite, acaso involuntariamente, la complicidad del espectáculo de la simulación, del despliegue del horror y en algunos casos, de la desensibilización comunitaria frente a los hechos surgidos de la atrocidad. Su papel exige un constante cuestionamiento de su realidad más inmediata y también una responsabilidad, así fuera testimonial, frente al estado de cosas que presenta la realidad.

Es en este sentido que deseamos abordar la escritura literaria –la escritura a secas- como un espacio de conflicto perpetuo, es decir, de diálogo, entre aquellos que han asumido la escritura como un modo de contacto necesario e irremplazable con su realidad, y las estrategias que han adoptado para hacer efectivo ese contacto en la pervivencia de la palabra escrita; o en este caso, oral.

Nos explicamos brevemente.

Un método genérico de producción textual no puede sino resultar en la afirmación del género como método privilegiado y legitimado por su sola recurrencia en la insistencia sobre textos así, genéricos, es decir, ligados íntimamente a una práctica de escritura recurrente y, por otro lado, en una acepción más cotidiana, el del espectro farmacéutico de la palabra genérico, al texto cualquiera, un texto x que puede ponerse en lugar de otro texto x, porque genéricamente –es decir, estructuralmente- ocupan el mismo espacio discursivo sin cuestionar su propio procedimiento de producción. El argumento en vistas, el de una forma de escritura que cree y cancele su modo genérico, es decir, que sea cada vez, cada uno de ellos único exponente de un género literario inmediatamente cancelado participa de una visión utópica sobre la que no insistiremos en este lugar; es necesario, con todo, hacer una o dos puntualizaciones –preferentemente una sola- sobre la posibilidad de encarar la conversación como un género del discurso, casi por accidente llamado literario.

Si pudiéramos afirmar un horizonte de deseo para el texto, o el texto más bien como la forma horizontal de un deseo, esto implicaría la puesta en relación de distintos aspectos de la escritura y el decir literario con el sufrimiento social.

Pensamos en sufrimiento no desde su arista liberal y sobre el gesto imperialista de apropiación del discurso por parte del escritor –gesto que no dejaremos de remarcar, si no de denunciar-, sino en el sufrimiento como el resultado de acciones y políticas públicas sobre las que el escritor debe posicionarse, y se posiciona implícitamente siempre, a partir de su propio trabajo.

Cuando uno dialoga es vulnerable: la palabra hablada no tiene la “seguridad” de la tipografía; hay vuelcos, cambios de opinión, interrupciones de la realidad cotidiana. Pero al querer abordar el tema de la poesía en relación con el sufrimiento social nos pareció un ejercicio pertinente –además de sumamente gozoso- el desmarcarnos de la ruta del ensayo a cuatro manos y proponer, en cambio, una forma acaso más primitiva, la de la conversación a dos voces. Mediante este ejercicio deseamos –en ese deseo del cuál toda escritura es encarnación, o en su defecto, de cuya falta, de cuya herida da cuenta- que el texto tome la forma de sus hilos conductores: la realidad como un espacio contingente de discursos, el texto como una estrategia de captación de lo real, pero sobre todo, como un espacio único para imaginar lo que esa realidad todavía no es, lo que puede ser, lo que está por ser.


+
Triángulo no equilátero: horror, lenguaje y dolor

[CRG] Ya veo, you're an optimist...
[JR] Soy un pesimista con buena actitud.
[CRG] Creo que la historia del triángulo no equilátero sería más o menos así, señor Raya: Hay tres puntos que unen, de una manera desigual y siempre dinámica, el horror, el lenguaje y el dolor. Siguiendo las ideas de Cavarero, en el libro de Horrorism, tendríamos que iniciar por aceptar que hay una diferencia significativa entre las consecuencias sociales y culturales del terror y las del horror. Cavarero hace una muy interesante genealogía de... ¿cómo se le llama a esto?

* CRG Se refiere al libro de Adriana Cavarero, Horrorism. Naming Contemporary Violence (New York: Columbia University Press, 2009)*

[JR] Filológica.
[CRG] ...filológica de terror como la experiencia que se encuentra dentro de la esfera del miedo y que conmina al cuerpo a alejarse de la fuente del terror para a poner a salvo la vida propia. De alguna manera, tratándose de una experiencia extrema, que lo es, ofrece, sin embargo, la oportunidad de la salvación individual y social; la posibilidad de una acción autodirigida, en todo caso, de una agencia activa por parte del sujeto. El horror, por el otro lado, se encuentra, no en la esfera del miedo de acuerdo a Cavarero sino, sobre todo, dentro de la esfera del ojo. Y esto tiene que ver con la parálisis, la imposibilidad de respuesta que el espectáculo del horror ocasiona, porque lo que el horror hace –su gran espectáculo- no es ni siquiera atentar contra la vida humana, que sería una consecuencia a veces deseable y a veces incluso no deseable del espectáculo mismo, sino atentar contra la condición humana.

[JR] Incluso políticamente inevitable.

[CRG] Todos los procesos de desmembramiento y desfiguración que forman parte del horror son acciones que atentan contra la condición humana, y por eso no sería descabellado decir que el espectáculo del poder que los mexicanos hemos sido obligados a atestiguar día con día es un espectáculo de horror que tiene, en sus dimensiones más extremas, puntos comparativos con el horror de genocidios como los de Auschwitz o los de...

[JR] Kosovo o Armenia...
[CRG] Kosovo, o Armenia, antes. Cavarero hace otra distinción que a mí me parece muy importante resaltar también al inicio de la conversación: nos habla del estado de vulnerabilidad del cuerpo como una condición humana y la gran diferencia que se establece con la inermidad, con el estado inerme. El estado inerme es creado artificialmente, es manufacturado y está sobre todo relacionado a fenómenos que tienen que ver con la tortura. Algo que, por ejemplo, en el libro de The Body in Pain (que se estudió por los 70 u 80, que tiene que ver con documentación de derechos humanos y la tortura) parece comprobar debidamente.

[continuará]

@criveragarza
criveragarza@gmail.com

--crg

Wednesday, April 18, 2012

LA CÁMARA VERDE



LA CÁMARA VERDE, Periódico de Poesía No. 48

RE

No me refiero a la nota musical. Tampoco a la abreviatura seguida de dos puntos que aparece en el campo “asunto” en la cabecera de los mensajes de correo electrónico. Es algo a la vez más simple y más complejo: un prefijo, eso que según el latín (præfixus, participio de præfigĕre) significa ‘colocar delante’. No debe ser del todo casual que, en una época de cambios tecnológicos que ha propiciado la sobreproducción, cuando no la saturación, textual, uno de los prefijos más usados en el campo de la escritura indique tanto repetición como retroceso (por ejemplo, en renombrar, refluir), intensificación y oposición (por ejemplo, recargar, rechazar), así como inversión (por ejemplo, reprobar). Los distintos procesos de rescritura que han caracterizado a muchas de las prácticas conceptuales que se llevan a cabo hoy en día, en efecto, renombran, recargan, redireccionan, rechazan y hasta reprueban las literaturas afincadas en conceptos de originalidad y autenticidad propios de la época moderna. De ahí que la traducción al español de un concepto como ‘repurposing’ –fundamental en el aparato teórico que Kenneth Goldsmith ha puesto a funcionar en Uncreative Writing: Managing Language in the Digital Era– haya requerido conversaciones constantes y consultas varias. Al final, o mientras tanto, el poeta tamaulipeco Marco Antonio Huerta, cuidadoso observador y entusiasta de las prácticas conceptuales, ha optado por el término ‘repropósito’ para dar cuenta de las distintas formas de apropiación que distinguen a las rescrituras en la era digital. Se reusa, claro está, y se recicla y se recontextualiza y, en general, se cita literalmente y sin comillas para desestabilizar un sistema de autoridad más interesado en la ganancia y el prestigio que en el lenguaje. De ahí la relevancia de esta primera traducción al español de un libro que, desde su publicación el año pasado en los Estados Unidos, ha generado conversaciones amplísimas tanto a nivel literario como cultural y político sobre lo que hacen y, sobre todo, lo que pueden hacer los escritores de hoy. Esta traducción sin duda ayudará a enfocar de manera literaria, y no legalista o, peor, moralista, las muchas discusiones existentes y las venideras, alrededor de prácticas de escritura que algunos conocen como reapropiación y otros denominan como plagio.

Marco Antonio Huerta nació en Tampico, Tamaulipas, México, 1978. Premio de Poesía del Noreste 2005. Traductor y poeta post-conceptual. Autor de La semana milagrosa (Conarte, 2006), Golden Boy (Letras de pasto verde, 2009) y Hay un jardín (Tierra Adentro, 2009). En el verano de 2009 optó por asesinar a su “yo” lírico decimonónico. Sus textos han aparecido en antologías y publicaciones periódicas de México, España, Uruguay y Estados Unidos. Ha participado en foros de escritura experimental como Not Content, curado por Vanessa Place y Teresa Carmody (Los Ángeles, California, 2010) y en el & Now Festival (San Diego, California, 2011). Tuitea desde @moteltampico.

Dice el poeta y artista conceptual Efraín Velasco que, de un tiempo para acá, hace su trabajo con singular alegría. Y se le nota. Ya por sesuda reflexión sobre la materia con la que trabaja o ya por el no menos intenso método del objeto encontrado, Efraín ha combinado su experiencia en museos y archivos y en la página misma para poner a funcionar sus curiosas máquinas estéticas que, no por hermosas, dejan de tener un peso cultural y político de relevancia para la comunidad. El trabajo con imágenes estereoscópicas que comparte con los camaraverdinos de abril inició hace tiempo, cuenta, luego de asistir a la presentación de un fondo fotográfico registrado por exploradores del siglo XIX. Ahí empezó a hacerse preguntas sobre “qué pasaba con el texto puesto en el espacio, con el texto vuelto tridimensional pero no en un sentido volumétrico”. Dice a manera de introducción para su entrega de este mes: “Entiendo que, a manera de una imagen icástica, en los pares estereoscópicos, el cerebro convoca una tercera imagen que sólo existe de una manera más íntima, entonces irrepetible y fugaz. Un poema dispuesto en la forma de par estereoscópico, opera en el límite de lo legible, pues la intermitencia entre su plano de expresión física –en la impresión visual de las grafías– y en el plano de contenido –en tanto que el conjunto textual pretende un sentido en la lectura–, requiere de un lector dispuesto, no sólo a realizar el esfuerzo de ver el texto y de leer el poema, sino también uno que guste del vértigo de esta discontinuidad en loop”. Yo le dije que ésta era una forma bastante reflexiva de pedirnos que hiciéramos bizcos para apreciar el momento en que la imagen y el texto se vuelven uno en ese espacio íntimo de lo que sólo el uno puede ver.

Efraín Velasco (Oaxaca, 1977) Poeta y artista conceptual con estudios de arquitectura e historia del arte. Es autor del libro & mi voz tokonoma (FETA, Premio nacional de poesía joven Elías Nandino, 2008), y ha sido incluido en antologías como País de sombra y fuego (Maná/ U. de G., 2010), Los mejores poemas mexicanos (f,l,m./ Joaquín Mortiz, 2006) y Oaxaca, siete poetas (Almadía, 2006), entre otras. Trabajó como coordinador de exposiciones en el Museo de los pintores oaxaqueños (MUPO) y en el Centro de las artes de San Agustín (CASA), así como en la subdirección del Museo de arte contemporáneo de Oaxaca (MACO). Ha participado en exposiciones colectivas en distintos espacios expositivos en México y en Estados Unidos. Fue becario del FONCA.

¿Desde hace cuánto tiempo estamos en el presente?, se pregunta Iraí Garrido Hernández, conocida en el mundo twitter como @_manchas_ . Sus preguntas, y eso lo saben ya los lectores que congrega en el Time Line, no son simples. Iraí combina sus conocimientos de física y matemáticas –no por nada estudió la Licenciatura en Física en la Facultad de Ciencias de la UNAM– con observaciones siempre puntuales de la vida cotidiana y, con frecuencia, amorosa –no por nada en su pequeño párrafo de autopresentación ha incluido el verbo amar conjugado en primera persona como una de sus activiades personales– para producir imágenes contrastantes, inusuales, pérfidas, nunca inocentes en todo caso, de la realidad que nos tocó vivir. Así que ¿desde cuándo estamos en el presente? Pues desde que estamos todos en twitter, le diría yo si fuera enteramente cínica. Desde que nos pusimos a practicar esta forma de escritura que, sin obedecer necesariamente a los parámetros literarios de los textos de la modernidad, produce sin embargo esta experiencia de un presente compartido donde lo personal y lo fictivo se dan la mano con singular informalidad. O algo.

Iraí Garrido Hernández, nació en febrero de 1984, en Puebla. Estudió la Licenciatura en Física en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Está obsesionada con los dinosaurios. Ama. Afirma que algún día será filósofa.

Queridos lectores camaraverdinos, nos cuentan que, alguna vez, abril fue cruel. Les pedimos que reconsideren, muy de acuerdo con los flujos del prefijo re, esa posibilidad. En todo caso, vamos hacia la primavera como hacia la victoria, siempre.

San Diego/Tijuana, Abril 10, 2012
(Mientras escuchaba/veía a Grimes, Full Performance (Live on KEXP)


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HOY

Instituto Cervantes de Lisboa
Club de Lectura coordinado por la escritora cubana Karla Suárez
Charla sobre La muerte me da
18:30 hrs.

Informes completos aquí.

¡Los esperamos!


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Tuesday, April 17, 2012

NON-FICTION

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

Dice que no es creyente pero que le han pasado algunas cosas a últimas fechas que lo hacen dudar. Dice que no le creeré. Dice que me contará, cuando le insisto que lo haga, pero que no está seguro. Y es entonces que, entre cambio y cambio, me mira por el espejo retrovisor y noto la diferencia.

Beto es el taxista que siempre me lleva al aeropuerto cuando salgo de Tijuana. Desde que lo conozco, que ya tiene tiempo, insiste en que algún día terminaré escribiendo alguna de las historias que me cuenta. ¡Y me cuenta tantas! En las vueltas al aeropuerto he conocido, a través de su voz, un cierto submundo de la ciudad fronteriza que de otra manera no visito. Beto trabaja mucho también con las chicas de la zona y ya en alguna ocasión me tocó compartir servicio porque andaban, como me lo explicó, apurados. Esta vez es distinta. En lugar de empezar su relato con la algarabía que lo caracteriza, usualmente subiéndole al mismo tiempo el volumen al radio, me esconde la vista y hasta cierra las ventanillas del auto. En un momento o dos recordaré cómo, al subir, admiré lo limpio que estaba, lo bien que olía. Lo inmaculado.

Dice que la recogió, como a tantas otras, en una esquina cualquiera. Dice que sus largos cabellos cobrizos, sus ojos claros, su acento de las afueras. Dice que se trataba de una chica muy joven, de las que aseguran tener 20 cuando apenas si andan rozando los 16 y que por eso son bonitas de verdad. Dice que la chica recibió una llamada por teléfono y que, todavía con el aparato sobre la oreja, le indicó el destino final. Dice que ahí donde estaba, en el asiento delantero, se quitó el pants deportivo y se puso un vestido entallado, verde, en realidad encantador. Dice que el destino final era un hotel.

Nunca antes me habían dado escalofrío las historias de Beto. Pero ésta, aún antes de conocerla del todo, me lo provoca. De repente tengo deseos de que guarde silencio. De repente tengo la esperanza de que algo pasará en la calle o en su cabeza y dejará de contarme lo que irremediablemente me cuenta. ¿Quién que haya vivido en México el último sexenio no sabe el final ya?

Dice que le pidió el número de teléfono para que, al terminar su trabajo, pasara por ella al mismo lugar. Dice que entre una cosa y otra, se abrieron de capa y se contaron lo que se puede contar en un servicio. Dice, y esto lo dice otra vez ensartando su mirada apesadumbrada, su mirada afectada por algo que justo en ese momento no sé si llamar metafísico, en el espejo retrovisor. Dice que nunca le habló.

Sé que todavía no llega el punto que realmente me quiere contar porque hace pausas cada vez más largas. Algo discutimos alguna vez sobre el papel del silencio, del espacio en blanco, en la construcción del suspenso. Mientras calla veo los grandes espectaculares. Eligio Valencia 2012. Me río, claro; luego me vuelvo a reír cuando me percato del equívoco. Eligio no lleva acento en la o.

Dice que a la siguiente mañana lo supo todo por la televisión. Dice las palabras de siempre: encontrada muerta, asfixiada, cuerpo sin identificación. Dice que tuvo que responder preguntas en la estación de policía. Dice las palabras de siempre: sin identidad, sin familia, sin qué más.

No sé si en ese momento o después que empieza la náusea. No sé en qué momento me percato que, apenas unos días atrás, leí palabras similares respecto a un poeta y traductor cuyo crimen permanece sin esclarecimiento alguno: atado de pies y de manos, cinta canela en la cabeza, golpe o disparo de gracia. Cada vez están más cerca, me digo, mientras quito la mano instintivamente del respaldo del asiento donde se había cambiado de ropa la muchacha.

Dice que otro día, un día también de entre semana, le volvió a pasar algo parecido. Dice que esto es lo que no le voy a creer. Dice, abriendo los ojos pero manteniéndolos paradójicamente sombríos, que cuando la chica joven se subió al auto iba ya contestando una llamada. Dice que respiró profundo y dudó. Dice que, luego, envalentonado o comprometido, en todo caso fuera de sí, le contó lo que le había pasado a la otra chica para convencerla de que no fuera sola a cumplir con una cita de trabajo a un hotel. Dice que le dijo: era una chica tan joven como tú. Dice que en ese momento la muchacha nueva se quedó callada y le hizo preguntas. Dice que al final, cariacontecida pero sin derramar lágrima alguna, le dijo que era su hermana. Dice que entonces marcó un número y en voz muy baja le dio la noticia a su madre. Dice que dijo: Ya sé dónde está mi hermana.

¿Cuáles son las probabilidades reales?, me pregunta como si yo lo supiera. ¿Puedo o no puedo ver claramente la intervención de algo más allá de nuestra comprensión habitual?, insiste. No sé que pensar ni de la conversión religiosa que me anuncia ni del paisaje que, gris, se desdobla en polvo y ruido del otro lado de la ventanilla. Qué íntima es a veces la tristeza social. Y viceversa. Dice Carlos Beristáin, sociólogo y médico, perito de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, que la violencia en México ha alcanzado los grados de catástrofe. También dice que el legado de esta violencia impactará, al menos, dos generaciones enteras. Los duelos. La rabia. La impotencia.


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Sunday, April 15, 2012

POR SI EN LISBOA, UNA PRIMAVERA

Martes 17 de Abril, 10:00 am
Las aventuras de las escritora errante y el extraño caso de la lengua postmaterna: I Jornadas de Lingüística Hispánica

Miércoles 18 de Abril, 6:30 pm
Instituto Cervantes: La muerte me da

Jueves 19 de Abril, 7:00 pm
Ninguém me há de ver Chorar
Libraria Ler Devegar, lx Factory


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Thursday, April 12, 2012

DESDE DOLERSE

Comentarios sobre Dolerse. Textos desde un país herido en Narrativas Digitales


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Wednesday, April 11, 2012

EXISTEN LOS QUE SUEÑAN CON LA DETECTIVE

"En la famosa tienda "El milagrito" de la colonia Condesa, encontré a Alguien que parecía ser la Detective. Su rostro endurecido me hizo saber de inmediato que no era ella, pero la sorpresa de verla detrás de una vitrina, y en venta, me hizo pensar en Las aventuras de la Increíblemente Pequeña y, sí, en el momento en que el alma se hace demasiadas preguntas. ¿Por qué apareció ahí, justo en una tienda de milagros? Entonces coloqué a la Detective en la palma de mi mano y soplé sobre su pequeñísimo rostro. De inmediato, apareció crg riéndose de mí: "No es mía, es la Falsa Detective en tu historia real. Aquí no hay ficción".

Ambas desaparecieron justo al amanecer.

Desperté con una extraña sensación, los puños cerrados y húmedos como si Alguien Pequeñísimo hubiera dejado, en efecto, la huella de un crimen. Existen casos que no se resuelven, se sabe."

[Publicado con permiso de La Soñanta]


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LISBOA, PRONTO



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Tuesday, April 10, 2012

NORTEÑA HASTA EL TOPE

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

Con el adjetivo norteña se designó en la literatura mexicana a la irrupción de un grupo social subalterno en el quehacer cultural de México de finales del siglo XX. Si el grueso de la producción literaria había sido dominada hasta entonces por aquellos ligados tanto cultural como geográficamente con la capital de una nación eminentemente centralista, grupos conformados en su mayoría aunque no únicamente por hombres pertenecientes a los estratos más privilegiados del país, los bárbaros que vinieron del norte fueron desde el inicio una gama bastante amplia de hombres y mujeres vinculados tanto económica como culturalmente a esos amorfos grupos populares que cierta teoría progresista ha calificado de subalternos. Educados en su mayoría en escuelas públicas y careciendo de los legados y conexiones que animaron por tantos años las actividades de sus contrapartes del centro, los norteños trajeron consigo, a cambio, una cierta visión periférica que trastocó los temas y las formas y las prácticas de la tradición dominante de las letras.

Sólo una mirada literal leería lo norteño como una mera referencia localista. Ser del norte, al menos en México, es ser de una región que es tanto una zona geográfica como una relación cultural. Y las raíces de esta aseveración se extienden bastante atrás en el tiempo. Ya desde la época prehispánica, los ojos de la hegemonía Mexica veían el norte, eso que ya no era Mesoamérica sino Aridoamérica, como una zona poblada por “perros sin correa”, es decir, por bárbaros. Que los españoles sólo con dificultad y muy lentamente lograran extender su domino hasta estas áridas regiones, no sólo habla de la resistencia que se llevó a cabo en estos lugares lejanos al centro del poder sino también de la hostilidad de la naturaleza y la poca monta del botín generado por comunidades que nunca construyeron una Tenochtitlán. A las regiones que el poder central no pudo ni dominar ni defender durante las guerras intestinas del siglo XIX, se les denominó y se les perdió también como el norte. Para cuando José Vasconcelos, el famoso Ministro de Educación de la etapa temprana de la posrevolución, se refirió a la frontera norte como el lugar donde terminaba la cultura e iniciaba la cerveza ya se había establecido el valor, o la falta de valor, simbólico asociado a lo norteño.

El rápido crecimiento del así llamado Milagro mexicano sacó a la luz otros valores norteños. Bajo la influencia tanto económica como cultural de los Estados Unidos, la producción industrial y la expansión de centros urbanos como Monterrey pronto solidificaron al menos dos estereotipos regionales: el del norteño como una especie de self-made man adepto al trabajo y la producción, y el del norteño como un individuo franco y directo, es decir, poco refinado, capaz de obviar, o violentaren caso necesario, las jerarquías de clase (nunca las de género) del todo social. En ambos casos, de manera por demás interesante, el norteño es ahorrador, cuando no codo. Más de una ideología capitalista se nutrió de y reforzó a su vez el primero de estos dos estereotipos. Del segundo dieron cuenta actores como Eulalio González Piporro, a menudo en papeles de tipo listo y autodidacta que, gracias al esfuerzo y el carisma, puede salirse con la suya; así como compositores y cantantes, entre los cuales vale la pena recordar a Cuco Sánchez, el Dostoievsky de la canción mexicana, con la célebre “No soy monedita de oro”, aquí en versión queer de Gloria Trevi: "Nací norteña hasta el tope/ me gusta decir verdades/ soy piedra que no se alisa/ por más que talles y talles”.

Cuando hacia fines del XX, con el país ya hecho pedazos, los libros de Elmer Mendoza, Eduardo Antonio Parra, Patricia Laurent Kullick, David Toscana, Rosina Conde, Rosario Sanmiguel, Luis Humberto Crosthwaite, y Felipe Montes, entre tantos otros, dejaron atrás las pequeñas editoriales de provincia para publicar en algunas transnacionales del español, no sólo interrumpieron la hegemonía cultural del centro de la República de las Letras sino que también vinieron a contar cosas bastante incómodas sobre el país en su conjunto.

Lo que vino del norte no fue, por supuesto, una literatura uniforme —como los mercaderes de libros la anunciaron y la vendieron— sino varias escrituras vivas, nutridas de lecturas sin fronteras, a veces generadas desde exilios varios, tan diversas en sus métodos como en sus relatos. Lo que tuvieron en común desde el inicio fue lo que estaba ahí desde el inicio: una tradición de resistencia cultural marcada por siglos de relación ambivalente con el centro del país. La competencia entre tradiciones literarias no es abstracta o esencialista. A los que tuvieron que compartir lectores, ventas de libros, becas, premios, viajes, espacios culturales, prestigios y más, todo esto les resultó molesto, por decir lo menos, y así lo señalaron tanto en reseñas como en comentarios de sobremesa. Eso, y una versión incluyente y convulsionada del país que incorpore los acentos distintivos, afiebrados, peculiares de los broncos habitantes de sus orillas, es lo que está en juego mientras las tradiciones hegemónicas del XX se re-organizan.


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Monday, April 09, 2012

DESDE NADIE ME VERÁ LLORAR

Comentarios de Javier García en La palabra infinita.


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Wednesday, April 04, 2012

DESDE LO ANTERIOR

El amor sólo puede verse en retrospectiva--una reseña de Lo anterior aquí

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HOY

New Writing Series
UCSD

VisArts: 4.30 pm

Calendario completo de la serie aquí.

¡No falten!


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Tuesday, April 03, 2012

BAJO LA RESOLANA CON GUILLERMO FERNÁNDEZ

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

De acuerdo a las estadísticas nacionales, durante marzo del 2012 se registró el número más alto de ejecutados en 10 meses. Según el recuento de Milenio, “el total de ejecuciones en lo que va del sexenio asciende a 50 mil 93, de los cuales 3 mil 138 corresponden al primer trimestre de 2012”. En lo que fue calificado como un “repunte significativo de la violencia”, hubo un promedio de 36.8 muertos al día durante el mes de marzo. Uno de ellos, acaecido el último día el mes, fue Guillermo Fernández, el poeta y traductor tapatío que radicaba en Toluca, la ciudad más alta de la República mexicana, desde hacía una veintena de años. Aunque las condiciones de su deceso todavía no se esclarecen del todo, las escuetas notas periodísticas al respecto hacen hincapié en la violencia del crimen perpetrado de noche, dentro de su propia casa. El sustantivo y el adjetivo: cinta canela. El verbo: maniatado. El punto final: un golpe en la cabeza. ¿Cuántas veces no hemos leído ya descripciones así? Detesto escribir notas sobre amigos y/o maestros recién fallecidos, sobre todo porque escribir sobre uno tendría que comprometerme a escribir sobre todos, pero en esta ocasión lo hago para unir mi voz a la de tantos escritores y amigos que, ya desde el Estado de México como desde otros estados de la República, han demandado el esclarecimiento puntual de los hechos y la impartición de justicia. Yo tampoco deseo que este crimen, este otro crimen, quede impune. Yo tampoco deseo que Guillermo Fernández, ni nadie más, se convierta en otra cifra horrorífica en este país que se nos cae a pedazos, ¿no es cierto, Agripina? Yo también pido justicia.

Qué difícil es escribir esto.

No fui, ni con mucho, una amiga cercana de Guillermo Fernández, pero sí tuve el privilegio, como residente esporádica de esa ciudad en las tierras más altas, de convivir en ocasiones con él. Como bastantes más en la capital de un estado que poca atención le ha puesto a su vida cultural, asistí en algunas ocasiones a los talleres tanto de poesía como de traducción que impartía en la Casa de la Cultura como quien encuentra algo de oxígeno en una zona de aire muy enrarecido. Los que saben lo cruenta que suele ser la vida en ciertas ciudades industriales de la provincia mexicana, deben imaginarse con cierta facilidad el aura de último refugio y el tono de festejo que adquirían esas reuniones. Conservando siempre y a pesar de los años sus posición como recién llegado, Guillermo Fernández contribuyó así a mantener y expandir un medio cultural muchas veces maniatado ya por falta de recursos o ya por rencillas internas. Su ironía, su continuo desmarcarse y, sobre todo, su trabajo constante, propiciaron la aproximación de los más rebeldes hacia los vericuetos de la poesía.

Guillermo Fernández fue, en efecto, un apasionado y devoto traductor del italiano. Como cualquiera que haya leído a Italo Calvino o a Eros Alessi en español, yo también le debo mucho a su labor infatigable, disciplinada, cuidadosa, mal pagada. Pero le debo más. Mi amor por el Xinantécatl, ese Nevado de Toluca que desde hace tiempo insisto en visitar al menos una vez al año, es algo que aprendí en las largas travesías que organizaba Guillermo para oír, en una de las cimas del mundo, su música favorita. Gracias a él también adquirí la bendita costumbre de añadir cardamomo a los granos de café. Fue bastante la música que descubrí o redescubrí gracias a sus sugerencias, pero de entre todas recuerdo horas deliciosas discutiendo en detalle la voz de Lucha Reyes, especialmente su manera de enunciar los versos de “La mensa” —esa canción en que una mujer se vuelve lacia, lacia, lacia. Alguna vez en una charla sobre política llegó a la definición exacta del poder: poder es no poder salir a la calle. Recuerdo que de inmediato tuiteé esa máxima. Nos sacábamos de nuestras casillas con facilidad él y yo pero, para qué más que la verdad, nunca dejamos de hablar en esos encuentros en las tierras altas. Alguna vez llegó a mi casa de Metepec sin invitación, cosa que él rara vez hacía, y se sentó a la mesa (en una esquina de la mesa) y se puso a platicar de su vida. Más que en ninguna otra ocasión, Guillermo fue ahí no el hombre de 80 (o casi) sino esos míticos 4 jóvenes de 20. Nunca supe qué era verdad y qué no en ese relato que ahora se me confunde con la resolana de la tarde: el niño que se escapa de su casa a los 9 años, el joven que conoce en persona a Eugenio Montale, el hombre mayor que continuamente descubre que, ante todo, prefiere la soledad y la poesía. Entre una cosa y otra saqué la botella de tequila —hasta donde sé, su bebida favorita. Y lo escuché. Debió haber sido sábado o domingo. Nunca supe por qué hizo aquello; qué lo conminó a tocar a la puerta y, luego, a quedarse. Esa tarde maravillosa y clara, esa tarde que seguramente fue de un sábado de primavera, está toda entera ahora, aquí.

Dentro de esa tarde, bajo su resolana que no cesa, pido como tantos otros que se esclarezcan los hechos y que se haga justicia.

Aquí había unos versitos, maestrín.


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Friday, March 30, 2012

SEGUIR ESCRIBIENDO

Me dice John Gibler que su traducción al inglés de "Seguir escribiendo", una de las secciones de Dolerse. Textos desde un país herido, ya salió en Zyzzyva No. 94, The Last Word: West Coast Writers & Artists. También incluye, en algunas de sus 256 páginas, textos de Daniel Sada, Diego Enrique Osorno y Marcela Turati.


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EL MONSTRUILLO DE LOS POSOS OBSERVA LA LENTA APROXIMACIÓN



De abril, el menos cruel. Allá abajo.


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Thursday, March 29, 2012

Wednesday, March 28, 2012

ONEOMANCIA

Produced & bottled by Familia Nueva. Creston, CA. Liberté. Forget the boundaries. The promise of the New World is reflected in the freedom of its winemaking. Emancipated from the tyranny of Old World bureaucracy and control, the new vintner dreams of something original. No rules to observe. No quotas to fill. Nobody to serve. Cabernet Sauvigon 2009, Paso Robles.

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Tuesday, March 27, 2012

REPENSAR LOS ENCUENTROS LITERARIOS

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

Los encuentros literarios se convierten con apabulladora frecuencia en largos rituales en que los escritores invitados leen en voz alta trabajos publicados, a veces con bastante anterioridad, para espectadores que muchas veces se conforman o se resignan con la corroboración de lo ya conocido. Como buscan atraer a públicos masivos, los organizadores suelen invitar a escritores aprobados por el mercado, es decir, escritores que “venden”, sin importar mucho la conexión específica con la comunidad o las búsquedas estéticas que podrían o no unirlos entre ellos. Pocas veces, aunque hay que reconocer que van aumentando en número, se organizan talleres a través de los cuales pudiera extenderse el diálogo productivo entre el escritor invitado y los escritores locales. En casi ningún caso, y aquí habría que mencionar la peculiaridad de la feria de libro del Guadalajara, los escritores son invitados a visitar escuelas locales o a establecer conversaciones en corto con grupos de jóvenes, o con clubes de lectura, del lugar. Así, independientemente de lo que digan los números que los organizadores muestran con orgullo, el legado concreto de los encuentros literarios para las comunidades dentro de las cuales se realizan dista mucho de alcanzar su potencial.

Llevado a cabo entre el 21 y el 23 de marzo del 2012, en la ciudad de Monterrey, Nuevo Léon —una de las urbes más golpeadas por la violencia del narco— “Los límites del lenguaje: la degramaticalidad increíble”, fue un encuentro singular desde muchos puntos de vista. Financiado por Conarte y la Casa de la Cultura de Nuevo León, y curado por la escritora Minerva Reynosa, “Los límites del lenguaje” respondió a una estética interdisciplinaria que buscaba explícitamente “realzar la importancia del ejercicio literario en la coyuntura con otras artes, otros discursos”. Así, convocados no con base en el número de ventas, sino en una perspectiva estética común, entendida ésta en los términos más amplios posibles, se esperaba que los escritores “entraran en un diálogo crítico”. Todo eso, y más, sucedió, en efecto, en la Sultana del Norte por al menos tres días.

Como lo demostraron las salas llenas durante estas jornadas, son muchos los objetivos que se logran cuando a un evento de este tipo lo guía una búsqueda estética. Como estas exploraciones suelen llevarse a cabo en distintas regiones entre gente de diversa edad y de géneros variados, no fue de ninguna manera sorpresivo aparecieran entre los invitados tanto especialistas en poesía digital de los Estados Unidos, como Loss Pequeño Glazier, que da clases en el muy prestigioso Electronic Poetry Center de Suny Buffalo; y jóvenes practicantes de la poesía indígena y, luego entonces, de la traducción, en este caso desde el zoque y el tzotzil, como Enriqueta Lunes y Mikeas Sánchez. ¿Y hace cuánto que en un encuentro de escritores se oía el español, el inglés, y el zoque en un mismo foro?

Tal vez la parte más emocionante del programa fue la presentación de trabajos inéditos o, en su caso, de piezas poco difundidas, así como de obras que, debido a su naturaleza performancera, eran también irrepetibles y únicas. El colectivo Benerva (formado por Benjamin Moreno y Minerva Reynosa) dio a conocer una pieza digital que, valiéndose de programas que modificaban tanto las imágenes como los sonidos de las palabras, rompía literalmente las grafías y las enunciaciones de un poema para ofrecer al espectador una experiencia en efecto limítrofe del lenguaje. Marco Antonio Huerta, poeta conceptual de Tamaulipas, utilizó el vocabulario de ciertos discursos públicos —encontrados tanto en periódicos como en la sección amarilla de los directorios telefónicos— para componer textos relacionados con el aquí y ahora de otro estado mexicano herido por la violencia ligada al narcotráfico. Efraín Velasco, poeta de Oaxaca, invitó a la audiencia a hacer bizcos para poder apreciar las piezas que combinaban imágenes y textos a la manera de las imágenes estereoscópicas de antaño. No puedo mencionarlos a todos en este corto espacio, pero válgame decir que el “a ver en qué anda este cuate ahora” es tal vez la mejor tarjeta de presentación para una serie de trabajos que se quieren vivos, en proceso, perpetuamente inacabados. Inconformes con fórmulas heredadas, ajenos a cualquier deber ser, y rigurosos con las preguntas generadas por sus propias búsquedas, estos trabajos son, más que el futuro de la literatura mexicana, su presente más palpitante y, también, el más jocoso.

Tal vez el nutrido grupo de asistentes a estos eventos también se debiera a que, justo antes de dar inicio las jornadas del encuentro, tres de los escritores invitados impartieron un número equivalente de talleres. Otro de los escritores, de hecho, dio una plática en una escuela de diseño. Las preguntas que los jóvenes hacían durante esas sesiones, y las charlas con las que continuaban las mismas en los pasillos, dejaba en claro que el interés por los temas era algo más que pasajero.

Aunque acotado por la violencia, hubo en este encuentro, como en todo que se precie de serlo, convivencia y comida y bebida. Pero pocas veces he visto a tantos escritores chismear tan poco sobre el medio y hablar tanto, y tan apasionadamente, sobre su trabajo —el que acababan de hacer, el que estaba por venir. Así da gusto dejar la comodidad de la casa propia para pasearse con dificultad o azoro, da lo mismo, por los pasillos de tantas otras casas que, gracias a encuentros como éste, ya no son casas ajenas.


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Saturday, March 24, 2012

THE CARPATHIAN MOUNTAIN WOMAN

[La mujer de los Cárpatos, in La frontera más distante, translated by Alex Ross. Bomb Magazine 119, Spring 2012, First Proof viii-xi].


Write this. We have burned all their villages.
Write this. We have burned all their villages and the people in them.
Write this. We have adopted their customs and their manner of dress.
Michael Palmer, "Sun", in Codes Appearing, 233.


“I first came here twenty years ago,” I answered softly as I pretended not to notice his intense blue gaze. He didn’t believe me. That’s what I assumed-that he didn’t believe me; so I went on to tell him I’d arrived on the back of a grey donkey with a bit of food and a couple of notebooks. He put a blade of grass between his teeth and said nothing. The hint of a smile between his lips. The sky as blue as his eyes. The wind.

“And you’ve been dressing like a man ever since?”

I remembered how he had taken me: violently. A stray longing in each hand. A private fury. His fingers like can openers in my mouth. How long I had gone without seeing an artifact like that! I remembered the smell of his sweat, vaguely carnivorous. And the bitter taste of his cheeks. Still bent over the river and still pretending not to see his intense blue gaze, I told him it was better to live alone as a man. He didn’t ask me why I said that. He picked up his small leather satchel and started to leave. I counted his steps without turning around to look at him. When he got to number twenty-three, he hesitated. He turned around.

“Will you wait for me?” he asked.

“Yes,” I said, still bent over the river water. I put my hand in the current and pulled out a smooth, round stone. I held it in front of me as if it were a mirror. Then I slipped it into the right-hand pocket of my trousers. I thought I wanted to remember that afternoon. I thought the stone was in place of the stranger.

I never knew why I had mentioned that figure – twenty years. I also didn’t know what it was he’d made me promise to wait for.


Before choosing my destiny, I had read about them. A strange book, half history and half legend. A book from a library in the city. I read it immoderately, as I used to do in those days. With the moistened tip of my index finger perpetually poised to turn the page, I forgot to eat. I only stopped occasionally to get a drink of water, but I never actually drank it; as soon as I put the rim of the glass to my lips, I would become distracted again. Something urgent called to me from the across the room, and I answered the call. Before closing the book, I had already made up my mind: I would leave that place – that kitchen, that library, that city. I would become someone else. One of them. It’s difficult to explain why one does the things one does. But everything happened just like it does in books: I left that place, and, almost without a plan, I showed up in a small village where they needed men. I put on my new clothes and committed myself to a life of celibacy. And they, who were so few, bowed their heads when I passed.


The stranger showed up in front of my door one day at around noon. He didn’t arrive, as I once had, on the back of a donkey, but on the battered seat of a military vehicle. A mud-spattered windshield. Four thick tires. A torn canvas roof. The letters on the door made no sense to me, but the words he spoke to me did. He asked me for water, and, since I didn’t move, he opened his canteen and turned it upside down.

“Do you understand me?” he repeated, with growing exasperation, “I need water.”

I hadn’t seen anyone like him for a long time. His gestures, so childlike, so unnecessary, moved me. He seemed to be afraid of dying.

“Where are you from?” I asked him, trying to make him feel less uncomfortable as he stood there in the doorway. Perhaps I was already trying to dissuade him, to distract him. I’ve never known how to get rid of people. When he gave a start, which he attempted to conceal, I realized that he couldn’t see me well. My house, like all mountain houses, was small and dark. Later, he would refer to it as “the shack.” Cool in the summer, warm in the winter. That’s why our houses are that way.

“So you’re a woman,” he whispered in a tone expressing both surprise and amusement. His body was blocking the sun, so I couldn’t see him well either. I didn’t know how to answer. Then he crossed the threshold. A long and voluminous stride. I was very slow to react.

He talked about the war. When he finished gulping down the water, he wiped his mouth with his sleeve and sat down at the table. He asked for food. He asked for more.

“What’s that?” he asked when he heard the sound of the bells.

“A mass,” I said as I set a plate with pieces of meat in front of him. “Part of a funeral,” I murmured later.

He ate the same way he had drunk a few minutes earlier: Eagerly. Voraciously. He ate the food with his hands and he lifted it to his mouth without turning to look at anything else. Then he chewed and swallowed noisily. Then he sucked his fingers clean.

When he’d had his fill, he began to talk. He lit a pipe and talked, without stopping, about the war. The words flowed from his mouth just as the food had entered it a few moments earlier: in a deluge. He told about the years of his life. He saw the adolescent he had been, thoughtful and serene. He heard gunshots, the echo of gunshots. He felt thirst. A relentless sun once more wrinkled his skin, blinded his eyes, dried his lips. He swallowed dirt. He desperately craved the taste of salt on his tongue. He allowed himself to be hypnotized by color of fire. He walked for entire nights, climbing hills and descending them again, soaked with urine and with fear. He shot. He closed his eyes and shot. Many times.

“You don’t know what it’s like,” he said. And then, without waiting for a reply, he continued. The cold. The filth. The smell of rotting flesh. Death. He relived it all again. A small body beneath the infinite, maddening sky.

“You’re never more vulnerable than when you’re under the sky,” he insisted.

I offered him some liquor because he seemed to need it. The noise of the bottle touching the wood broke his concentration. He looked at me again. He must have been wondering who I was, what I was doing here, where he actually was, but he didn’t ask any questions. He drank the liquor in small sips. After a while, he fell asleep with his head on the table.


Every forest always has another forest inside of it. The one on the inside is the mythical, enchanted forest found in fairy tales. Living in the outside forest, however, is not easy. Life in the mountains requires effort, discipline, sacrifice. Above all, you need to have good hands. And it never hurts to have a level head on your shoulders, one that’s accustomed to solitude. You need to cut down trees, plant seeds, use frigid water from the rivers. There can be fires. There are bears, and eagles, and other frightening animals. Sometimes, toward the end of winter, everything is covered with snow. And you have to walk on the snow, keep moving forward. Sometimes it’s good to be able to recognize the sound of a breaking branch. It’s good to walk, slowly, on the dry leaves. Sometimes you take a deep breath. Sometimes everything stops. But more than anything else, there’s work in the forest, lots of work. Fairy tails rarely mention that.

“And you can do all that by yourself?” he asked me later.

I told him the truth: I told him No. That I couldn’t do all that by myself. And my answer seemed to satisfy him.

“Do the local men come to help you?”

“As often as I help them,” I told him, defiantly. Or it seemed to me that my tone of voice was defiant.

He returned to that topic many times, each time from a different angle, as if he couldn’t find the best way to ask what he wanted to ask.

“Every forest always has another forest inside of it,” I murmured when he got out of bed and went to the window, and stood there with an attitude of expectation. He stayed that way, very still, for a long time. When he turned around to look at me, I lowered my eyes. Then I covered my shoulders with the blanket. Then I said:

“You shouldn’t be here.”


For the complete story go to Bomb Magazine 119.


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Friday, March 23, 2012

LOS LÍMITES DEL LENGUAJE: LA DEGRAMATICALIDAD INCREÍBLE

CONARTE, Monterrey, Nuevo León

Teatro de la Estación
19:30 a 20:00 hrs.
Cierre
Raro es el pájaro que puede cruzar: Ocho composiciones para varias voces desde La frontera más distante:
Cristina Rivera Garza


Patio de la Casa de la Cultura
20:00 a 20:30 hrs.
Menuda Coincidencia: Lírica Urbana Regiomontana

La programación completa aquí.


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Thursday, March 22, 2012

GMAIL POETRY--THE RIGHT MARGIN

Ejercicios Para La Mente »
Cuerpo Y Mente »
La Mente »
Respiración »


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Wednesday, March 21, 2012

EL MONSTRUILLO DE LOS POSOS Y LA PRIMA VERA



Hay una jacaranda sobre todo esto. Y un biscotti de chocolate y almendras, cómo no.

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Tuesday, March 20, 2012

LA VIDA INTELECTUAL

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

Conozco los aspectos menos atractivos de la academia. Su rígido sistema de jerarquías, por ejemplo. Los bajos salarios para la gran mayoría, tanto en sistemas educativos públicos como privados; y los grandes privilegios para una elite que con frecuencia se eterniza en puestos de diversa índole. Los estrictos rituales de entrada (solicitudes, exámenes, cartas de recomendación) y de salida (tesis). La productividad a ultranza, muchas veces el resultado de sistemas de valoración que premian más la cantidad que la calidad. La mínima distribución de sus productos intelectuales que tienden a crear torres de cristal desde las cuales, paradójicamente, es complicado, cuando no imposible, emprender cualquier análisis crítico de la realidad. La competencia desleal y la envida son características que en mucho exceden al ámbito académico, así que no las cuento aquí.

También conozco, sin embargo, los elementos más felices de la vida académica. La manera de fomentar el talante crítico de sus participantes, sobre todo. Su llamado a cultivar una vida dedicada a la creación intelectual (me gusta la frase en inglés, mucho más abarcadora: the life of the mind). La disciplina que, además de requerirse para concluir con éxito investigaciones y tesis diversas, servirá para muchas otras cosas en la vida. La creación de sistemas que, en sus mejores momentos, permiten el cotejo y la justa evaluación entre pares, ya sea a través de cuerpos colegiados o ya a través de eventos públicos donde se exponen resultados de investigación. Su vocación, no siempre exitosa pero siempre presente, de ser exhaustiva y contemporánea (todo académico que se precie de serlo conoce el estado actual de su bibliografía). Los salones de clase en los que, en sus mejores momentos, no se trasmite sino que se produce conocimiento. El hecho de ser una de las pocas profesiones en las que leer mucho es un requisito.

Todos los que critican la vida académica, especialmente aquellos que han convertido el adjetivo académico en una especie de nueva blasfemia, tienen en mente, y con frecuencia en el registro de su experiencia personal, los puntos incluidos en el primer párrafo. Mucho me temo que, con ese tipo de consideraciones, no me queda más que darles la razón: la academia, en sus peores momentos, es jerárquica y poco creativa, cuando no superflua. Como sucede con todo lo que vive, hay muchas cosas que precisan de revisiones críticas. Pero lo que no dicen aquellos que atacan los rituales y los productos de la academia es que en sus centros de investigación o en sus revistas, en los patios concurridos entre sus edificios o dentro de sus bibliotecas, se ha asegurado también una forma de socialidad de la que mucho se ha beneficiado y de la que mucho todavía precisa este país. Aún más, los ataques contra la vida académica parecieran sugerir que la creatividad y la crítica sólo fueran posibles más allá de sus muros. La más leve mirada a las distintas agrupaciones culturales que animan (¿o desaniman?) la vida cultural en México, aquellas donde se halaga sin contemplaciones al miembro disciplinado y se golpea (porque así se dice) al que no pertenece, pondría de manifiesto que las jerarquías tienden a acrecentarse y no a disminuir fuera de los marcos académicos (donde por cierto, según estadísticas mundiales, se vive un curioso fenómeno de feminización).

Me ha parecido a menudo lógico, lo cual no significa que esté de acuerdo, que los que cuentan con capitales tanto financieros como culturales, ya propios o ya heredados, critiquen a la academia. Después de todo, ¿en nombre de qué, desde esa posición, se someterían al cotejo público de ideas, a la examinación exhaustiva de sus argumentos y sus aparatos críticos, a la fatiga que representa preparar y evaluar clases y seminarios? Si, además, estos pocos anti-académicos cuentan con los medios para publicar sus hallazgos, ¿para qué someterse al juicio de sus pares o comparecer ante la comunidad de sus iguales?

Lo que me parece menos lógico es que jóvenes escritores sin otra capital más que el talento propio y la vocación por las letras, se pronuncien, la mayoría de las veces sin conocerla a fondo, contra una forma de vida que, con su intervención arriesgada, con su energía crítica, con su vocación de renovarlo todo, bien podría contribuir a producir la vida intelectual que nuestras comunidades merecen y precisan. No creo, por supuesto, que ésta sea la única manera de conseguirlo, pero sí sé que es una de las posibles en el mundo imperfecto y mejorable en el que vivimos. Prefiero, en todo caso, al estudioso que, con afán, compara bibliografía y coteja argumentos, el que somete los resultados de su investigación al escrutinio de sus pares tanto a nivel nacional como internacional, que a aquél que, amparado bajo la protección de sus privilegios de grupo, reproduce formas endogámicas y monológicas y, por lo tanto, autoritarias de producción intelectual bajo el pretexto de ser “creativas”.


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Monday, March 19, 2012

BEING YOUR MAN

Siempre me pareció que había mucho de femenino en I´m your man, enunciada a la manera de Leonard Cohen. Pero cuando Anna Calvi promete I´ll be your man también hay algo, pradójicamente, de femenino. Y la incorporación aquí del adverbio que liga a la paradoja, esa proposición en apariencia verdadera que conlleva a una contradicción lógica o a una situación que infringe el sentido común, con lo que pareciera ser simétricamente opuesto es, por supuesto, intencional. Alguien ya fue y vino, eso es cierto. Y desde el lugar de partida, vuelto ahora el lugar de llegada, mira lo que quedó atrás. Todo se ve igual pero nada es lo mismo. No hay un cambio de 180 grados, quiero decir; hay uno de 360.

Es algo que estoy tratando de entender.

El hombre que promete ser hombre suena, en efecto, a mujer. Pero la mujer que promete ser hombre también suena a mujer. No ha ocurrido, como en los trastocamientos más, digámoslo así, tradicionales o equidistantes, un intercambio genérico. Nadie mira a través de los ojos del otro ni se ha puesto los zapatos de nadie más. O, mejor dicho, alguien mira a través de los ojos de otro y se ha puesto sus zapatos, pero todavía no sabemos a ciencia cierta qué o quién es. O por cuánto tiempo.

La pregunta es inevitable: ¿Ofrecer ser el hombre de alguien (y ese alguien bien puede ser un hombre o una mujer), ya sea en el presente o en el futuro, convierte a la ofrenda en un acto/producto femenino?

Lejos de simetría alguna, más allá de las oposiciones fáciles, el trastocamiento que va de I´m your man a I´ll be your man es múltiple e inestable. Narciso, de seguir vivo, tendría serios problemas para ver su rostro reflejado en las aguas turbias de estas dos voces. El cuerpo de donde surge la voz por la que atraviesan las palabras importa, por cierto. Esto es otra forma de decir que el juego, aquí, es un juego de géneros en forma de espejos. Y, sin embargo, las palabras que atraviesan por la voz que surge del cuerpo importan más. Esto es otra forma de decir que los géneros, en lo que respecta a este ejercicio comparativo, son escritura y, para el caso, escritura especular.

Hay un Lo Femenino en todo esto. Se trata de un Lo Femenino mutante. Es más una forma intranquila que un horizonte. Nadie habla aquí de un devenir.

La imagen, al final, que es otra forma del comienzo (y habremos de recordar que al comienzo era el verbo), parece la misma: se inicia con algo que suena a mujer (Cohen) y se termina también con algo que suena mujer (Calvi). Y, sin embargo, el paso por el cuerpo, que es el paso por la voz, ha distorsionado ya y para siempre los linderos, de por sí nunca estables, de la misma definición.

Todavía no sé qué pensar en realidad de todo esto.


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Thursday, March 15, 2012

TODOS LOS QUE QUIERES SER

Uno de los pocos cuentos para niños que he escrito aquí, en el libro de Lecturas de 5o grado de primaria.

También hay cuentos de Rosa Beltrán, Elena Poniatowska, Ignacio Padilla, entre otros.


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Tuesday, March 13, 2012

LAS LECTURAS FÁCILES

[en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

Siempre me ha parecido por lo menos paradójico que para promocionar un libro con frecuencia se diga de él que se lee con una facilidad tal que “casi parece que no se le está leyendo”. Nótese aquí que la posibilidad de hacer circular un libro que no se lee es una cosa buena, por cierto. La lectura, debe sobreentenderse, es una actividad engorrosa, si no es que absurda, que mejor habría de ser sustituida por un proceso de ósmosis o telepatía capaz de transmitir el contenido del texto sin tener que detenerse en el bagazo de las palabras. Ese desecho. Que a un mercenario del mercado esto le parezca positivo no tiene mucho de inusual, puesto que a ellos les interesa vender, de preferencia de la manera más rápida posible, un producto, y no necesariamente fomentar esa relación crítica con el mundo que a menudo se logra a través de la lectura de libros. De hecho, a juzgar por el énfasis que suele ponerse sobre palabras tales como “absorbente, fascinante, fácil de leer” en tanto carnadas para atraer al lector denominado como promedio o, de plano, mayoritario, todo parecería indicar que el objetivo último de los mercaderes de libros es ofrecer un libro sin la molesta presencia de palabras en sus páginas. Se trataría de un libro vacío, literalmente. Sería, para no ir muy lejos, un libro sin lenguaje.

Antes de llegar a ese nirvana de las lecturas fáciles, tal vez no sería mala idea del todo detenernos unos minutos en las inmediaciones de la palabra facilidad. ¿Qué decimos cuando elogiamos un libro porque su lectura fue fácil, es decir, rápida y sin complicaciones y, de preferencia, placentera? Algo nos resulta fácil porque, por principio de cuentas, nos es familiar. Moverse por un territorio conocido, siempre reconociendo (y no sólo conociendo) los alrededores, suele ser cosa fácil. Formar parte de una situación en la que sabemos exactamente qué hacer y, además, sabemos qué se espera de nosotros, parecería ser el epítome de la facilidad. Saber las reglas. Confirmar el estado de las cosas. Proseguir sin obstáculos. Llegar al final. Todas esas son también etapas de la lectura fácil.

A veces, ciertamente, se antoja leer un libro así.

Lo contrario de una lectura fácil es una lectura interesante, no una difícil. No todos los libros se mueven en territorio familiar y, algunos, de hecho, hacen todo lo posible por llevarse a la lectora a sitios inimaginables. El moto de estos libros es el riesgo o el asombro. O ambos. Sospechando del poder único de la anécdota, los libros de lectura interesante ponen en juego varios elementos del lenguaje a la vez. Lejos de juegos herméticos impuestos desde afuera, un libro interesante invita la participación activa, o cuando menos a la sospecha adictiva, del lector. Una descodificación o una adivinanza, da lo mismo. Sin respetar las reglas aristotélicas (o de cualquier otro tipo) del relato, ciertos libros aspiran, de hecho, a ser leídos. De ahí el énfasis puesto en la materialidad misma de las palabras —sus texturas, ritmos, sonidos, presencias, sintaxis. Un libro que aspira a ser leído produce, por necesidad también, su propia teoría de la lectura y su propio, e insustituible, manual de la misma.

A veces, ciertamente, se antoja leer un libro así.

Asumir que todos los lectores prefieren siempre la familiaridad y el refugio de una lectura fácil es lo mismo que ha conducido a tantos matrimonios a la ruina. La falta de riesgo y de asombro suele llevar sin mucho problema de por medio a la rutina. Y de la rutina al aburrimiento el trecho no es muy largo, eso se sabe. ¿Será mucho pedir que imaginemos un mundo en el que a los lectores les interese, de hecho, leer palabras en un libro? Tengo la impresión de que, si a alguien le interesa leer, terminará por interesarle leer otra cosa. Otro reto. Otro juego.

Si la función del lector dentro o con respecto al texto consiste en estar siempre a punto de irse, optar por estrategias de lectura fácil o de lectura interesante es estar promoviendo relaciones de suyo específicas no sólo con el libro en cuestión, sino también, acaso sobre todo, con el mundo a su alrededor. Una lectura que invita a la consideración de las texturas varias de las palabras no es una estrategia difícil (o poética) de la escritura, sino una invitación a poner una atención similar en las texturas varias que configuran el mundo como acto vivido y también, cómo no, como cosa por vivir. A diferencia de las lecturas fáciles que se cumplen con el libro y con éste se cierran, confirmando todo alrededor de sí mismas, las lecturas interesantes viven abiertas hacia lo que las rodea, en una profunda interacción que pasa por el uso del lenguaje. Ese desecho. Y ese deshecho. Y ese hecho.


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